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Veinticuatro horitas en Estambul

La semana pasada tenía la segunda visita programada a Estambul ya que es cierto el dicho ese que dice que nunca se tienen suficientes visados de Turquía en tu pasaporte y dan confianza a los señores de los aeropuertos occidentales, que cuando te los ven, te califican en seguidita de joputa-terrorista-de-mielda y en ocasiones hasta te dan el tratamiento VIP en los aeropuertos. Yo ya he perdido la cuenta de las veces que he estado en Estambul pero con certeza, más de dos y de tres y he ido y vuelto por ambos aeropuertos de la ciudad, el europeo, Ataturk y el que está en la parte de Asia, Sabiha Gökçen. Gracias a cierto alzamiento y movidas parecidas en esta ocasión conseguí un billete a precio de risa por el lado europeo y lo compré a través de una de esas agencias de viaje rarísimas que florecen en las Internet y que se llama Supersaver. Cuando puse las fechas, me salió una combinación perfecta en la que el primer vuelo era con una compañía llamada Onurair y el regreso con KLM con lo que supuse que debe haber algún tipo de acuerdo entre ellas, suposición basada en que desde el programa de los segundos podía ver la reserva completa. Mi vuelo de ida era el viernes por la tarde y me quedé a trabajar desde mi casa para así ganar tiempo. Por la mañana, mientras resolvía eficientemente los asuntos laborales, miré la página del aeropuerto para ver si el avión de ida llevaba mucho retraso y en la misma aparecía como CANCELADO. ¡DRAMA TOTAL Y TAL Y TAL! La reserva en el programa de KLM seguía diciendo que volaba ese día, la reserva según el enlace de Amadeus decía que volaba ese día y el aeropuerto indicaba que el vuelo estaba cancelado. Llamé al número de des-atención al cliente de Supersaver y alguien en la India que no tenía ni puta idea de nada me toreó durante cincuenta minutos sin saber que hacer y pretendiendo cambiarme el vuelo a otro día por solo ciento ochenta leuros, mucho más de los ciento diez que yo pagué por la ida y vuelta. Por más que le explicaba a ese trozo de carne miserable con ojos que si te cancelan el vuelo no te pueden cobrar por cambiarlo, no lo entendía. Desistí, llamé al número turco de la aerolínea de origen y en ciento veinte segundos me dijeron que tenía plaza confirmada para el día siguiente a la misma hora. Mi fin de semana en Estambul se transformaba en 24 HORAS en Estambul. Ya he comenzado la reclamación para que me indemnicen a través de una de esas compañías de perros de presa que se llevan una comisión si lo consiguen para no perder mi tiempo en ello. De este ejercicio he aprendido que Supersaver NUNCA MAIS y que Onurair tiene menos veinte de credibilidad.

Mi ángel de la Guarda seguramente decidió que no volara porque mi amigo el Turco regresaba a su país ese día después de pasar una semana en Holanda y Croacia y su vuelo de retorno, que debía llegar al aeropuerto de Ataturk a las nueve de la noche, al parecer llegó a las dos de la mañana con lo que tampoco hubiésemos hecho nada.

El sábado confirmé que el vuelo estaba en la parrilla de salidas, fui en bici a la estación de Utrecht y desde allí al aeropuerto de Schiphol. Pasé el control de inseguridad y una vez me sentía seguro, me dediqué a esperar el avión. Aterrizó en hora y cuando iba a aparcar le hice la siguiente foto:

Onurair en Schiphol

Parece hasta normal y no se ven los dos o tres terroristas que supongo que llevan colgados de las alas con sus mochilas para dejarlos caer sobre la vieja y acarajotada Europa. Aunque llegaron en hora, por misterios místicos difíciles de comprender el embarque se retrasó media hora. Cuando finalmente lo hicieron, eligieron el sistema con filas solo que la chusma y la gentuza con niños podían entrar primero, lo que resultó en que básicamente todo el mundo salvo dos o tres pudieran entrar y se produjo tal caos que la pollaboba de la azafata de tierra terminó por renunciar al sistema que había preparado tan cautelosamente y que todos sabíamos que no funcionaría. Desde mi asiento se podía ver un mega avión de otra compañía terrorista, creo que el único de ese modelo de dos pisos que suele pasar por Amsterdam:

A380 de Emirates en Schiphol

Una vez en Estambul, el Turco me fue a recoger con su chófer ya que dice que así podemos hablar tranquilamente mientras el otro se agobia y conduce. Nos llevó de vuelta a su casa para encontrarnos con sus padres y su hija, cenamos con ellos y después siguió el programa privado del que no diré demasiado, aunque incluía la evaluación de una de las candidatas a segunda esposa y a la que le he dado mi VOTO NEGATIVO. Tiene dinero por un tubo, no es de esas que te dan un asco de que te cagas sino que la podemos catalogar como follable, pero ¡NO le gusta el cine! y por ahí sí que no paso.

El domingo era el cumpleaños del padre del Turco y lo celebramos con un desayuno buffet con encochinamiento en un restaurante a la vera del Bósforo, pero no en la zona turística sino más cerca del mar Negro y uno de esos sitios que jamás de los jamases descubren los turistas. Después por la tarde, regreso al aeropuerto y retorno a Holanda con KLM, con vuelo en hora, con comida y todo.

Por supuesto, hice algunos vídeos de mi teleportación desde Schiphol a Ataturk y viceversa. Los he agrupado en uno en el que primero vemos el mastodonte A380 llegando al aeropuerto, después asistimos al estremecedor despegue en Holanda, saltamos a una carrera por la pista del aeropuerto de Ataturk el domingo, sigue el despegue en el que se puede ver un templo de entrenamiento de esos que-tú-sabes y acabamos con un aterrizaje en Schiphol justo al ponerse el sol. Un documento estremecedor, original, único e irrepetible que como siempre solo está disponible en el mejor blog sin premios en castellano. la música elegida es un clásico, la canción A Kind Of Magic de la banda Queen, posiblemente, uno de los mejores grupos de la historia del universo conocido y por conocer. Espero que no esté bloqueado en muchos países o dispositivos. El vídeo lo subí al llutuve y se puede ver más abajo pero si no aparece, también está AQUÍ:

Mi próxima escapada, Budapest con el Rubio, aunque antes de eso veré al Turco que estará de nuevo en Holanda la semana que viene.

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Otro fin de semana en Estambul

La mayor de las prioridades del año 2016 o la segunda mayor, si contamos con lo de que alguien me ofrezca un trabajo en el que se viaje un montón y te paguen bien y que la sede esté en Holanda, era el cerrar el triángulo del trío de amigos que forman el círculo de confianza y verlos a todos y cada uno de ellos lo antes posible. El día de mi cumpleaños vi al Rubio, a finales de enero fue el turno de Sergio y quedó documentado en Fin de semana en Málaga y el fin de semana pasado fui a Estambul para ver al Turco, el cual, a la chita matando, ya es vicepresidente ancestral y ejecutivo del décimo banco de su país de origen. Por segunda y seguramente no última vez en mi vida, elegí Pegasus como la aerolínea de transporte. De ellos me gusta que los horarios de sus vuelos me van bien, que puedes sacar la tarjeta de embarque desde tres días antes con lo que me ahorro el disgusto de las impresoras con la tinta seca de mi amigo y no me gusta tanto que vuelan a Sabiha Gökçen que es el segundo aeropuerto de Estambul y el que está en el lado asiático de la ciudad.

El viernes, combiné media jornada laboral con el desplazamiento entre continentes. Salí de mi casa con mi mochila de treinta litros básicamente llena de comida y me fui a trabajar y desde allí, en tren a Schiphol o el mejor aeropuerto de Europa le duela a quien le duela. Pasé el control de inseguridad y me acerqué a la puerta de embarque del avión, el cual podemos ver en la siguiente foto:

Avión de Pegasus en Schiphol

El embarque fue a la hora prevista pero como siempre, una vez cerraron la puerta nos dijeron que no les permitían encender los motores y partir hasta media hora más tarde. La espera la maté echándome una siesta escandalosa que continuó hasta una hora después de que despegamos. El vuelo transcurrió sin novedades, volví a utilizar el visado que compré en diciembre porque dura seis meses y a la salida de la zona de recogida de equipaje me esperaba el chófer del banco para llevarme a casa de mi amigo. Una vez allí, comenzaron las actividades del fin de semana que comentaré aleatoriamente.

El sábado nos fuimos a pasear por el Castillo de Rumelia – Rumelihisari, un viejo conocido para todos aquellos que leen y comentan en el mejor blog sin premios en castellano ya que pasé por allí en mi segundo viaje a Estambul y lo hemos visto en varias fotos, como en Castillo de Rumelia – Rumelihisari. En su interior se ha cometido un crimen contra la humanidad y el ejecutor ha sido el denostado Erdogán, que para demostrar el poder de los creyentes en su terrorismo, ha mandado construir y se ha construido una mezquita en lo que era el escenario de un teatro abierto que estaba allí desde hace siglos. Espero que su madre lo gane bien con su clientela porque me queda claro que es un joputa.

Esta vez vuelvo a demostrar que la imaginación se me agota por instantes pero tengo destellos y he hecho solo, única y exclusivamente dos vídeos y el primero de ellos que veréis aquí en primicia y secundicia exclusiva, son en realidad tres vídeos unidos por la magia potagia de la tecnología con musiquilla:

Castillo de Rumelia y junto al Bósforo

El primer trozo está grabado desde el Castillo de Rumelia y los dos siguientes los hice el domingo desde la mismita vera del Bósforo, es decir, el legendario Elegido, The Chosen One, De Uitverkorene estuvo más cerca del borde de Europa que nadie ya que ahí mismo en el segundo y tercer segmento, a menos de un metro, se termina Europa, el continente y lo que hay al otro lado, es Asia, con sus terroristas sirios y todo lo demás. En el vídeo se pueden ver los dos únicos puentes que conectan Europa con Asia y de cuando en cuando hasta el culete del Turco. Decir que debido al tamaño, el segundo segmento está reproducido al doble de velocidad que fue rodado, todo gracias a la tecnología disponible al alcance de las yemas de mis dedos.

Y por si no hay bastante, otra fotillo en el Castillo de Rumelia:

Castillo de Rumelia

Por la tarde fuimos a un centro comercial espectacular que tiene un teatro y un complejo de las bellas artes aburridas porque todos mis amigos me intentan culturizar a base de palos, ya sea Sergio obligándome a hacer en Málaga el caminito del Rey que resultó ser un pateo que no veas por todos los supermercados de los alrededores de Benalmádena, el Rubio que me grita para que corra dos veces por semana o el Turco que me llevó a una espeluznante exposición de la prehistoria de la informática y de los efectos especiales en la actualidad.

Los efectos especiales de Gravity

Además de encontrarnos con ordenadores prehistóricos que no reconocemos conocer para que no se nos pueda datar y ponernos edad, explicaban como se hicieron los efectos especiales de películas, una cosa fascinante para alguien como yo que voy muy de cuando en cuando al cine ya que por desgracia, este año y al final de esta semana, ya habré visto cuarenta y cuatro películas en una sala.

Misticismo tecno en Estambul

En el estremecedor vídeo anterior se puede ver una de las cosas que mostraban en aquella movida para sub-intelectuales con un vídeo que al parecer tiene su música generada por los chismes que hay en tres pirámides de cristal que había allí. Lo mejor de la exposición fue jugar al Pac-Man y al Donkey Kong, pero claro, todos sabemos que soy muy bruto y que salvo lo de correr y trepar a la palmera más próxima, que lo llevo impreso en mi código genético gracias a ser africano, el resto me resbala muy mucho. En el vídeo meneo la cámara noventa grados para aquí y para allá y lo hago por joder, para que tengan que retorcer los cuellos.

Asia desde Europa en el Bósforo y puente al fondo

El domingo, además de hacer fotos espectaculares en el borde mismo de Europa y si os fijáis bien hasta se puede ver a los sirios corriendo para colarse en Alemania, el Turco me llevó al campus de la universidad en la que estudió, un lugar increíble con unas vistas fabulosas. Por supuesto, yo soy más básico que un folio en blanco así que en el paseo me enseñó el rincón escondido en el que le hicieron la primera mamada y otros detalles culturales que son más de mi interés. Además me dijo que la dueña de esa boca le hizo un Vitorino a su marido hace poco más de dos meses con el Turco, que se la cruzó en algún lado y acabó intentando cerrarle un agujero tan grande que le salió por los bajos. En fin, que cosas de la vida.

Antes de regresar, la madre del Turco se empeñó en equiparme militarmente para el regreso y preparó un almuerzo fabuloso e increíble con legumbres, todo eso sabiendo que yo volaba y que soy como un generador de gases que cuando me presurizas y despresurizas, puede haber un gran peligro.

Armas químicas

Aparte de las de la foto anterior, también me jinqué un montón de estas otras:

Munición para gasear

Por la tarde, el Turco me devolvió al aeropuerto de Sabiha Gökçen, pasé el control de seguridad de la puerta, el control de pasaporte, el control de inseguridad después del de pasaporte y finalmente llegué a la zona insegura para esperar por mi vuelo.

Transavia y Pegasus en el aeropuerto de Sabiha Gökçen

Retrasaron el avión cuarenta minutos aunque al final despegó casi una hora más tarde y por culpa de un temporal de viento que atacaba el centro de Europa, el avión se desvió un güevo y además, en lugar de las tres horas de vuelo, tardamos cuatro horas y veinte que me pasé alegando con una española que resulta que vive cerca de Hilversum y que iba sentada al lado mío. El avión dio un rodeo épico y yo me acordé de todos esos que vuelan en aerolíneas de altos costos que seguro que no ponen combustible suficiente. El aterrizaje fue BRUTAL, uno de los más espectaculares que he vivido, con la gente gritando, alguien potando por detrás de donde yo me encontraba, el avión que parecía que lo iban a partir en cualquier momento y en lugar de tocar tierra, forma romántica de referirnos al aterrizaje, nos estampamos contra la tierra y probablemente hasta hicimos un agujero en el asfalto de la pista. Con tanto retraso y el puto control de pasaporte por venir desde fuera de la Unión Europea, casi pierdo el tren de las doce menos cuarto a Utrecht, que es el último que va rapidito. Digamos que corrí sin dignidad alguna por la terminal y llegué al andén al mismo tiempo que el tren se paraba a recoger a los julays. El trayecto final en bicicleta hasta mi casa me sirvió de entrenamiento para el Giro de Italia ya que el viento me frenaba y sudé como un bellaco. Pese a estos ligeros contratiempos, fue un fin de semana fabuloso y el Turco me está sobornando emocionalmente para que vaya en verano a Bodrum y me pase unos días por allí con él, sus padres y su Primera Hija.

Mi próxima parada: MÚNICH

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Regresando a Estambul

Nuevamente he pasado un fin de semana en la carretera. Como siempre, regreso agotado entre unas cosas y otras. El viernes, preparaba mi casa para la mucama, le dejaba unas magdalenas sobre la mesa y me iba a trabajar con mi mochila en modo de viaje pero más ligera que de costumbre, ya que me dejé la cámara atrás. Salí de mi casa a la hora habitual y me fui a trabajar, aunque solo medio día. A las doce de la mañana, pillé primero un tren a la estación principal de Hilversum y como tenía diez minutos de trasbordo entre trenes, aproveché para comprarme unas papillas fritas en el Smullers! de la estación:

Smullers! Patatje speciaal

Me las comí en el segundo tren, el que me llevó al aeropuerto y en el que aproveché para hacer mi ración habitual de ejercicios de Duolingo. Llegué al aeropuerto alrededor de diez minutos antes de la una de la tarde y me fui directo a pasar el control de seguridad ya que tenía impresa mi tarjeta de embarque. Están haciendo algún tipo de movida en los controles para los países fuera de la Unión Europea y Truscoluña, la tierra esa que no es nación y ahora han movido el control de seguridad y de equipaje a una planta alta. El control de pasaporte lo hice con las máquinas que leen los pasaportes con chip y después mi mochila pasó sin problemas la inspección, más que nada porque iba prácticamente vacía. Busqué la puerta desde la que salía mi avión y la encontré.

Avión de Pegasus Air en Schiphol

El vídeo anterior, que podéis ver aquí, supone la bienvenida al mejor blog sin premios en castellano a mi cámara Eken H9 Ultra HD. Es un pequeño vídeo en el que se ve el avión de Pegasus Airlines en el que iba a viajar y a lo lejos se ve la zona desde la que salen los aviones de Easyjet en Amsterdam. Aunque el avión aterrizó en hora, anunciaron por megafonía que teníamos un retraso de cuarenta y cinco minutos porque el vuelo no tenía permiso para despegar desde Estambul. En el embarque, fui de los primeros en entrar al avión por estar sentado cerca del final del mismo y vi algo flipante. Esta aerolínea permite una pieza de equipaje de mano de menos de ocho kilos de peso. Cuando íbamos a comenzar a embarcar, apareció un holandés de como dos metros de alto con un dispositivo para pesar como el que yo me compré y al que se pasaba de los ocho kilos le decía que o apoquinaba la guita, o tenía que dejar el exceso allí mismo. Super-mega talibán el colega. Una vez en el avión, todos emocionados hasta las chacras y el piloto anuncia que no le dejan encender el motor en otros veinticinco minutos, que ahora son los del control de tráfico aéreo de Bruselas. Esperamos y esperamos y esperamos y finalmente ponen el avión en marcha.

Schiphol desde un avión de Pegasus Airlines

Entre pitos y flautas pasó otra media hora haciendo cola en el aeropuerto para despegar y mientras nos aburríamos, veía episodios de mis series favoritas a escondidas y hacía fotos, ya que al parecer, en los aviones turcos aún no se permite el usar los dispositivos con pantalla hasta que se apaga la luz del cinturón de seguridad.

La fama y la leyenda de Distorsiones no se consiguió a base de copiar y pegar sino con el mejor contenido original del universo conocido y por conocer, como saben a ciencia cierta mi comentarista oficial y los tres o cuatro lectores adicionales. Es por eso, que tenemos en exclusiva un documento fabuloso con el despegue.

Despegando en Schiphol con vista de Hoofdorp

En este documento en primicia (que está aquí) se puede ver al despegar una pista, que no es la deleznable Poderbaan, esa está casi en truscoluña. El poblacho que se ve al despegar debajo del avión es Hoofdorp y en uno de esos edificios que están tan cerca del aeropuerto trabaja el Rubio, aunque ese día trabajaba desde casa.

Ya en el aire, giramos hacia el este y como sé que hay uno al que le gustan un montón los vídeos, hice un par de ellos para que se regodee de gusto en los mismos.

Noordeindeerplas desde el aire

En primer lugar vemos un día precioso y allá en tierra, un montón de agua. Esa es la zona de Noordeindeerplas y por allí, en esa agua, he estado patinando sobre hielo con el Rubio y su Primera Esposa, ya que viven relativamente cerca de la misma (más allá del agua, desde este punto de vista).

Después tenemos un vídeo que hice un poquito más tarde en el que se puede ver un canal que parece una carretera y que es el legendario Amsterdam-Rijnkanaal, que pasa cerquita de mi casa. Debajo de las nubes está la ciudad de Utrecht y la superficie de agua enorme que hay al final del vídeo bajo el ala es Loosdrechtsche Plassen, otro lugar precioso para ir en bicicleta o patinar sobre hielo si hay suerte:

Amsterdam-Rijnkanaal y Utrecht desde el aire

El vídeo está aquí. El resto del vuelo transcurrió sin sobresaltos.

A 838 kilómetros en el cielo

Cuando alguno de los colegas me farfullea las virtudes de su teléfono de la manzana mordida, yo siempre les pregunto si en modo avión pueden usar los mapas o incluso mirar la altitud y velocidad, porque yo sí que lo puedo hacer con mi teléfono de cien leuros güindous, como queda demostrado en la imagen anterior en la que se puede ver que estaba moviéndome a ochocientos treinta y ocho kilómetros de velocidad y a unos doce kilómetros de altura. El más espabilado de los lectores puede poner en un mapa la latitud y la longitud que aparecen en el pantallazo y decirnos a todos en donde estaba cuando lo hice.

El aeopuerto de destino era el de Sabiha Gökçen, el segundo de Estambul y el que está en el lado de Asia. A mí no me mola nada de nada y a mi amigo el Turco mucho menos pero bueno, es lo que tiene volar con líneas de bajo costo. Al llegar, el control de pasaporte era como una manifestación de malnacidos truscolanes, una multitud increíble. En total estuve casi una hora hasta que logré pasar. Había un montón de españoles y entre ellos, un par de sub-intelectuales acarajotados que compraron la visa por Internet, como hice yo y en lugar de imprimirla y llevarla en la mano, la metieron en la maleta que facturaron, con lo que tendrán que volver a pagar. Después de pasar el control de aduanas, salí a la terminal, en donde me esperaba el chófer del Turco con su Bemeta para llevarme a su casa.

Cruzando desde Asia a Europa de noche por el Primer Puente sobre el Bósforo

En el vídeo anterior, el momento estremecedor en el que cruzamos por el Primer puente sobre el Bósforo y en el que regreso a Europa desde Asia. El vídeo comienza en Asia y acaba en Europa. Al llegar a la casa del Turco, los abrazos de rigor, ir a visitar a su ex y a su Primera Unidad Pequeña y después nos fuimos a un restaurante junto al Bósforo a cenar y tomarnos unas copas y así fue como pasó el día del viaje.

El relato continúa y acaba en Algunas cosillas del fin de semana en Estambul

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El larguísimo regreso a casa

El relato comenzó en Otro de esos saltos gigantescos

El regreso a Utrecht me llevaba desde Singapur a Kuala Lumpur, desde allí a Estambul y finalmente un último salto a los Países Bajos. Ese día me levanté tarde y preparé las mochilas. Pasé de salir a desayunar y sobre las once de la mañana bajé a la recepción, entregué la tarjeta que servía como mi llave y fui a la parada de la guagua. Fui hasta una estación de metro y allí conecté con el que llevaba al aeropuerto. Al llegar, facturé la mochila y recogí mi tarjeta de embarque y me acerqué a un Kaffe & toast para desayunar tostadas kaya. Después pasé el control de seguridad y tras dar un paseo y ver las tiendas, me puse cerca de la puerta de embarque de mi avión. Volaba con Tiger Air desde Singapur a Kuala Lumpur. El avión salió en hora y el vuelo era de unos cincuenta minutos. Aterrizamos y aparcamos en la nueva terminal, la KLIA2 y tras pasar el control de pasaporte, fui en el tren hasta la otra terminal, la KLIA y como tenía que esperar unas horas para facturar, dejé la mochila en la consigna y opté por ir a Putrajaya, la capital administrativa de Malasia y ciudad que está a medio camino de la capital. La parada del tren es también para Ciberjaya, otra ciudad que montaron en el lugar para las multinacionales. Fui en taxi hasta un centro comercial enorme en esa ciudad y mi idea original era ir al cine, pero los horarios de las películas no me cuajaban, así que paseé, cené y estuve allí un rato. A la hora de regresar al aeropuerto quería ir a la estación en taxi pero los taxistas estaban de tertulia y pasaron de mí, así que fui en la guagua con los locales. Después tomé el tren, llegué al aeropuerto, rescaté mi mochila, la facturé, pasé el control de seguridad y busqué un rinconcito para matar el rato.

El avión iba petadísimo y a mi lado sentaron a un julay. Despegamos en hora y el piloto nos dijo que el viaje iba a ser movidito por fuertes vientos en contra. Realmente, el avión vibraba como un tren viejo y cada cinco minutos dábamos un salto. Nos dieron la cena y entre meneos y más meneos vine a dormir unas seis horas. Desayunamos en el avión y sobre las cinco de la mañana aterrizamos en Estambul. Aparcaron el avión sin conectarlo al aeropuerto y tuvimos que esperar por las guaguas que nos llevaran al mismo, volver a pasar un control de seguridad y después subir a la terminal. El día anterior chateando con mi amigo el Turco me había dicho que volaba a Londres esa mañana y quedamos que nos veíamos en el aeropuerto. Mientras lo esperaba compré unas cajitas con delicias turcas para regalar en la oficina y cuando el Turco llegó, fuimos a tomar un café con algunos de sus empleados, los cuales me miraban flipando en colores y hasta en blanco y negro ya que no habían visto nunca a su jefe con uno de sus más-mejores amigos. Las puertas de salida de nuestros aviones estaban una al lado de la otra así que fuimos juntos y nos despedimos.

Entré en mi avión, el cual también iba petadísimo y despegamos en hora. Me dieron un segundo desayuno y pasé el vuelo viendo episodios de una de mis series favoritas. Al aterrizar en Amsterdam, nos hicieron un control de pasaportes en la puerta del avión y tuvimos un segundo control de pasaporte en el lugar habitual. Después tuve que esperar más de media hora por mi mochila y cuando apareció, la recogí, bajé a la estación de tren del aeropuerto y me subí en el que me llevó a Utrecht. Desde allí fui en guagua a casa. Ese día opté por trabajar desde mi casa y así aprovechar y lavar toda la ropa que traje, algo habitual en estos viajes, en los que siempre que llego todo va directo a la lavadora.

Ese día lo pasé baldado, ya que entre pitos y flautas, el regreso fue un palizón de cuidado. Y así acabó el viaje que me llevó por Kuala Lumpur en Malasia, por Tailandia y por Singapur en este 2014.