Salida de Emergencia

Hace unas semanas hice una pregunta clara y concisa: ¿Al despegar y aterrizar, la tripulación de cabina de sexo femenino, anteriormente conocidas como azafatas, miran sólo él paquete de los tíos?. El resultado fue sorprendente.
Hubo una voz discordante. Alguién osó responder no. Inmediatamente comencé una investigación y hoy os puedo mostrar aquí los primeros resultados:

Así que mi pregunta es sencilla: Si mi amiga la azafata no ha sido, ¿Quién votó que no?
El que haya sido, que cumpla penitencia. Y de paso, me mande un correíllo confesando. Puedo prometer y prometo que mantendré su infamia en el más espeso de los anonimatos.

La Huevadora

Me ha tomado mi tiempo pero al final he conseguido integrarme en Holanda. Había algo que me faltaba y no sabía muy bien el qué era. Tras múltiples visitas a hogares holandeses, he descubierto la causa. Yo no tenía una HUEVADORA.
huevadora
Lo he solucionado inmediatamente. Fijaros en la foto. ¿A que es bonita? He tenido que crear una nueva palabra porque en España, al menos hasta donde da de sí mi escaso vocabulario, no existe término para definir a este artefacto.
Su función, o definición formal, sería la siguiente:
Huevadora = Pequeño electrodoméstico consistente en una base eléctrica sobre la que se sitúan los huevos suspendidos en un aura divina y a la que se añade agua para cocinarlos. Cuando los huevos están listos, el dispositivo silbará para advertir a su propietario.
Es un concepto muy sencillo. En España, que por algo es tercer mundo, los hervimos en un caldero, sin percatarnos de la ventaja que tiene semejante electrodoméstico. Ya me he aprestado a usarla. Para ello introduje los huevos en el soporte amarillo y los piqué. Si os fijáis bien, veréis la aguja que hay a la derecha. Esta es la parte más dolorosa, ya que el piercing o punción de los mismísimos siempre produce dolor. Una vez horadados, los coloqué en el soporte que previamente había llenado con agua. Existe un medidor y podemos cocinar los huevos de tres maneras distintas: tiernos o poco hechos, medio hechos y DUROS como teniques. Depende del gusto de cada uno en cuanto a huevos. A mí siempre me ha gustado tener los huevos duros así que elijo esa opción. La máquina hierve el agua, los cocina, y cuando están hechos se pone a cacarear para avisarte.
La primera vez que oí los cacareos me asusté. Pensé que mi vecina, o la subnormal de la hija se me habían metido en la casa, ya que no hay mucha diferencia entre el idioma chino hablado y el lenguaje de las gallinas. Fue un alivio descubrir que la responsable del bullicio era mi gallinita hacedora de huevos duros y no el pendón verbenero de mi vecina.
Ya he situado la huevadora en un lugar prominente de mi cocina para que cualquiera que venga a mi casa vea que soy un ciudadano holandés. También me he comprado una pomada porque además de duros, se me han quedado los huevos escaldados.

Alcancía de Piedra Mojón

Hoy celebramos el descubrimiento de un nuevo blog:
La máquina de hacer películas de Garci
Bajo ese título tan rumboso se encuentran instrucciones precisas para hacer otro clásico del cine español y emular al Gran Garci con su Begin the Begin.

Como su autor me ha honrado enlazándome he colaborado interesadamente en la sección Cuenta tu película Garciana.
Semejante despliegue intelectual me ha dejado agotado. Así que el post de hoy será mi colaboración en ese güeb.
Disfrutad de la historia Alcancía de Piedra Mojón
La cámara se acerca en una mañana gris y lluviosa hacia la iglesia. Antes de cruzar el pórtico, gira a la derecha y se puede ver a una anciana en mal estado que mira hacia el horizonte con la vista perdida y una lágrima deslizándose por la cara mientras un perro se restriega contra su pierna tratando de follársela.
Continúa el recorrido y entra en la iglesia, llena de gente, todos vestidos con sus mejores galas. En primera fila, el comisario, gordo y casposo como pocos habla al oído con la viuda Lupita, que se vino por amor desde Sudamérica y se le murió su amor mientras le comía el nabo. Ahora sigue aquí, atrapada por una herencia que la obliga a permanecer en el pueblo hasta su muerte.
Al frente de todos el padre Eligio, con su sotana negra resplandeciente, acariciando la cabeza del monaguillo Luisito. La cámara se detiene en la mano del cura cuando ésta se cierra sobre el pelo del niño, agarrándolo con violencia. El chiquillo trata de liberarse pero no puede. El plano se aleja y se puede ver por qué el cura se ha crispado: la Antonia, la esposa del maestro se ha puesto a rezar de rodillas, cubierta por una mantilla bordada y con un escote enorme que deja ver los melosos pezoncillos al cura.
Tras la misa, todos se reencuentran en el bar del hereje Caspio, que volvió de la mar con un poco de dinero y montó el negocio. Su mujer, medio desnuda, se asoma al alfeizar de la puerta y les grita: ?¿No hay un macho aquí que me pueda calentar??? El Caspio la empuja y la vuelve a meter en el cuarto de atrás. El cura se agarra el paquete mientras sus ojos dejan ver la respuesta a la pregunta de la mujer.
Se oye una explosión. Todos salen corriendo y se encuentran a la anciana, con el perro aún pegado a su pierna y al tonto Bartolo que está tratando de amarrar un petardo a la cola del chucho.
?Peioris principium sed melioris rei finis sumus?? sentencia el maestro mientras el cura asiente con su cabeza. Este responde: ?Liberae sunt cogitationes

Han pasado dos horas y no ha pasado nada interesante. Has perdido el tiempo pero has visto una película de Garci