Bañándose en la piscina de la cascada Pha Nam Tok

Seguimos en la tercera cascada, la Pha Nam Tok y al bajar estaba petada de chavalerío tailandés, que cuando estuve por allí los extranjeros éramos más bien pocos. Los tailandeses se bañan sin quitarse la ropa, que es como un concepto nuevo y que quizáqs algunos por aquí abracen con ganas. Al frente tenemos a dos pavas vestidas en el agua y sobre la roca hay un montón de chiquillerío y casi todos están con sus camisetas puestas. Gracias a todos ellos en esta piscina sí que te podías bañar porque las pirañas carnívoras estaban más entretenidas con la gente que estaba sobre la roca y como que no se molestaban en alejarse del lugar.

Segunda y petado de protección

Hace ahora treinta y cinco días o eso que también calculamos como cinco semanas que hablé de La primera y ayer me llegó el turno para la segunda, que no creo que sea la última y definitiva porque el virus truscolán y podemita ha venido para quedarse por culpa de un puto chino comedor de murciélagos y ahora tendremos que ponernos una o varias vacunas cada año. En los Países Bajos, la Astrazeneca como que se dejó de usar hace eones, la Janssen la metieron, después la quitaron y ahora al parecer la están volviendo a poner, así que la mayoría del país está siendo o ha sido vacunado con la Pfizer-BioNTech y unos cuantos menos con la Moderna porque de esa no llegan tantas. Aquí, cuando son dos vacunas, al darte la cita, te dan las citas, ambas y la separación entre pinchazos para la Moderna y la Pfizer está en cinco semanas, con lo que me tocaba ayer, a la misma hora, en el mismo sitio. Tuve muchísima suerte porque la semana pasada tuvieron que cancelar un montón de vacunas por la ola de calor, que el recinto ferial no se hizo para ferias veraniegas y aquello es como una gigantesca caldera del infierno podemita y truscolán. El domingo estábamos alrededor de los veintiún grados, así que todo iba bien. Como con la primera, tenía mi hora por la tarde, así que hice mi posible última cena, con mi yogur y helado y sobre las seis de la tarde salí hacia el lugar en bici. Conmigo llevaba la declaración de salud que hay que rellenar, mi libro de vacunas, mi pasaporte y el papel que me dieron cuando me vacunaron por primera vez.

Llegué al sitio con bastante tiempo pero pasé de esperar fuera a mi hora. El interior del pabellón del recinto ferial había cambiado, han quitado el primer control, que era donde te miraban la fecha de tu cita, con lo que técnicamente, les da igual y te puedes pasar por allí un rato antes o después y no se enteran. El sitio es el mayor centro de vacunación del país ya que en otras ciudades más grandes han puesto varios y en Utrecht solo tenemos este, pero en plan gigantesco, con una capacidad para poner unas cuarenta vacunas en paralelo (y para-lelas también). En el primer control miraron que tenía la declaración de salud rellena y me preguntaron, de nuevo, si tenía el virus truscolán o podemita o si la vez anterior me dio una reacción alérgica chunguísima, como por ejemplo hablar truscolán en la intimidad y les confirmé de-qué-no. Me pusieron en la declaración una pegatina naranja y seguí adelante. En la siguiente parada, revisaron todo de nuevo y metieron mis datos en el sistema, miraron mi pasaporte y finalmente, imprimieron mi segundo certificado de vacunación. Aquí también hubo algunas preguntas y desde allí, seguí el camino hasta la pista de despegue. Aquello es como un enorme centro de procesado de pasajeros, igual que en muchos aeropuertos asiáticos y finalmente llegas a ser el primero en la fila y el intelectual que está al mando te manda a un puesto de vacunación, en mi caso me dijo que me pusiera en el círculo naranja que hay delante del puesto . Eso hice. Por delante de mí una pava que acababa de ser vacunada y que salió por patas y el vacunador era un chaval que tenía pinta de haber estado con pañales hasta hace seis o como mucho siete lunas. Lo que perdía siendo tan infantil lo ganaba en simpatía, que resultó que era hablador y curioso y todo el proceso horrendo de la vacunación y la inserción y activación del chip 5Gé lo pasamos explicándole que tengo dos apellidos porque en España te ponen uno de tu padre y uno de tu madre, algo que le fascinó y le pareció que era como de raza superior que no pisotea a sus hembras, que aquí en los Países Bajos muchas hembras pierden su apellido cuando se casan y pasan a ser propiedad de sus machos. Prácticamente no sentí el pinchazo, cuando llegó y finalmente nuestros caminos siguieron rutas distintas. Yo avancé hasta el siguiente pabellón, el de la espera, en el que hay zonas para sentarte y esperar los quince minutos esos de reacción alérgica brutal que no me llegó.

En la ruta de salida llegabas a un sitio en el que hay varios julays en mesas y si les das tu libro de vacuna y les entregas los dos certificados de vacunas que tienes, te sellan tu libro de vacunas, algo que se puede ver en el documento histórico y asombroso y apoteósico anterior. Por razones de máxima seguridad he eliminado las series específicas de las vacunas que me pusieron. Estas dos vacunas comparten página con mis dos últimas vacunas de la ANCESTRAL normalidad, del año 2019 en el que me tocaba de nuevo la vacuna contra la difteria, el tétano y la polio, que hay que ponerse cada diez años y también me puse la vacuna contra las fiebres tifoideas, que solo dura tres y que tendré que volver a ponerme el año que viene.

Al llegar a mi casa comprobé que de nuevo, los únicos efectos colaterales de la vacuna contra el virus pandémico truscolán y podemita es el pelo-caniche que se me pone, que es como si se le cayera toda la laca de golpe al pelo y como lo tengo tan grande, me deja sin frente. Tengo que reconocer y reconozco que durante el resto del día no noté nada, pero avisado por muchos amigos y conocidos, antes de irme a dormir tomé paracetamol y esta mañana sí que tenía un dolor consciente y constante en la zona del pinchazo, pero nada que otro pastilla del producto ese no pueda quitar.

Así que, recapitulando, estoy completamente vacunado contra el virus truscolán y podemita, la hepatitis A, la polio, difteria y el tétanos, las fiebres tifoideas, la gripe y espero que contra nada más, que si hay que ponerse más mierdas yo casi que prefiero no viajar al país planeado y con las anteriores me puedo mover por todas las zonas costeras del sudeste de Asia, que es lo que a mí me mola mazo. En una semana, supuestamente, tendremos el pasaporte covid, que llegará en la mágica forma de un código QúeRre usando una APP, que en el caso neerlandés es la CoronaCheck, que por supuesto ya tengo instalada.

La semana pasada en Distorsiones

La semana pasada tuvo un temilla colateral reincidente que vimos en El segundo Y otro segundo. Relacionado con la serie de fotos que estamos viendo de Kanchanaburi y alrededores, vimos una terrorífica imagen de Esas malas bestias que te muerden las pezuñas para comer y en Una Sarah en el barrio tenemos una nota de folclore nórdico y en La investigación hay algo que pudo suceder y que no sucederá.

En Kanchanaburi nos regodeamos con Otra vista de la cascada Buar Mai Long y de allí seguimos con la Cascada Buar Mai Long con su piscina y seguimos descendiendo y llegamos a la cascada Oke Nang Phee Sue, la cuarta cascada y nos quedamos con la Pha Nam Tok, la tercera cascada.

Fui a ver siete películas al Cine y por aquí comenté tres, que sigo acaparando por si acaso. La primera fue Tom y Jerry – Tom & Jerry, con mezcla de animación e imagen real, la segunda fue la película holandesa De Oost y la tercera la película japonesa Guardianes de la noche: Tren infinito – Kimetsu no Yaiba: Mugen Ressha-Hen que no me gustó demasiado. Tengo una despensa para sobrevivir con películas de cine tres semanas manteniendo este ritmo y ahora mismo el problema es que lo he visto todo.

La comida que llegó a mi tripa fue:

Y así transcurrió la semana.

Guardianes de la noche: Tren infinito – Kimetsu no Yaiba: Mugen Ressha-Hen

Por si alguno aún no lo sabe, yo no soy un fans del manga, lo único que me provoca es tedio y ganas de descojonarme con esos diálogos que parecen sacados de la Escuela para brujos retardados de dos valles más abajo de Hogwarts. Dicho esto, como los cines acaban de volver a abrir, hasta estoy por la labor de ir a ver una si la ponen con subtítulos en inglés (o hasta doblada al inglés me habría molado más) y por eso fui a ver Kimetsu no Yaiba: Mugen Ressha-Hen, que al parecer está basada en una serie que no he visto y no veré J-A-M-Á-S. Con ese pedazo de nombre interminable, que a nadie le extrañe que en España la han titulado Guardianes de la noche: Tren infinito y yo la vi como Demon Slayer: Mugen Train.

Un grupo de pollabobas julays se meten en un tren petado de chusma y gentuza amarilla de la peor y a medio camino como que se meten demonios en el tren y aquello es como un aquelarre maricón del coño

Por razones que me son totalmente desconocidas, comenzamos con tres o cuatro chiquillos, que hay una que parece una friki y la llevan en una mochila encerrada, se cuelan o se meten en un tren por el final pero con billete, que no me quedó claro y buscan a un pavo que está allí dentro y que al parecer es un mata-demonios. Se sientan por su zona en el tren y tenemos algunos diálogos patéticos antes que llegue el revisor, todo el mundo como que se duerme y entonces tenemos los espíritus o los demonios o algo así y más tarde se despiertan algunos y aquello es una carnicería con el demonio que quiere matar a todo el tren, o algo así.

Si tenía alguna duda de que el manga no es lo mío, esta película me las ha quitado. Los diálogos son de puta pena, cada vez que alguno abre la boca, yo rezo para que le metan un pollote gordísimo en la susodicha para que no pueda ni hacer sonidos guturales porque sueltan unas polladas absurdas que no veas. El estilo manga no me llama nada la atención y la forma en la que manejan los ritmos de la película consiguen provocarme bostezos. Para cuando finalmente tenemos acción, puedo confirmar y confirmo que me dejó bastante indiferente. Seguramente esto funciona muy bien con otro tipo de gente, en el que no me incluyo. Igual en la serie hay más definición de personajes porque aquí no la hay y algunos, cuando sueltan sus grandes frases dramáticas, que obviamente leí en los subtítulos en inglés, yo me reía por las polladas estúpidas que decían, aunque supuestamente eran momentos muy serios. En fin, que esto no funciona conmigo y lo único bueno que saqué de la peli fueron las dos horas de aire acondicionado.

Si eres un miembro del Clan de los Orcos, seguramente me invitarías a ayudarte a quemar la sala del cine. Si eres un sub-intelectual con GafaPasta y me dices que esto te mola, chico, has perdido el ningún respeto que te tenía. Básicamente, un masque con muchos colorines.

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