Sombras en la noche

Corría entre los árboles casi sin aliento. Era una noche de luna llena y había algo de luz. Su respiración agitada lo delataba pero no tenía tiempo para pensar en algo tan obvio. Avanzaba casi a ciegas sin saber muy bien hacia donde iba. Solo quería escapar, llegar a algún lugar en donde hubiera gente. Tras él corrían otras sombras. A veces los escuchaba bien cerca y en otras ocasiones parecían alejarse. Cojeaba un poco al correr. Había tropezado y seguramente se había torcido el tobillo. no quería pensar lo que les había sucedido a los otros.

La última vez que vio a Jorge este trataba de tranquilizar al grupo. Insistía en que debía ser una broma de mal gusto que alguien les estaba haciendo y que pronto pasaría. Se separó de ellos y se acercó al punto del que venían los ruidos. Súbitamente hubo un silencio enfermizo y a continuación algo saltó sobre él arrancándole la cabeza de cuajo. Vieron su cuerpo tambalearse y caer sin vida y como era arrastrado rápidamente por esas sombras.

A partir de ese momento se descontroló la situación. Las chicas gritaban descontroladas. El miraba a su alrededor. Estaban espalda contra espalda cerca de la hoguera que habían hecho. No era un buen lugar. Con tanto ruido serían un blanco perfecto pero a ver quien conseguía calmar la situación. La cabeza seguía tirada cerca de ellos y por suerte no miraba en su dirección. Luis trató de que se callaran para poder escuchar mejor. Buscaron palos y los cuchillos que tenían y los cogieron. Eran un grupo patético, estaba claro que no llegarían muy lejos así. El coche estaba en la dirección por la que se habían llevado el cuerpo de Jorge. Luis sugirió el ir hacia el coche para escapar pero nadie quería. Yolanda gritaba como una posesa y tuvieron que abofetearla para calmarla.

Otra posibilidad sería el meterse en el lago. no tenían una barca y el agua estaba condenadamente fría. Sería un suicidio y ni siquiera sabían si las sombras los seguirían en el agua. Ante la falta de una estrategia clara se quedaron allí, procurando hacer el menor ruido posible. Sólo se escuchaba el crepitar de la madera y los gemidos de las chicas. No pasó mucho tiempo antes de oír los ruidos de nuevo, ramas aplastadas, hojas que rozaban algo y la inquietud los invadió. Estaban rodeándolos. No habían tenido suficiente con Jorge y querían más. A veces veían alguna sombra cruzando entre los árboles. Gritaban y hacían ruido pensando que así los espantarían.

Una piedra apareció de la nada y golpeó a una de las chicas. El desconcierto que sucedió a esto fue aprovechado por las sombras. una se acercó rápidamente y agarró a otra de las jóvenes llevándosela. Ella gritaba hasta que escucharon un golpe seco, un crujido como de algo que se parte. a partir de ahí no dijo nada. Ahora sabían que no estaban seguros.

Luis optó por marcharse y Pedro lo siguió. Las chichas se quedaron allí llorando y de mala gana los siguieron. Iban siguiendo la costa del lago. Sabían que no hay casas ni otra gente en kilómetros pero era mejor que quedarse allí sin hacer nada. Diez minutos más tarde desapareció una de las chicas, Eva y un poco más tarde ya no oyeron más los llantos de Ana. Sólo quedaban ellos dos. Parecía que lo podrían lograr. Corrían por el bosque parándose únicamente a recuperar algo de aliento. Pasó una hora y comenzaron a sentirse seguros. No sabían donde estaban. En una de las pausas escucharon los ruidos y desde las ramas de un árbol algo alzó por los aires a Luis matándolo rápidamente. Pedro lloraba en silencio y echó a correr. Más tarde tropezó y perdió el cuchillo que tenía pero ni se dio cuenta. Seguía corriendo erráticamente por el bosque, a veces escuchando los ruidos que producían las sombras y en otras ocasiones nada. Sentía que estaban jugando con él que era todo parte de un plan. Ni siquiera sabía si se movía en círculos o en línea recta.

Estaba agotado y su cerebro había superado ese punto en el que se pueden tomar decisiones racionales. Ahora lo gobernaban sus instintos más básicos y estos solo le pedían correr sin parar. Vio la carretera que llevaba al lago y pensó que lograría superar esta pesadilla. Fue hacia ella y cuando ya estaba cerca una sombra se interpuso en el camino. Se quedó helado. La sombra se desdobló y vio que eran muchas. Fueron rodeándolo y comenzó a gritar desaforadamente. El ruido cesó de golpe. El bosque recuperó el silencio solo roto por las hojas acariciadas por el viento. La leyenda negra de aquel sitio tendría a partir de aquel momento un nuevo capítulo.