Después de los traumáticos sucesos que narré en Los pinches estos amarillos, esta semana, por desgracia, teníamos a los dos amarillos del país del sol caguiente aún en Europa. Por suerte regresaba de sus tres semanas de vacaciones y lo hacía entrando directamente en una sala de reuniones con los dos inútiles esos y pasando el día con ellos. Me mandó un mensaje diciéndome que si quería y lo deseaba o anhelaba podía unirme a sus discusiones con ellos por videoconferencia, que mi Ángel de la Guarda al parecer sabía que esto podía suceder y sucedería y me había puesto una cita con el dentista para ese lunes a las doce de la mañana, lo que hacía literalmente imposible que me bajara a Bolduque a trabajar y de hacerlo, habría ido como mucho una hora y media o así. Atrincherado en mi keli, le respondí a mi jefe que ni de coña, que prefiero que me laven los güevos con el ácido que tenían los Aliens de sangre a tener que pasar por otro día de tortura con ellos y le deseé toditito lo mejor, siempre y le recomendé que los denunciara a los servicios de inmigración y se los quitara de encima de cualquier manera, algo que no hizo. Un par de horas más tarde, un colega gabacho me manda un mensaje preguntando por qué no estuve de corpore insepulto en la reunión y le expliqué que eso sería tropezar tres veces en la misma mielda. Por la tarde un colega neerlandés, mientras atendía otra de las reuniones, chateaba conmigo y me confirmaba que llevaban hora y media y aún no había pillado una sola palabra de las que berreaban los dos del país del sol caguiente.
El martes fui a la oficina y allí me encuentro a mi jefe que me pide por las bragas más sucias de Mafalda, que lo acompañe en una reunión de dos horas con ellos, la ultimísima y que no me pedía más nada en todo el mes si lo hacía. Yo había llegado a la oficina con un cargamento de Magdalenas del carajo en su versión del 2025, más sostenible y que tienen un corazón de mermelada de durazno casera baja en azúcar. Llevaba para regalarle al mexicano, al gabacho, a otro colega que me cae muy bien y tenía unas cuantas más para mi jefe y la escoria del país del sol caguiente. El segundo objetivo era que la rata-sucia-asquerosa y zarrapastrosa del joputa-terrorista-islámico que trabaja en mi equipo generara ácidos gástricos que le provoquen una úlcera sabiendo que estaba repartiendo comida gratis a destajo y a él no le doy ni un vaso de agua del retrete después del jiñote y antes de bajar la cisterna.

Lo que yo no sabía es que precisamente ese día era el cumpleaños de la unidad femenina amarilla. Mis magdalenas, que llevo produciendo en cantidades considerables desde el año 2004, son épicas y legendarias y los amarillos fliparon. Fui super-hiper-mega equipado de tecnología a la reunión, con el portátil, el telefonino de la empresa y el mío, porque ya me barruntaba que tarde o temprano, mi jefe me pediría que fuera yo el que compartiera pantalla y en ese momento, no podría hacer nada con mi ordenador. Las dos horas fueron de pesadilla y lo peor es que cuando pasaron, mi jefe seguía repitiéndoles lo mismo una y otra vez y yo recordándoles que se acabaría la comida en la cantina si no se apuraban y corrían a comer. Yo hui y me fui a caminar y para cuando volví, mi jefe me informó, con todo el dolor de su alma, que se los llevaba al otro edificio de Bolduque para que lo visitaran y me invitó a unirme a ellos, aunque cuando vio la mirada que le eché, dedujo que estaba a milímetros de que le arreara un tremendo guantazo con la mano abierta y lo dejo sin dientes. También le expliqué el tren que deberían pillar para ir al aeropuerto sin tener que hacer cambios y le recomendé encarecidamente que los dejara en la estación una hora antes y que procediera a denunciarlos en la comisaría más cercana.
Por la tarde, cuando tomaba el cafelito con colegas de la fábrica, me informaron que el espectáculo del almuerzo fue espeluznante, que aquellos dos no dejaban de hacerse carantoñas y picoteaban del plato del otro, con lo que los rumores sobre los eventos carnales entre esos dos son ahora una realidad que quizás yo he incentivado, que a mí me parece muy raro que cuando ella descubrió los mosquitos en su habitación del hotel, el otro fuera a la misma habitación a matarlos, hay algo que no cuadra en esa historia y si lo combinas con las escenas románticas en la cantina, tenemos una teoría que prácticamente es una verdad confirmada y reconfirmada.
Ya dije que los que fueron a cenar con ellos el jueves anterior definían el evento social como una pesadilla, un castigo divino o una maldición truscolana y mi jefe, que los llevó el lunes, me dijo que no le deseaba algo así, ni al deshonorable president que viaja en portabultos, que fue con los otros dos y nadie más y estuvo dos horas sin poder comunicarse con ellos y que a la hora de pagar fue un drama, porque él los invitó pero ellos no lo entendían y querían pagar sus partes por separado y se pasó media hora en el restaurante explicándoles que la transacción económica ya había sido realizada y que se fueran a tomar por culo cuesta abajo y sin frenos.
Por la tarde un colega me mandó un mensaje avisándome que mi jefe desechó a los amarillos del país del sol caguiente en la estación una hora antes de lo esperado, con lo que parece ser que escuchó mi consejo.
4 respuestas a “La segunda tanda de drama amarillo”
Y lo bien que te sientes ahora sin esa pareja amarilla, vas a engordar… 🙂
Salud
Me ha costado releer varias veces, hasta que he descubierto que quien regresaba de vacaciones era tu jefe…porque lo has debido escribir con letras invisibles. (jajaja)
Ya estaba explicado en las dos anotaciones previas sobre el tema. Hay que tener un poquito más de comprensión en la lectura o tomar memorión
La comprensión en la lectura la intento, pero me parece que al verbo «regresar» le faltaba el sujeto(aunque sepamos que era tu jefe, por la anotación previa). Bueno, es mi opinión y mi lógica…pero seguramente que encontrarás algo con lo que dar la puntilla (jajaja).
No sé si te has dado cuenta de que el comentario lo hice irónicamente, solo para avisarte de que había un pequeño «fallo».