El chamo del tren


Hace un par de semanas, en Chacho, que te conozco, mencionaba que hay un grupo de gente en un par de lugares que me reconocen perfectamente y son muy sociables conmigo. Ellos no son los únicos. Hay otra persona, en otro lugar, con la que he terminado desarrollando algún tipo de conexión mística. Sucede una o dos veces por semana, cuando regreso a mi keli de la chamba en el tren que para en todas las estaciones. No nos vemos desde el principio porque yo en ese tren, siempre busco asiento a tres o cuatro vagones del final, porque todo el mundo entra en el susodicho por la parte de atrás y llega un momento en el que esa parte del tren está petadísima. Cuando para en la segunda estación de la ruta hacia mi keli, Geldermalsen, que viene a ser truscoluña no es nación en cristiano, el tren hace una parada de cinco minutos para dejar que lo pase un tren rápido, porque desde Houten Castellum hacia el sur solo hay dos vías ferroviarias y la cantidad de trenes es considerable. Al llegar a Geldermalsen, probablemente la mitad de los pasajeros se bajan allí, ya que al parecer mucha gente de ese poblacho labura en Bolduque, que es el lugar desde el que viene el tren. Yo siempre aprovecho para cambiar de sitio y sentarme junto a la última puerta del tren, en el último vagón y lo hago porque cuando llegue a mi estación, la salida quedará por detrás del tren y poniéndome allí caminaré menos. Detrás del lugar en el que me siento está el compartimiento de primera clase y en el susodicho hay un pavo que se sienta a echarse una siesta camino de su keli. Dos paradas después de Geldermalsen, en Houten Castellum, el chamo se baja y siempre que sale del compartimiento me saluda afablemente, algo que parece llamar la atención de quien quiera que esté sentado por allí porque solo me saluda a mí. Lo que los otros no saben es que desde que comencé a trabajar en la multinacional del sol caguiente, nos hemos visto en ese tren y a esa hora todos los lunes y los martes y hace ya más de un año, quizás hasta dos, que practicamos el educado acto de reconocer la presencia del otro. Dentro de poco, es muy probable que esos encuentros en el tren desaparezcan o sean mucho más aleatorios porque la empresa ferroviaria ha por fin escuchado las quejas de los pasajeros, que siempre se quejan de lo petados que van los trenes sprinter, que es como llaman a los que paran con frecuencia y que en el pasado, cuando las cosas se decían de manera más clara, eran conocidos como stoptrein. Por eso, están eliminando la primera clase en esos trenes y dejándolos con clase única, con lo que el chamo ya no tendrá un compartimiento con veinte asientos para él solo y posiblemente, ni siquiera encontrará sitio por ahí porque la gente se sienta nada más entrar en el tren, que casualmente será esa zona. Si en el tipo de trenes sprinter que se usan en mi ruta hay entre dos y tres secciones de primera clase, eso quiere decir que se incrementará el número de asientos para el populacho entre cuarenta y sesenta plazas, dependiendo de lo largo que sea el tren, que hay dos variantes, de cuatro y de seis vagones y también es muy corriente que durante el día, la distancia total del tren sea de ocho o diez vagones, ya que suelen poner dos unidos. Estos trenes se construyeron entre el 2007 y el 2012 y tuvieron un montón de mala fama en su día por algunas decisiones de la empresa. Cuando se los entregaron, no tenían baños porque la empresa ferroviaria decidió que en los trenes que paran con frecuencia, no hacían falta. Después del tremendo escándalo que se montó, al final a los revisores se les dieron escupideras especiales que ponían en el extremo trasero del tren y cuando alguien les pedía echarse un pis, se supone que tenían que ir hasta la cabina de conducción no usada, el pasajero entraba solo, meaba y salía. La solución propuesta fue abucheada por todos. En el año 2018 les pusieron un baño, solo que el baño resultó gigantesco y los trenes perdieron como medio vagón, pero los meones ya se pueden echar su ansiado pis. Estos fueron también los últimos trenes sin güifi, los siguientes que compraron ya venían equipados con el mentado servicio, aunque ahora están diciendo que prácticamente nadie lo usa y no lo pueden quitar porque figura en el contrato con el estado. Al parecer, los trenes tienen una única conexión 4G para internet, con lo que si hay veinte que quieren usar ese güifi, están compartiendo la susodicha, que es bien lenta. No hay planes para poner ningún tipo de güifi más rápido, ya todo el mundo tiene sus planes de datos espectaculares. Los panolis que vienen de turismo a los Países Bajos y aprovechando la conexión a Internet del tren intentan hacer videollamadas, siempre descubren que como mucho, correo electrónico y mensajería sin voz y sin imágenes, con palabritas.

Volviendo al tema de los encuentros en trenes, uno de mis colegas, cuando trabajaba en mi primera multinacional del país del sol caguiente en Hilversum, venía en tren desde lejos y siempre se sentaba en el mismo vagón en la misma zona y acabó desarrollando una relación de amistad con otro pavo que se ponía allí y con el que coincidía cinco veces por semana por las mañanas. En aquella época, recuerdo que yo también, cuando iba a Hilversum en tren, veía al mismo chamo sentado en la misma zona que yo todos los días y cuando nos cruzábamos durante el fin de semana en la ciudad de Utrecht, que sucedía con cierta frecuencia, siempre me saludaba, hasta que supongo que se mudó porque no lo volví a ver ni en el tren ni en la ciudad.

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3 respuestas a “El chamo del tren”

  1. Lo de aprovechar para cambiarte de sitio y caminar menos, me da que no lo entiendo (jajaja). Se supone que caminas más o menos igual, solo que lo haces dentro del tren y no de la estación. La ventaja, yo la veo en que ganas tiempo…porque todo el rato que está parado es el que adelantas como si hubieras llegado a tu estación esos minutos antes.

    Pero vamos, que a lo mejor me equivoco (como con lo de truscoluña no es nación) jajaja

  2. La estación a la que yo llego tiene la salida y entrada en un extremo y es la única zona cubierta. Te pones en la punta de delante y está cayendo un diluvio y tienes fácilmente 200m de carrera con lluvia. En mi caso, en muchas ocasiones no llega a los cinco metros, aunque hoy por ejemplo el maquinista se quedó corto frenando y yo tuve que andar más de cincuenta metros. Lo mismo que pasa con la lluvia, cuando hay hielo. También, soy uno de los primeros en pasar la tarjeta por los aparatos para hacer el checkout y más tarde, los otros tienen que hacer cola.

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