Me toma dieciocho horas, más o menos, desplazarme desde la isla de Guraidhoo en las Maldivas hasta mi keli en Utrecht y todo comienza con la falúa al aeropuerto a las seis menos cinco de la mañana, así que me levanté a las cinco, que no estoy contando esa hora en el cálculo, para afeitarme, jiñar, ducharme y hacer un último barrido de la habitación antes de irme. El chaval que nos hace el desayuno me vino a acompañar al barco, que salió religiosamente en hora y que yo sabía que hacía una parada en Maafushi para recoger más pasajeros, o al menos eso hizo en mayo, pero es que esta vez también paró en Gulhi para recoger a otros, con lo que aquello era como una guagua que se iba llenando. Pese a todo este trajín, tardó una hora en llegar al aeropuerto petado de turistas y cuando salimos, entré en la terminal y en el primer sitio en el que me pude sentar aproveché para ponerme los calcetines de compresión existencial, el pantalón del chándal y las playeras, que yo fui al aeropuerto en pantalón corto y cholas de playa porque estábamos a veintiocho grados. Ya vestido entré a recoger mi tarjeta de embarque, subí a pasar el control de pasaporte y después el control de inseguridad y ya estaba, con casi dos horas, en la zona de salida de mi avión, el cual elegí por ser un Airbus A320 pequeño, que si me espero cuarenta minutos puedo ir an un B787 enorme, pero no me gusta. El embarque comenzó temprano, el avión no iba para nada lleno y salimos cinco minutos antes de la hora. Como iba en ventanilla, hice unos fastuosos y facinerosos vídeos que veremos algún día cercano.
En ese primer avión nos dieron un almuerzo, aunque despegamos a las nueve y diez de la mañana y como yo no había desayunado, me encochiné a base de bien y me pedí la opción de carne de vaca, que casi siempre tengo que pedir pollo porque para hacer los vídeos me tengo que sentar atrás y no me llegan todas las opciones de comida. Aunque todavía no veremos el vídeo, sí que tenemos la ruta proporcionada por un programilla que uso. Esta vez lo grabé en mi tableta
Al ir un rato antes, tuve más tiempo en el aeropuerto y no tuve que correr desde un avión al otro y hasta pude tener mis dos minutos de meditación y agradecimiento al Emérito por todo lo que hizo por España y por todas las pelanduscas que se chingó.
En mi segundo avión, que era un Airbus A350, había mucha más gente pero de alguna manera, acabé con tres asientos para mí, así que de nuevo tenemos ventanilla y grabé un montón de vídeos pequeños, además del despegue y aterrizaje. Como volábamos de día, igual que en el otro avión, me negué a cerrar la persiana de mi ventana y creo que fui el único en mi zona, al parecer todos quieren ir durmiendo durante el día para estar desvelados de noche y yo no funciono con esa onda. En el avión anterior, una niña fue cerrándolas todas, de marimandona y cuando llegó a mi fila, le eché una mirada de asco y desprecio absoluto y se marchó corriendo y se tuvo que joder. En el vuelo este me dediqué a ver vídeos de mis series favoritas. Esta vez elegí la opción con pollo para comer, que eran las mismas tres opciones que en el avión anterior y durante el viaje me dieron tentempiés un par de veces porque me veían despierto. Cuando llegamos a Schiphol llovía y el aterrizaje, que veremos en su momento, fue espectacular.
De nuevo tenemos un estremecedor documento que nos muestra como arriesgué mi vida pasando por zonas de guerra y al ladito mismo de Irán, además de Arabia Saudita, Irak, Siria y Turquía, o mismamente, países de gentuza halal. En el anterior documento se puede ver también con mucho detalle la ruta por los Países Bajos y hasta la pista que usamos para aterrizar.
Cuando salí del avión pasé el control de pasaporte y me fui directo a la estación de tren, pillé el primer tren hacia Utrecht y una vez en la estación, como hacía un frío de que te cagas para el que no estaba preparado, opté por la guagua hasta mi keli, que la guagua me deja cerquita y con el tren tengo que caminar un kilómetro y estaba lloviznando. Aparte del montón de horas, todo salió muy bien.