Desde Utrecht a Gran Canaria en alerta roja casi rojísima


Cuando declararon la alerta roja por temperaturas infernales en gran parte de los Países Bajos, tengo que reconocer que me acojoné porque con alerta roja se pueden suspender los transportes públicos y obligarnos a todos a quedarnos en nuestras kelis, pero al menos en el caso de los trenes y las guaguas, redujeron la frecuencia pero seguían pasando cuatro guaguas por hora por mi barrio y había al menos cuatro trenes por hora al aeropuerto desde Utrecht, con lo que en mi caso la cosa no estaba muy mal.

El viernes me levanté a las seis y media para ir a correr porque a esa hora solo había veinticuatro grados y después de eso, me puse a laburar, con la mochila ya preparada. Mis vecinos me pidieron el ventilador que tengo en el cuarto con la buhardilla porque la cagaron bien cagada y su keli es un infierno. Ya con alerta amarilla, el gobierno neerlandés avisa a todo el mundo que hay que CERRAR totalmente puertas y ventanas en las horas de calor, bajar las persianas, cerrar las cortinas y atrincherar las kelis. Lo que hace la mayoría es abrir puertas para disfrutar de la caló que va entrando poco a poco en sus kelis, el hormigón de las paredes absorbe esa caló y cuando se dan cuenta, da igual la temperatura que haga afuera, en sus kelis hay treinta y uno y no se puede bajar porque el calor está en las paredes. En mi caso, mi keli está a veinticuatro grados porque ventanas y puertas jamás han estado abiertas a temperaturas exteriores superiores a la interior de la casa.

Fui a la parada de la guagua y hasta había otro pasajero, aunque en las recomendaciones le decían a la gente que no viaje. Se saltó un montón de paradas porque no había gente esperando y llegamos a la estación de Utrecht un poco antes de tiempo. Fui al andén de mi tren, y cuando accedí al mismo, que fui el primero por mi puerta, busqué la zona en la que el aire acondicionado era más fuerte, me senté en el lado opuesto al del sol y así fue como fui al aeropuerto. A los quince minutos venían los que emigraban del otro lado del vagón porque se estaban atorrando y también los que estaban sentados del lado del so. y yo me descojono porque no hay que tener una inteligencia superior para algo tan básico, esto es sentido común.

Tenía reservado para pasar el control de inseguridad entre las doce y cuarto y las doce y media y llegué al aeropuerto en ese rango y pasé el control en segundos, es que ni se molestaron en decirme que abra la mochila. Aquellos no estaban por trabajar. Después busqué la puerta de embarque, quedaban dos horas para que saliera el vuelo. Al poco de llegar yo allí trajeron el avión, que estaba aparcado en algún lugar del aeropuerto. Cuando debía comenzar el embarque, no empezó y las azafatas de tierra nos informaron que con aquella caló brutal, los que traen la pitanza que venden en el avión estaban muy retrasados y al parecer los pasajeros no pueden entrar al avión hasta que el avituallamiento ya esté terminado, algo que me dejó alucinando porque yo recuerdo perfectamente entrar a aviones mientras entraban y sacaban los carritos. Cuando esos terminaron, nos dijeron que tampoco íbamos a entrar porque aún no habían venido los de la gasolinera. Ya con eso acumulábamos una hora de retraso. Después apareció el piloto, agarró el micrófono y todos pensamos que se iba a poner a cantar, pero no, nos dijo que el aire acondicionado no se enciende hasta que se arranquen los motores después de cerrar las puertas, que dentro del avión iba a hacer un calor brutal y nos pidió encarecidamente que no nos tocáramos los mondongos y que fuéramos presto-rápido a nuestros asientos para llenar el trasto, con casi doscientos cuarenta pasajeros que tienen que entrar por la puerta de delante muy rápido y así poder cerrar las puertas y enfriar. La idea era linda pero la gente es que es güevona y aquello se fue calentando más y más y mucho mas, que al final un avión es un cilindro de metal y los mismos gilipollas que se tomaron su tiempo para sentarse, guardar las maletas, volver a abrirlas para sacar algo, guardarlas de nuevo, volver a abrirlas de nuevo, esos ahora se quejaban del calor porque el embarque tomó casi tres cuartos de hora. Cuando por fin acabó, cerraron la puerta, pero incluso con los motores y el aire acondicionado, el avión seguía siendo un horno.

La pista de despegue estaba cerca pero había cola y hasta que no empezamos a subir y no pasamos unos cuantos miles de metros de altura, no se empezó a notar que la temperatura se estaba normalizando. Después, por razones desconocidas para mí y creo que por primera vez en veinticinco años, la ruta nos llevó sobre Mandril, que yo no recuerdo un Ámsterdam – Gran Canaria pasando tan al este y después salimos al mar también mas metidos en España que en Portugal y bajamos bastante pegados a la costa de los joputas-terroristas-moros-de-mielda. Como íbamos tan al este, pasamos cerca de la isla de Alegranza, sobre Lanzarote y sobre Fuerteventura y finalmente el chófer giró y aterrizamos. Tengo que decir y digo que tuve asiento de ventana y hay vídeo del despegue, vídeo de la zona del estrecho de Gibraltar, vídeo de Lanzarote, vídeo sobrevolando Fuerteveentura y vídeo aterrizando.

También tenemos la ruta realizada por el avión que demuestra que no he soltado unas trolas muy grandes en este vídeo que hice grabando la pantalla de mi telefonino y usando el programa con el que compruebo los vuelos:

Salir en el aeropuerto a la calle con veintidós grados fue un gustazo, igual que pillar la guagua sin esperar y llegar a las Palmas de Gran Canaria en un momento, aunque en total, acumulamos dos horas de retraso por la caló en Ámsterdam, que ahora sabemos que el aeropuerto neerlandés no puede ni con la nieve en invierno ni con las olas de caló en verano. Es lo que hay y se llama CAMBIO CLIMÁTICO.

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