Perfecto holandés

Mi tercera semana de clases de holandés comenzó con un pequeño examen para ver si habíamos captado los conceptos. A mi lo de los exámenes ya no se me da tan bien como antes, posiblemente porque cuando uno se acomoda en su nube de triunfo y éxito absoluto le resulta difícil bajar a la arena en la que batallan el común de los mortales. Pero si he de hacerlo, lo hago. Me pongo mis ropas de faena y a lomos de La Dolorsi voy a donde haga falta. Y hago esto ya sea primavera, verano u otoño y os juro por las bragas de las vírgenes lesbianas que viven en mi calle que ir en bici con cinco grados de temperatura es algo sacrificado. Mi cerebro no estaba como para responder a preguntas básicamente porque algunas partes se habían congelado pero hice lo que pude y al final he logrado pasar la prueba.

Por culpa del frío me resfrié y el jueves en clase fue un drama, moqueando sin pausa y gastando kleenex tras kleenex sin que la fuente en la que se había convertido mi nariz mostrara ninguna señal de desfallecimiento y produjera litros y litros de mocos. Las rusas me miraban asombradas y farfullaban en su lengua bárbara entre ellas, seguramente un poco asqueadas porque yo le tiraba los kleenex usados a la morruda de la coreana, ya que no hay forma de que se vaya y creedme, ya he intentado lo de decirle eso tan lindo de: ¡Mira que eres fea hijaputa!, ¡cabezuda!, ¡bicho!, ¡monstruo! y mil cosas más, que en esta bitácora no aceptamos a los coreanos como seres humanos y estamos totalmente a favor de la solución final con esos insectos.

Una de las rusas apareció el jueves con bragas y minifalda a juego y posiblemente por culpa de mis estornudos se le reviró la estructura y acabé siendo testigo de lujo de aquello que atesora para el hombre que la ha comprado y sacado de su miseria. Nadie me creerá cuando afirme que no todas se afeitan el chichi y algunas no es que lo tengan poblado, es que lo tienen masificado. Supongo que haberse criado en un país tan frío ayuda a la hora de asimilar estas temperaturas definitivamente no tropicales generando felpudo porque yo voy por ahí más tapado que una afgana con burka y esas tías salen a la calle prácticamente como Dios las dejó en el mundo, aunque con exceso de vello.

Por fin hemos dejado atrás el presente y hemos entrado en los pantanosos terrenos del perfecto holandés, un tiempo verbal pasado que equivale a nuestro pretérito perfecto, un pasado aún cercano al presente y que por desgracia se prolonga hasta este. Esto aún nos limita mucho en nuestras conversaciones porque por ejemplo uno no puede decir ayer cagué, ha de arrastrar la acción hasta el momento actual y transformarla en he cagado y esto implica que la acción sucedió en un tiempo pasado que posiblemente no fue mejor pero que terminó unos instantes antes de expresar la acción con todo lo que ello conlleva. Para hacerlo más difícil la forma en la que se conjuga el perfecto holandés es usando los verbos ser y haber, siendo el primero en acciones que implican movimiento hacia un destino y el segundo para el resto de verbos y teniendo una lista tan grande de verbos irregulares que me pregunto para qué se molestaron en hacer la regla de los regulares si al final está casi vacía.

Aún así doy gracias a los grandes poderes porque ahora ya puedo expresar acciones que han acabado y mi holandés atarzanado empieza a tomar forma y parecer un idioma.

Una respuesta a “Perfecto holandés”

  1. Juraría que había leído en algún lado que hablabas alemán. Pero creo que no, porque la gramática del holandés es como la del alemán pero en fácil (en realidad está a caballo entre el inglés y el alemán). De todas formas a todo se acostumbra uno. Incluso a separar los verbos y ponerlos al final. Veel geluck!

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