
Gracias a Dios que doverinto ya no lee el mejor blog sin premios en castellano y ahora busca consejo cinematográfico en las páginas de las revistas Pronto y Diez minutos porque seguro que si lee lo de hoy se pondrá a ladrar como perra en celo. Relacionado con la peli de hoy y para aquellos que me ven como un cacho de carne con ojos, recordarles que hace ahora 15 meses fui a ver a la filmoteca The Return, que básicamente es el tercer acto de esta película. La de hoy se titula The Odyssey y en España la han estrenado con el aburrido título de La Odisea, sin el gancho comercial de un truscoluña no es nación.
Un julay gilipollas no quiere volver a su keli para no ver al surnormal del hijo que parió su hembra.
Tenemos a un panoli, que los cristianos conocemos como Ulises pero que los gringos llaman Odiseo o algo así, se fue a jincarle el caballo a los de Troya y matarlos a todos o a casi todos y en esa chamba se pasó diez años y después se pasa otros diez años para volver a su reino y keli en Itaca porque es que es un güevón y mientras tanto, durante los veinte años que pasan, su hembra sigue esperándolo, tiene el palacio lleno de pretendientes que quieren ser el nuevo rey y jincársela hasta los pelos de los güevos y el hijo tonto, mongólico y surnomal que tuvieron corretea, pajarea y dice estupideces para conseguir que le den la paga por retrasado, mientras su padre busca hasta la última razón posible para demorar el regreso y cuando lo hace, tiene que solucionar la infestación de pretendientes en su palacio y acabar con tantos como sea posible.
Hagamos un recuento del tiempo que toma ver esto. Son casi veinte minutos de publicidad y tráilers antes de la peli, doce minutos de intermedio y ciento setenta y tres minutos de película, así que en total tenemos tres horas y veintipico minutos y en ese tiempo, me pregunté a mí mismo, varias veces, si no podían haber usado un poquito más la tijera y aligerado la cosa, porque hay tramos insoportables, sobre todo en la primera hora y por culpa del sistema de Christopher Nolan de contar historias de una manera no lineal, que vamos saltando todo el tiempo temporalmente a cosas que pasaron en el pasado, en el presente y en algún futuro. Después tenemos que el chamo decidió que todo famoso, famosillo y famosete que conoce debería salir en la peli y al menos decir cuatro o cinco palabras y la saturación de personajes es dantesca y entre ellos, el gilipollas de Tom Holland brilla con luz propia interpretando al hijo de Ulises, un tal subnormalacus, una alimaña odiosa y deleznable que yo me habría levantado en la sala a aplaudir si alguno de los pretendientes de la madre que lo parió se lo hubiese cargado. Tampoco me gustó nada la interpretación de Elliot Page, que después de que se empezó a hormonar y a convertirse en hombre es que parece más mujer que nunca antes, que de lesbiana se le veía más macho que ahora y me da igual el sexo que tenga, su papel es malo, estúpido y alargado con saña. Después tenemos a Matt Damon haciendo lo que mejor sabe hacer, que es convertirse en un cacho de carne con ojos que no puede mover un solo músculo facial y así, su cara de tristeza es la misma de su cara de enfado, de terror, de pena, de rabia, de alegría, es que no mueve un músculo. La película avanza a pasitos de procesión de Semana Santa y vemos famoso tras famoso y está muy bien rodada y todo lo que tu quieras, pero a mí me aburrió. La escena cerca del final con el Ulises matando pretendientes no sirvió para compensar todos los ratos aburridos que sufrimos previamente.
Absoluta y terminantemente prohibida para los miembros del Clan de los Orcos y de obligado visionado para los sub-intelectuales con GafaPasta.
