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Visitando Cork y los acantilados de Moher

La cuarta escapada de fin de semana de este otoño fue a un nuevo destino, uno que ni siquiera estaba en mi lista de lugares a considerar porque en principio, no tiene línea de bajo costo directa desde los Países Bajos. Dándole candela al SkyScanner, herramienta que si no la conoces, no sabes lo que te pierdes, descubrí que había una buena oferta para el último fin de semana de noviembre desde Amsterdam a Cork, ciudad situada al sur de Irlanda y volando con Aer Lingus. Como el precio era de risa tonta, compré el billete y con el airbenebé encontré una keli en el centro por cuatro perras gordas y organicé un fin de semana que anticipaba lluvioso ya que ese país es conocido por el agua y en otoño, pues aún más. Salía el viernes por la noche con lo que no tenía problemas con el curro y fui al aeropuerto por la tarde después de cenar, a Schiphol y al llegar al control de inseguridad me encontré con una sorpresa inesperada. Han cambiado las máquinas y han puesto unas nuevas que son como galácticas.  Llegué a un punto en el que un pavo me separó de la plebe y el populacho y me dijo que fuera por una cola porque solo tenía mochila en mi equipaje de mano.

Yo pensé que era para diferenciar la merca pero no, según llego el julay que te obliga a sacarlo todo y ponerlo en bandejas me dijo que no tocara la mochila, que la metía en la máquina así tal cual. Le dije que si estaba chiflado como truscolán, que dentro iban los peligrosísimos líquidos, el iPad, la cámara, los cables y hasta las baterías de la cámara y él dice que no. Lo hago y pongo en otra bandeja la morralla que cargo sobre mi sacrosanta persona, que es mucha y asumo que me obligarán a abrir la mochila para olisquear en mi chatarra pero no fue así, parece que han desarrollado una tecnología nueva y maravillosa que les permite verlo todo sin abrir el equipaje. Espero que pongan esas máquinas en todo el universo de aeropuertos conocidos porque en lugar de treinta o cuarenta minutos, todo el proceso tomó cinco.

Después fui a la zona en donde embarcaba y a esperar al avión, que llegó con una hora de retraso. Tenía asiento de ventana y despegamos a las nueve y pico de la noche, noche cerradísima, pero igualmente le hice el vídeo del despegue y el aterrizaje al ancestral, aunque en ninguno de ellos se ve una mierda. Después de aterrizar pillé un taxi para ir a la casa en la que me quedaba porque no vale la pena esperar una hora por la guagua cuando un taxi te lleva a la ciudad por quince leuros y la guagua cuesta casi tres. Esa noche no hice más nada, salvo acostarme pronto ya que al día siguiente tenía contratada una excursión de día completo.

Me levanté un montón de horas antes de la hora Virtuditas ya que tenía que estar en el punto de salida a las ocho menos cuarto. Nos íbamos a ver los Acantilados de Moher y alguna otra cosa en la zona. La previsión meteorológica era patética pero es que no hay nada que hacer, te toca la que te toca. Íbamos a pasar el día por el condado de Clare, al oeste del país. Tardamos casi dos horas en llegar y para cuando lo hicimos, lloviznaba y no se veía casi nada. Las fotos son de nubes por debajo del suelo porque llegabas a los acantilados y desde seis centímetros más allá, lo que había eran nubes y nubes y más nubes

Acantilados de Moher en la niebla

La visita fue espectacular y pese a no ver una mierda, la disfruté mucho y he decidido que regresaré al lugar para intentarlo de nuevo, aunque seguramente viajaré a Dublín, de allí tiro para la ciudad grande más cercana y hago la excursión desde la barriada periférica. Al final de la historia habrá un vídeo épico y legendario lleno de fotos, ya que he decidido que no quiero ser rastrero y miserable como los truscolanes y las he puesto casi todas en el mismo, eliminando solo las repetidas. Estos acantilados tienen ciento veinte metros de altura, o sea teníamos ciento veinte metros de niebla o de nubes y el agua no caía a baldes pero mojaba igual porque estábamos dentro de la nube.

Desde allí fuimos a otra zona de acantilados, aunque esos eran pequeñitos y como fuimos después de almorzar, ya se había abierto el día y se podía ver mejor.

Acantilados pequeños en el Burren

La siguiente parada, después de algo más de una hora en carretera fue para ver el Castillo de Bunratty, muy fotogénico, aunque no teníamos tiempo de verlo por dentro

Castillo de Bunratty

Para cuando regresamos a Cork, eran las cinco de la tarde y lo que hice fue darme un garbeo por la ciudad y visitar algunos lugares y comenzar a hacer la redada que tenía prevista para el día siguiente. Durante la excursión ya me encochiné lo suficiente con lo que no tenía demasiada hambre y sobre las siete de la tarde ya no llovía, diluviaba con lo que opté por retirarme temprano y descansar para el palizón del día siguiente. Aunque parezca poco, en realidad hice unos nueve kilómetros caminando y estuve en la calle doce horas. Tengo clarísimo que volveré a los acantilados.

La idea original era hacer una única anotación pero va a ser que no. Mañana la finiquito y tenemos tanto el vídeo con todas las fotos como el vídeo con los despegues y aterrizajes, que son dos de cada en un único y asombrosamente aburrido vídeo.

Por sulaco

Maximus Julayus

1 respuesta a «Visitando Cork y los acantilados de Moher»

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