Rábatar

Abrió los ojos tan pronto como fue consciente de que estaba despierto y que los sonidos indicaban que ya estaba llegando a su destino. Se sentía preparado, capaz, resuelto a cumplir la misión que le habían encomendado. Pese a los obstáculos que pusieron en su camino los del Sanedrín Chicharrero lo eligieron a él, un mecánico de coches especializado en tunear portabultos para meter equipos de música dantescos con los que escuchar tan a gustito el Guarretón. Inicialmente debía ser su hermano el que iría, el intelectual de la familia, el único que acabó el bachillerato y consiguió un puesto de reponedor de pasillos en el hipermercado de la Ballena pero cuando les hicieron las pruebas médicas y pese a sus obvias carencias intelectuales, ganó por la mínima, por tan poco como diez millones de nanómetros.

Pese a ser gemelos idénticos, los científicos e intelectuales varios del hospital insular de Gran Canaria no salían de su asombro y no podían creer lo que indicaba su instrumental. Su rabo era diez nanómetros más grande que el de su gemelo idéntico, todo un centímetro que marcaba la diferencia ya que frente a los escasos veintiuno de su hermano, el acometería la compleja tarea con veintidós, o vintidó que es como él lo decía. Se había pasado las dos semanas de entrenamiento repitiendo el número a todo el que lo quisiera oír, tratando de compensar toda una vida de sentirse inferior, relegado al rincón de la lástima por tener un hermano intelectual que una vez casi se leyó un libro. Ahora le tocaba a él.

En su cabeza estaban frescas las instrucciones y el entrenamiento recibido en interminables sesiones. Lo ponían durante horas a leer los mensajes enviados desde móviles a las televisiones locales de la isla durante los programas de noche, o más bien durante vídeos interminables en los que una tía cañón se tocaba unas tetas recauchutadas y que siempre parecían a punto de estallar y mirando hacia la cámara que estaba casi sobre los pezones, gemía sin parar como si estuviera ascendiendo a los cielos y se iba a convertir en la siguiente santa católica en ser canonizada.

Su primera misión tenía dos objetivos. El primero es YOISI, una paraguaya con la chocha caliente que dejó el siguiente mensaje:

Hola me llamo yoisi tengo 22 años, y me dedico a entretenimiento para adultos realisando show para adultos q esten interesado en este tipo de entretenimiento.. Bueno complasco en lo que pidas NO DOY PROVADITAS OK…
y bueno en lo regular utilizo : conzoladores, aceite, bailes, lenseria.. (MASTURVASIONES)

Y en el mismo lugar tendría que encargarse también de YOLINDA, la cual dejó un mensaje distinto:

ola soy una nena muy kaliente y soy latina en estos momentos soy nueva en esta ciudad. soy una nena muy atractiba y me encanta follar y q me follen, ademas me encanta chupar poyas prueba mi boca viziosa y vente dentro de ella, me gusta q me tiren la leche en la cara, kulo si te intereso tengo una propuesta interesante para ti amol, estoy a dispocición, te hare vivrar en la cama te comere la poya hasta q se te pongan los huebos asules soy una folladora innata me dicen la deboradora.

Tenía que neutralizarlas usando su Na-Bó, ese arma secreta que escondía tras unos pantalones falsos de marca que compró en el rastrillo por diez euros. Se bajó de la guagua de la línea doce en Jinamar y frente a él se extendía una visión fantástica con las trece promociones de edificios flotantes, las famosas torres dantescas de Jinamar de las que todos hemos oído hablar. En la calle un grupo de niños jugaba a quemar un coche que el padre de alguno de ellos había robado y dejado abandonado la noche anterior aunque no había mucho que quemar porque otros se habían encargado de despiezarlo y extraer todo lo aprovechable. En las ventanas de las torres dantescas de Jinamar, bragas, calzoncillos y ropas de lycra con colores brillantes ondeaban al viento y se impregnaban de aquello que hacía a los Jinameños tan especiales. La central eléctrica de Jinamar, situada a un par de kilómetros, vomitaba incansable toneladas de un polvo mágico que los Jinameños ya llevaban en la sangre desde su nacimiento y los convertía en seres únicos, conectados entre ellos a través de ese enorme árbol de la Vida que es la chimenea de la central y en el que dicen que se guardan los recuerdos de todas las generaciones anteriores de habitantes de aquel agujero sacado del infierno.

Miró hacia las torres dantescas y trató de orientarse. Tenía miedo y no quería contactar con la fauna local así que enfiló hacia la que creía que era su destino, una de color verde mierdoso que parecía querer alejarse de las otras. Por sus paredes escalaban los rateros buscando ventanas abiertas por las que colarse y al local de la planta baja llegaban mujeres con bolsas de comida que les habían dado en Caritas para revendérselas al tendero y así poder comprar más jaco. Fue a tocar el timbre del portero automático pero alguien se lo había llevado junto con la puerta y lo único que tuvo que hacer fue entrar. Yoisi, su primera víctima, lo esperaba en la planta séptima y pese a la aprensión que le dio al ver las puertas del ascensor, decidió que era preferible a siete pisos de escaleras.

En el interior del ascensor los mensajes subliminales llegaban en forma de grafitis:

Digan lo k digan los pelos del koño habrigan

Kon ese kulo, yéname la boca de peos ke kiero morir gediondo mamasita

Hamar sin ser hamao, es komo limpiarse el kulo sin aver kagado

Pulsó el botón de la séptima planta y trató de contener la respiración hasta llegar a su destino ya que el hedor a meados era insufrible. Mientras el ascensor subía, obstáculos que debían encontrarse en su camino lo golpeaban e incrementaban su miedo escénico. Tras lo que le pareció toda una vida, el ascensor se detuvo y la puerta trató de abrirse aunque sin mucho éxito. Pensó que se quedaría encerrado y se lanzó a empujar las puertas hasta que consiguió abrirlas.

Frente a él, el séptimo C, el lugar en el que tendría que demostrar que era la persona indicada para este trabajo. Se acercó, pulsó el botón del timbre y esperó a que le abrieran.

… Continuará

6 opiniones en “Rábatar”

  1. Sólo por lo de la chimenea conectando a los habitantes de “aquel agujero sacado del infierno” ya merece la pena! jajajaa

  2. Más qué párrafos cargados de ficción, parecen una crónica detallada del mordor de Gran Canaria. A ver qué continuará a partir de aquí.

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