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Bicicleta Dutch ID roja

En la temporada escolar, los miércoles siempre voy a clase de italiano, que nos las dan en un colegio que alquila clases fuera del horario lectivo, supongo que para ganarse una pastilla y que los profesores se puedan ir de pelanduscas o así. En una de mis últimas visitas antes de irme de vacaciones a Asia vi una bicicleta que me llamó la atención. Lo de ver es significativo ya que durante la mayor parte del año escolar, estamos en la época en la que entre las siete y las ocho y media de la tarde la obscuridad es casi completa, con lo que paso por allí sin ver las otras bicis. Como muy recientemente, me gustó de la bicicleta que tenía una capacidad pasmosa de llevar carga en el volante, con una megacesta en la que puedes meter a E.T. el extraterrestre y a dos primos-hermanos más. La bici también tiene la parte posterior preparada con un asiento de niño, que tiene un tope abatible y además, en el eje de la rueda trasera hay unos reposa-pezuñas. La bici es una Dutch ID, compañía que en la actualidad solo fabrica bicicletas eléctricas, bastante caras. Este modelo tiene freno a contra-pedal y parece que lleva un cambio de tres velocidades. Por lo demás, la bici se ve bien robusta.

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Zarrapastrosa 2.0

Ayer confirmaba El fin de una rueda, el tremendo y catastrófico drama que afectaba a La Zarrapastrosa, mi SAMBACLETA para los setecientos metros que separan la estación del edificio en el que me prostituyo ocho horas al día, cinco días a la semana. Se activó el protocolo de emergencia ejecutiva y manipulé ligeramente a uno de mis colegas de la oficina para realizar una operación a ruedas abiertas y trasplantar la misma desde otra bicicleta. Para poder ejecutar esa tarea necesitaba una bicicleta donante y previamente ya había ojeado una que lleva meses abandonada en el complejo de edificios en el que trabajo y a la que le habían puesto una etiqueta avisando que se la llevarían.

Esta mañana, al llegar a la oficina, de tapadillo, pillé la bicicleta donante y la bajé a nuestro garaje y hoy a las doce el cirujano fue a la mesa de operaciones con sus herramientas y en sesenta minutos realizó varias operaciones. La primera fue quitar la rueda trasera a la La Zarrapastrosa, lo cual tomó bastante tiempo. Después, mucho más rápidamente, le quitó la rueda a la bicicleta donante, sobre todo porque tenía un sistema más actual y la cantidad de tornillos oxidados a remover era muy inferior. Después trasplantó la nueva rueda a La Zarrapastrosa y ajustó su posición para que la cadena no esté ni muy suelta ni muy tensa. La nueva rueda tenía un pinchazo pero para eso ya había determinado alguna actividad posterior que puedo hacer yo mismo. Trasplantó la rueda rota a la donante y la mal-conectó ya que el objetivo es deshacerme de ella. Nos quedaba tiempo, así que me propuso hacer un DOBLE TRASPLANTE y cambiar también la rueda delantera, ya que en la otra bicicleta se veía mucho mejor. El trasplante de ruedas entre las dos bicicletas no tomó más de diez minutos. Nos quedaba tiempo así que arregló el pinchazo de la nueva rueda y en sesenta minutos La Zarrapastrosa volvía a estar operativa, transformada, así que ahora, la que tenemos en la foto es la Zarrapastrosa 2.0, sigue teniendo el mismo cutre-aspecto de la primera generación, algo fundamental para que no atraiga la atención de los que afanan bicicletas en la estación, pero ahora tiene candela para unos cuantos años más. Calculo que en un par de días le haremos algunos ajustes, pero serán pequeños detalles para que todo esté perfectamente encajado.

Ahora me tengo que deshacer de la donante y volver a ponerla en el lugar en el que la encontré, solo que bien jodida y mal pagada, que ahora sí que el que la trinque tendrá que currárselo y gastarse guita para ponerla operativa o en su caso, hacerle un trasplante masivo desde alguna otra donante.

En la estación he encontrado una que parece abandonada y que puede resultar interesante y estoy esperando a que le pongan la pegatina en la que avisan que la van a retirar y cuando eso suceda, en las dos semanas que dan para quitarla, me la llevaré y así tengo una bicicleta alternativa, que nunca está de más.

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Espabila acarajotao

El sábado estuve en Amsterdam y pasé por Leidseplein, que es como la zona cero del turismo pachanguero y allí mismo te puedes encontrar con un grupo de bebas #BORRACHAS y tratando de agarrar paquetes de tíos también #BORRACHOS y que después pretenden que las respeten, allí puedes ver gente con el cuerpo petado de tatuajes, unos pelos como de pordiosero con síndrome de Diógenes y que fuman porros a destajo y por supuesto allí también puedes ver a lo más bajo de lo más bajo que produce el Reino Unido, España o Italia y que mayormente se les identifica porque para ellos, el chándal es como un traje de marca para otros. La razón por la que yo voy a la zona no es para admirar esa fauna que yo estoy a favor de enviar a primera línea de batalla en cualquier guerra, mi razón es que allí, por desgracia, está el Pathé City, uno de los multicines de la cadena a la que estoy abonado que funcionan también como filmoteca y ponen películas raritas que veo para que parezca que soy un sub-intelectual con GafaPasta.

En la puerta del cine hay un aparcamiento de bicicletas y motocicletas y en el ayuntamiento deben haber llegado a la misma conclusión que yo, la zona está llena de Orcos y entre ellos, el que no es lerdo es retardado o subnormal, con lo que hay que repetir las cosas mil veces para que quizás capten el concepto. Toda esa marea de carteles amarillos, una auténtica burrada, les avisan que el día veintitrés de abril, cualquier bici o moto que esté aparcada allí será retirada y la pondran en uno de los depósitos municipales y si es necesario se romperán cadenas y candados. Lo triste de este mar de carteles es que el día veintitrés, o sea, ayer, seguro que estaban todas las bicis allí, que ninguno lo leyó ni se dio por aludido y hoy estarán llorando porque les han robado sus bicicletas o se las han llevado a un depósito en el que tendrán que demostrar la propiedad de las mismas, algo complicado en una ciudad en la que posiblemente una de cada dos bicis es de dudosa procedencia.

En estos aparcamientos públicos y pese a que el ayuntamiento hace operaciones de limpieza dos o tres veces al año, siempre hay un porcentaje de bicis abandonadas que puede oscilar entre el diez y el veinte por ciento. No sé como funciona en Amsterdam pero en Hilversum y en Utrecht les ponen una pegatina especial informando que la retirarán dos semanas más tarde y pasado ese tiempo regresan, cortan el candado y se las llevan. Al día siguiente la gente comienza a abandonar otras. Este sistema es también perfecto para mi, una vez sé las que están dejadas de la mano de algún Dios, si necesito una nueva, me la llevo y ya en mi casa o en la oficina, con tiempo, rompo el candado y le pongo uno nuevo. Mis dos bicis en Hilversum fueron adoptadas de esta manera y tengo unas cuantas localizadas por si necesito alguna otra.

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Ebike4delivery en Hilversum

Los jueves casi siempre salgo a pasear a la hora del almuerzo solo. La razón es que mi amigo el Moreno trabaja desde su casa por la mañana y viene a la oficina después del paseo, con lo que yo aprovecho ese día de asuntos caminantes propios para visitar supermercados o tiendas en Hilversum que normalmente evitamos por rondar los límites de nuestro radio, ya que con una hora o menos, no puedes alejarte a más de media hora de la oficina. En uno de esos paseos, visito una tienda de morralla y artículos a precio de pura risa Merillein que se llama action, una cadena que en Hilversum tiene una en el centro. Ni os cuento la de gangas que he encontrado ahí y cosas maravillosas que me han cambiado mi vida. En modo turbo, tardo un poco menos de veinte minutos en llegar desde la oficina ya que está a algo más de dos kilómetros de distancia, tengo unos quince minutos para comprar y después regresar. En la ruta, paso junto una heladería / café que parece que recientemente han modernizado su flota de bicicletas de reparto con las que se pueden ver en la foto y que buscando en la red esa mágica resulta que son de una compañía llamada Ebike4delivery especializada en bicicletas eléctricas para negocios con reparto de pitanza o productos. Las bicis se ven robustas y fabulosas y se venden a un precio base de mil ochocientos y pico leuros, con los añadidos por separado, como la caja de reparto de la parte trasera. Estas bicis tienen la batería en el chasis, tienen dos velocidades con cambio automático y la mega-burra es muy estable y permite que se queden así tal cual las vemos, sin que la rueda delantera se gire. El motor lo llevan en la rueda delantera. La compañía que las vende también las ofrece en contrato de arrendamiento desde noventa y cinco leuros por mes. En el caso del negocio que compró las de la foto, tienen tres, con lo que por las tardes debe haber un tráfico de comida hacia sus clientes enorme. La heladería, que está en un lugar muy céntrico de Hilversum, es seguramente la más popular de la ciudad, aunque después de haber probado helados por todo el mundo, los de esta gente no me impresionan demasiado.