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Como surgió Yendo a la Alhambra

El relato comenzó en Un viaje a Granada via Málaga

La mayor parte de la gente que tiene una bitácora y a la que le preguntáis el por qué lo hace, responderán con hipocresía con estúpidas razones, entre las que seguro que alguno incluye la Paz Mundial, ese ente abstracto que arruinaría la industria armamentística de varias primeras potencias si llegara a suceder. Muchas de esas personas mentirían ya que en realidad les mueve el dinero, el creer que se pueden hacer ricos o al menos conseguir un montón de pasta con un poco de esfuerzo al día y mejor aún si es a base de copiar y pegar. Para unos pocos, entre los que me excluyo e incluyo, la motivación es el entretenimiento, el pasar un buen rato y además, escribir el libro que quiero leer o las historias que me apetece ver. Como nadie las suministra, me monto las mías y después me paso las dos semanas siguientes leyéndolas y riéndome.

Elaborar esas historias no es algo que salga en un pis-pás y como diría yo mismo “de la punta de la polla“. En realidad el proceso surge casi siempre de un suceso real, en este caso un viaje y después se va moldeando según las mareas, la fase lunar, mis ganas y mi voluntad. Hay eventos que dejo pasar sin fijarlos en mi diario y otros que marco casi con ensañamiento. A priori nunca se sabe si lo que hago esta noche será o no uno de ellos y tampoco me preocupa demasiado, ya que mi primera prioridad es vivir y lo de contar viene después. Hace justo un año estuve en Oporto y en Galicia y no hablé nada de ese viaje y sin embargo de mi fin de semana en Málaga han salido ya tres anotaciones y habrán más, incluyendo la de hoy. Desconozco la razón, simplemente aquello que se combina para que en mi cabeza una idea pase de los niveles inferiores y subconscientes a los niveles superiores y culmine plasmada en algún medio de comunicación no se dispararon y aunque lo forzara esta noche, no saldría nada. Centrándome en el viaje a Granada, las 72 horas que pasamos allí han creado un caldo de cultivo increíble del que han surgido un montón de cosas y otras que no llegaré a escribir pero con las que me he reído un montón con mis amigos, tanto al contarlas como al vivirlas.

Uno de mis problemas a la hora de cuajar las líneas de pensamiento es que me llegan en el momento más inoportuno y si no detengo aquello que estoy haciendo y me centro, las pierdo o cuando las intento recordar no son tan buenas como aquellas que surgieron originalmente. Por suerte, la tecnología ayuda a paliar este problema y tener un iPhone y haber sido bendecido por la manzana mordida ayuda mucho. Doy gracias a ningún Dios por no haberme castigado con una cagada de esas que funcionan con Android y por permitirme usar la tecnología sin complicarme con ella, por poner en mis manos un dispositivo mágico y divino que funciona. Así, aunque muy pocos se lo crean, puedo estar yendo en bicicleta o estar en la estación de tren, recibir la inspiración divina y a falta de las comodidades que te dan un teclado y una pantalla grande, grabar la idea para no perderla. Es algo que hago a menudo y que más tarde elaboro, modifico, altero, manipulo, distorsiono y finalmente llega a la bitácora en forma de anotación.

Hoy nos zambullimos en el como se hizo la anotación Yendo a la Alhambra y presentamos dos documentos espeluznantes. Como digo, yo escribo para divertirme y no para divertir a los demás. Me cuento las historias a mí mismo y me lo paso pipa. No es raro el verme riéndome sin que se sepa muy bien la razón y si alguien pudiera espiar en el interior de mi enorme cabezota, descubriría una vocecilla que me cuenta las cosas para pasar un buen rato. Como esa voz no entiende de momentos adecuados, el otro día me pilló en la estación de tren de Hilversum cuando iba a regresar a casa. Estaba con la Dolorsi, esa bicicleta legendaria que me acompaña tan a menudo y el tren ya estaba a punto de llegar a la estación. Como las ideas no esperan, arranqué rápidamente la aplicación Springpad y añadí una nueva nota de voz. Lo que vino a continuación fue algo parecido a una conversación telefónica, solo que hablo conmigo mismo. En ese momento yo caminaba por el anden número 1 de la estación, con la bicicleta, hablándole al teléfono y al mismo tiempo pendiente de las pantallas que indicaban la hora de llegada del tren.

Para aquellos más retrasados como un servidor, si lo equiparamos al Modelo OSI, pensad en esto como en un atisbo a lo que sucede en el nivel 6 mientras que la anotación Yendo a la Alhambra sería lo que se ve en el nivel 7. En el nivel 5 están parte de mis pensamientos y en los inferiores no queremos ni saberlo.

Aunque a muchos seguro que les entra ganas de más, que sepan que esto no va a ser la norma y que ni aunque me regalen un micrófono chulísimo me voy a poner a dejar clips de audio ni a hacer mi propio Podcast, que ya sé que sería el mejor podcast sin premios en castellano pero no lo necesito para mi ego y ya me falta el tiempo tal y como estoy. También advertir que la calidad del audio deja mucho que desear porque aunque instalé el Audacity y traté de mejorarlo, la puta aplicación la hacen frikis que se creen que a todos nos gusta pulsar mil botones y tener diez mil parámetros para configurar y me cansé después de tres minutos y la desinstalé, que lo único que yo quería era igualar el nivel de sonido, quitar ruido y listo. Al final como no se me ocurría ningún lugar de hospedaje de clips de audio y no me da la gana ponerlo en mi servidor, he optado por añadirle una cutre-imagen que hice en Granada y lo he subido al llutuve.

aquí está el enlace al vídeo

Después de haber escuchado algo tan estremecedor y que si ahora volvéis a leer la anotación Yendo a la Alhambra veréis como fue manipulado, distorsionado y evolucionó hasta el producto final, tenemos otro clip que se oye algo mejor y que también está relacionado con la misma anotación. En el primero cubro hasta la llegada a las taquillas de la Alhambra y el segundo la parte en la que hacemos cola y compramos las entradas. Que sepan que hay 8 clips más pero dudo mucho que los use. En el segundo ya estaba dentro del tren y el ruido son los habituales en ese tipo de transporte, aparte de la gente a mi alrededor flipando en colores.

aquí está el enlace al vídeo

Y ahora, a reflexionar un poco. ¿Tienes imaginación? ¿Te montas tus propias películas?

El relato continúa en No podíamos parar de reir

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Mi primera y segunda visita a la Alhambra

El relato comenzó en Un viaje a Granada via Málaga

La Alhambra es un conjunto de edificios y jardines y en la visita pasas por varios de ellos. Nosotros comenzamos en el Generalife, con sus preciosos jardines y el palacio. Después pasamos junto al teatro y bajamos pasando junto al Parador de San Francisco y nos tomamos un refresco a precio abusivo en su cafetería. En el momento en que pasamos la iglesia de Santa María de la Alhambra estaba cerrada pero imagino que es más de lo mismo, un altar, cuatro figuras y un presunto tocador de menores que miente y habla en nombre de un Dios que nunca ha existido. Antes de entrar en los Palacios nazaríes visitamos el palacio de Carlos V, con un espectacular patio circular y una arquitectura que no tiene nada que ver con el resto aunque queda resultón.

Dentro de los palacios nazaríes nos perdimos los leones, que están en una sala hasta que acabe la restauración de las tuberías y todo lo demás y no volverán a su posición original hasta octubre y por culpa de esto tuvimos que deshacer casi todo el camino para verlos. Al acabar la visita bajamos de nuevo andando a la Plaza Nueva y nos acercamos al apartamento en donde er Pisha de Caí y el Niño estaban recuperándose del tremendo esfuerzo deportivo que hicieron. El Niño eligió quedarse descansando y los demás nos fuimos a la Plaza Nueva en donde habíamos quedado para conocer a Landahlauts y paseamos con él un poco acabando en una dulcería para merendar. Aunque se dice y se cuenta que las bitácoras son entidades místicas escritas por seres legendarios que casi que no caminan por nuestro mundo, yo salí rana y soy más bien del montón y a lo largo de los años he conocido a muchos de los lectores y comentaristas de esta la mejor bitácora sin premios en castellano.

Después de merendar el tiempo presionaba mucho ya que yo tenía la hora para entrar en la Alhambra para la visita nocturna a las 20.00. Comenzamos a pasear de vuelta al piso y al llegar allí me acerqué a avisar al Niño y después de despedirnos de la tropa, cogimos un taxi. Como algunos me acusan de poco preciso, repito que el Niño existe y ahora, además de la palabra de un servidor y de la de Waiting, tenemos la de Landahlauts para confirmarlo. El taxista intentó seguir nuestra conversación pero no pudo, le confundían los saltos de idioma. A medio camino pillamos un poco de tráfico y vinimos llegando a la puerta de la Alhambra exáctamente a las 20.00

Por la noche parece que la cosa funciona de manera distinta. No hay múltiples horas sino una sola. La cola era más nutrida que la de la tarde y nos tomó un rato pasar. Fue un poco decepcionante, se ve la grandeza del lugar pero la iluminación es una puta mierda del copón y el soplapollas que vigila te amarga la visita. El comemierda no dejaba hacer fotos en el jardín. Cualquiera que lo oye diría que los flashes dañan la capa de pintura barata de los edificios. Como solo había uno vigilando, la gente se repartió en dos grupos y cuando él iba a un lado, los del otro se hartaban a hacer fotos y de repente lo oíamos gritando, parábamos y comenzaban los de la otra zona. El recorrido nocturno es infinitamente más corto y aunque se ven algunas cosas, es un ROBO ya que pagas lo mismo que por ver el lugar durante el día. El Niño se enamoró de la guardiana de los leones, una chama que se gana el sueldo leyendo un libro mientras hace como que vigila y quería preguntarle algo pero no se atrevía así que me acerqué yo mientras él ponía la mejor de sus miradas de intelectual y la interrogué sobre el momento en el que los leones volverán a su emplazamiento original. Nos dijo que será en octubre. Después el Niño trató de preguntarle algo pero ella se hizo la Lolailo con lo que podemos afirmar y afirmamos que esta no habla inglés. Algunos de los supuestos intelectuales que estaban visitando el lugar no captan el sentido del humor tan modesto y sencillo que tenemos nosotros y nos miraban horrorizados mientras creábamos escenarios en los que les metías el rabo por la boca a los leones para hacerte fotos, los montabas por detrás y demás. Al parecer uno debe anular cualquier indicio de imaginación y convertirse en un ser gris y apocado.

Al salir de los palacios nazaríes entramos en el palacio de Carlos V y éramos las únicas personas allí dentro. Además de hacer fotos recorrimos la planta alta con fantasías pérfidas de alguna reina borbónica que nunca existió y que reuniría en ese patio circular a cien jóvenes súbditos y se montaría un gang-bang que no veas y todo el mundo se correría al unísono sobre su alteza real regándola de la lefa de la vida y dándole alguna utilidad a una institución tan estúpida, absurda y redundante como es esa de los de sangre azul oscuro casi mierda.

Bajamos andando de nuevo (y ya era mi tercera vez en ese día) a la Plaza Nueva y nos acercamos a reencontrarnos con er Pisha de Caí y Waiting. Fuimos a la zona que nos recomendó Landahlauts para cenar pero ya era muy tarde y estaba todo petado así que elegimos un restaurante de uno de los bares de tapas de cuyo nombre no puedo acordarme y cenamos en plan normal.

Al acabar la cena, tanto Waiting como el Niño y un servidor queríamos tomarnos unas copas pero er Pisha estaba cansado así que lo programamos para que volviera al piso por su cuenta y nosotros salimos decididos a volver a la casa con la camisa del revés y con al menos un mojito entre pecho y espalda pero ese será otro episodio de estas infames memorias de Granada.

El relato no continúa pero sigue en Como surgió Yendo a la Alhambra

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Yendo a la Alhambra

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Lo único que hicimos al llegar a Granada fue salir a cenar. El dueño de la casa nos recomendó el Restaurante Bar León que además nos quedaba muy cerca y al mismo fuimos. Como ya era tarde tenían mesas disponibles y nos sentamos a cenar allí, a todas estas manteniendo una conversación que fluctuaba desde el inglés al neerlandés y al español y con el Niño asombrado porque yo me suelo negar a hablar esa lengua bárbara. Después de cenar optamos por recogernos pronto (es un decir, debía ser cerca de la una) ya que el equipo Beta se iba a las siete de la mañana a Sierra Nevada a esquiar.

Al alba, cuando se iban a esquiar, uno de ellos abrió la puerta de mi habitación y al cerrarla dio un golpe que me despertó y yo por supuesto que acusé al Niño de hacerlo con alevosía e inquina por pura envidia. Además, como hay esta ansia tan grande en el universo de verme de cerca y la gente poco menos que se saca los ojos por mirarme, ya es que me creo que haya alguien más que cierta otra persona que quiera verme durmiendo. Yo soy consciente de ser el Elegido y todo eso pero hay que respetar ?? señores ?? un poquito de respeto.

A las nueve de la mañana me levanté, me duché y me encontré con Waiting para comenzar nuestra jornada. Salimos de la casa y tomamos por la Gran Vía hacia la derecha, el camino que nos indicó er Pisha de Caí. Nosotros que no tenemos maldad ninguna le hicimos caso y como esa era la dirección para ir hacia la Alhambra, pues la seguimos. Encontramos una dulcería y allí desayunamos. Nos sentamos en una mesa y no vemos los miles de carteles que avisan que no se sirve en las mesas y nosotros le echamos unas miradas matadoras a una de las empleadas y funcionó porque nos atendió. Después de comer, salimos a la calle a buscar un taxi y no pasa ni uno pero en el otro sentido son continuos. Después de casi tres minutos esperando llega uno, nos montamos, le decimos que nos lleve a la Alhambra y el hombre en la primera rotonda giró y deshizo el camino, demostrando que no hay que hacer mucho caso de lo que te digan.

La razón por la que cogimos el taxi es que nosotros no somos mileuristas ni tenemos nómina de la Alianza de las inCivilizaciones del presidente Zapatazos, así que nos da pereza caminar o tomar un autobús de precio de risa cuando por cuatro eurolos (cuatro leuros que se dice en algunos lugares ??) nos llevan hasta la puerta con la dignidad y el empaque que nos merecemos.

El taxista escuchaba nuestra conversación que cambia continuamente e incluso se mete en la misma aunque en cierto momento alguien lo llama, el por supuesto responde al teléfono porque al parecer se permite y se pone a darle direcciones a un compañero que está yendo hacia algún lugar en el que hay un criminal o un borrachuzo que debería estar entre rejas. Esto es más o menos lo que averiguamos escuchando mientras él y nosotros hablamos. Nos deja en las taquillas y justo en ese momento hay cuatro mini-autobuses de la línea 30 parados y a punto de descargar a un montón de gente. Yo que salgo del taxi corriendo y apurando a Waiting para ir a la cola pero claro, como ella se cree una Reina y desde que vio la película de la Reina Elizabeth camina como si fuera de sangre azul oscura casi roja y arquea los brazos como si le endiñaran algo debajo de los sobacos, pues como que no va a ser y me mira con cara de “yo no estoy aquí para correr” y tengo que salir por patas para llegar primero y que no se me ponga delante toda aquella chusma y gentuza y a uno le duele que no por nada es el autor de la mejor bitácora sin premios en castellano y casi que un mito y una leyenda pero lo hice porque también soy modesto y sencillo como pocos o quizás ninguno.

Nos ponemos en la cola y detrás tenemos a una familia con una niña de esas que gustan de montar un número y la chiquilla empieza a dar berridos y a subir los decibelios mientras los padres, tíos, primos, abuelos, sobrinos y demás familia no le hacen caso y la puta niña venga a berrear y todos a tratar de calmarla, que es justo lo que ella quería ya que lo hizo por el espectáculo. En eso que vamos avanzando poco a poco y escuchamos unos ruidos rarísimos, como guturales y que parecían provenir de la garganta del tío que estaba delante de nosotros, que hacía unos sonidos tenebrosos como si se estuviera raspando la garganta y él acumulara la piel de la misma para escupirla y aquello es que debe ser cancerígeno o venenoso. Estamos poniendo algo de distancia cuando la novia/esposa/compañera del chaval le da un pico que no veas de esos con lengua sucia y todo y nosotros asqueados, con arcadas. Aquello parecía una transferencia de substancias líquidas solo que aquel hombre solo producía aquellos ruidos rarísimos y mientras nos daban el número anuncian que se han acabado las entradas para la mañana. Al momento otro anuncio en la megafonía dice que quedan doscientas cincuenta entradas para por la tarde y yo que miro por delante y veo que tenemos unos diez y pienso que lo conseguiremos ya que sería mala suerte que justo los diez sean los hijoputas que van a comprar veinticinco entradas cada uno para revenderlas y efectivamente, la cola avanza ligerita y en unos minutos conseguimos nuestras entradas para la tarde y con la visita a los Palacios nazaríes a las cuatro y media de la tarde. Aún era temprano y como teníamos unas horas decidimos bajar caminando al centro y visitar la catedral y otros hitos de la ciudad.

El paseíllo de bajada es muy bonito y el día era espléndido, de esos que en Holanda sería veraniego. Llegamos a la Plaza Nueva y nos acercamos a la oficina de información turística y le preguntamos a la chama que está allí hablando con alguna amiga por teléfono y haciendo como que trabajaba y cuando por fin la cansamos le pedimos un mapa y le preguntamos como ir al Barrio del Sacromonte y al mirador de San Nicolás y nos indicó las líneas de autobuses y nosotros que estábamos acarajotados salimos a la calle, nos vamos a la parada de guaguas y vemos que va a tardar media hora y como no queremos empobrecer nuestro espíritu y perder karma positivo haciendo algo no digno, cruzamos la calle y tomamos un taxi y por cuatro leuros nos lleva hasta el Mirador de San Nicolás. Disfrutamos con la vista, hago las fotos de rigor y en un momento determinado todo los que estaban vendiendo ilegalmente en el sitio recogen los bártulos y se transforman en turistas, haciéndose los lolailos aunque en el suelo habían quedado zarcillos, cadenas, anillos y otras baratijas que venían. El coche de la policía se plantó allí mismo y les jodió el negocio y una gitana lanzaba miradas envenenadas hacia los de los Cuerpos de seguridad del Estado.

Optamos por bajar andando y nos perdimos por los callejones del barrio y regresamos al centro. Visitamos la capilla Real en la catedral para ver las tumbas de los Reyes Católicos y hay que ver que poquita cosa que son. No entramos en la catedral ya que te levantan tres leuros y medio por ver una iglesia como otra cualquiera y tengo clarísimo que yo no patrocino a presuntos tocadores de menores. Almorzamos en un sitio llamado Restaurante los Manueles en la Plaza Nueva y que estaba muy bien y después entramos en un bareto de la zona para tomar el café (en mi caso) y un vinito (en el de Waiting). Pedimos y el empleado le trae un vaso a mi amiga, le pone el vino y al parecer no es suficiente y se le ha acabado la botella. Abre otra y le llena el vaso como si la foto de Waiting presidiera las reuniones de Alcohólicos conocidos. Mi café ya estaba listo en la máquina pero al tío le dio un jamacuyo y se queda como acarajotado mirando entre abobancado y borbónico hacia adelante y después de un par de minutos consigo recuperarlo y traerlo de regreso a este mundo y le pregunto si tiene pensado el traerme el café en algún momento de la historia cercana del país y el tío me mira con cara de no entender nada pero finalmente reacciona y me lo sirve.

Al salir de allí nos vamos a la parada de taxis y no hay ninguno. Somos los segundos y cuando ya nos va a tocar el turno, se nos cuela un viejo y Waiting le echa la M-I-R-A-D-A. No se puede describir, hay que verla para creérselo, pero el hijoputa no lo aguantó y se marchó y justo en ese instante llega un taxi y nos montamos. Volvemos a pedirle que nos lleve hasta la puerta de la Alhambra y una vez allí compramos entradas para la visita nocturna ya que se me ocurrió que estaría bien que el Niño también se culturice un poco y así yo de paso veía el lugar de noche. Entramos y fuimos viendo las diferentes partes del recinto. Huelga decir que la Alhambra de Granada es preciosa.

Ya me he vuelto a extender un montón así que cortamos el relato y lo dejamos para otro día

El relato continúa en Mi primera y segunda visita a la Alhambra

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Un viaje a Granada via Málaga

Cada año me planteo el mismo objetivo: al menos una vez al mes, ir a algún lugar y hacer un poco de turismo, ya sea solo o en compañía de aquellos que considero los míos. En enero estuve en Gran Canaria y casi que fui a Dusseldorf aunque al final me pudo la pereza y lo dejé pasar. En febrero organicé junto con Waiting, er Pisha de Caí y el Niño una escapada de fin de semana largo a Granada. Para marzo tengo previsto una visita a Gran Canaria y ya ando en negociaciones con varias partes para cubrir el mes de abril. En mayo me gustaría saltar a Tailandia y Birmania, viaje que cubriría también gran parte de junio y ya más adelante no puedo saber a ciencia cierta aunque tengo una visita a Munich, otra a Nuremberg, otra a la Selva Negra, un viaje a Lisboa y algunas otras cosas pendientes. Que conste que no me quejo.

Como decía, un buen día, quedé como todos los domingos para ir al cine con el Niño. Lo que convirtió aquella cita en especial es que Waiting también se vino con nosotros y después de una sesión doble, acabamos los tres cenando junto ar Pisha de Caí. Aunque no se conocían de nada, la magia que rodea mi mundo hizo su efecto y no se cayeron mal. Para cuando llegamos al postre ya hablábamos de ir juntos a Granada, lugar en el que podíamos combinar actividades deportivas de invierno para el Niño y er Pisha con actividades puramente turísticas para Waiting y un servidor. El martes de esa misma semana ya discutíamos fechas y para el jueves ya teníamos los billetes, permiso en nuestros trabajos y era cierto que nos iríamos de vacaciones.

El viernes de la semana pasada, me marchaba a trabajar con una mochila preparada para una escapada de tres días. Mi lista de objetos para viaje que creé hace un tiempo me sirvió para organizarlo todo en cinco minutos y no dejarme nada. Esto de los viajes lo he llegado a dominar de tal manera que hago la maleta en un instante. Me fui al trabajo en guagua y una vez en la oficina, pasé la mañana trabajando. La parte más dura fue dejar todo el contenido de los siguientes tres días escrito, algo que me tomó bastante tiempo.

A la una menos cuarto salía de mi trabajo e iba a la estación de tren de Hilversum. A las dos menos cuarto me encontraba en el vestíbulo de la estación de tren del aeropuerto de Schiphol. El Niño se había enamorado de una chica que estaba tocando música junto a otra fea que la enaltecía y que al parecer hacían por una causa benéfica. Como le sucede siempre, tan pronto como se enamora se pone de un paliza que no veas. Lo tuve que arrastrar hasta los mostradores de facturación para dejar su pesado bolso, con la ropa de esquiar y piedras o algo parecido. De los cuatro, yo era el único que va con lo mínimo y si hay una desgracia, compro lo que necesito en el terreno. Para que no pongan pegas a mi mochila, tuve que camuflar los objetivos de la cámara y algunas otras cosas en el abrigo de invierno y al pesarla lucía cuatro kilos y ochocientos gramos, doscientos por debajo de la arbitraria marca establecida por Transavia. Cruzamos el control de seguridad y nos sentamos en un café a tomarnos una cerveza y unas tostadas. El Niño avisó a sus compañeros de trabajo y por allí pasaron algunos a conocer la Leyenda, ya que lo de la gente conmigo es como religioso. Repartí bendiciones a todo el que las pidió y a las tres y media nos acercábamos a la sala de embarque asignada a nuestro avión, la cual obviamente ya habían cambiado y tuvimos que deshacer el camino andado. Yo había hecho las reservas cuarta y quinta y elegí sentarnos en la primera fila, en ventana para que el Niño tenga sitio para esas patitas tan cortas que tiene con su metro noventa y seis centímetros de carne neerlandesa. Como dice el título del libro y la película, I Am Number 4 y ese era mi número de secuencia en la tarjeta de embarque. Se notaba desde distancias siderales que los dos azafatos sufrían de julandrismo y uno de ellos me quiso tocar el paquete para asegurarse de que mi cinturón estaba bien abrochado, algo que me pasa en casi todos los vuelos. Me gusta mucho el nuevo detalle en el uniforme de los azafatos, con esa botellita enganchada a la pernera para recoger todo el aceite que van perdiendo. No creo que sea virgen pero seguro que es refinado.

Volar es un puro engaño. Cada vez me lo creo menos. Montan un espectáculo, hablan, te explican el cuento de los chalecos salvavidas y para cuando te das cuenta, llevas media hora de retraso, acabas de separarte del suelo y durante las siguientes dos horas y veintinueve minutos, te aburres como una ostra porque nunca hay turbulencias, nunca hay despresurizaciones de cabina y nunca pasa nada. Saqué mi iPad de primera generación y estuvimos compitiendo con el Fruit Ninja HD. Al llegar, aterrizamos y nuestro avión se acercó a la puerta asignada en ese mastodóntico y horripilante aeropuerto nuevo que han hecho en Málaga. Que yo recuerde está casi recién estrenado pero parece que los problemas ya han comenzado. Tardaron veinte minutos en conseguir mover la pasarela y conectarla al avión. Primero había uno, después vinieron dos empleados más y finalmente eran cinco, todos moviendo las manos acalorados, gritándose y sin que pasara nada. Esto lo veíamos desde nuestra privilegiada ventanilla en la primera fila y yo le explicaba al Niño que eso es lo que hace a España el líder del Tercer Mundo. En otros sitios las cosas funcionan y se puede tener una cantidad razonable de empleados pero como en el Reino de la Alianza de las inCivilizaciones todo se construye con mentalidad faraónica y la mitad de los empleados son primos, amigos, sobrinos y demás, pues así va la cosa.

Cuando los tipos aquellos descubrieron donde estaba el freno de mano de la pasarela y la lograron poner en marcha, la conectaron al avión y salimos. Ya había pasado tanto tiempo que al llegar a las cintas para recoger el equipaje ya estaba todo afuera. Lo comenté en diciembre. El aeropuerto de Málaga está muy mal señalizado, parece que los carteles los puso un bizco. El Niño ya se me iba para el lado equivocado cuando le señalé la oculta salida. Si crees que hay un montón de bares en la parte insegura del aeropuerto, estás muy equivocado. Dimos con uno que no tenía cosas que nos gustaran en llegadas y después con otro en la terminal vieja de salidas, sitio al que tuvimos que caminar un güevo ya que estábamos por la parte nueva. Mientras avanzábamos hacia el bar, nos cruzamos con un grupo de africanos (personas de color si eres muy sensible y negros si te criaste en mi época y te la suda enormemente el comemierdismo actual). Una mujer perteneciente a ese grupo parecía haberse separado y un blanco o Bwana que estaba con ellos le gritaba desde una terminal a la otra. Si le ponen las lianas, aquel era Tarzán pero en versión estropeada. Los gritos eran espeluznantes y la mujer andaba como veinte metros por detrás de nosotros, así que durante toda la travesía veíamos al energúmeno dando gritos y agitando las manos pero no sabíamos muy bien por qué lo hacía. Cuando se topó con la mujer le montó un espectáculo completo y consiguió la atención plena de todas las personas que estaban en la antigua terminal de salidas del aeropuerto de Málaga. Nosotros nos compramos unos bocadillos y unos refrescos y cuando nos íbamos a sentar a comérnoslos me avisó Waiting de que estaban entrando en el recinto aeroportuario y nos jodió el festín.

Salimos a encontrarnos con ella y er Pisha de Caí, metimos nuestro equipaje en su utilitario y comenzamos el viaje hasta Granada. Llegamos de noche y buscamos el piso que habíamos alquilado, La casa del cadí, muy céntrica y que ha resultado un descubrimiento fantástico. Después de tomar posesión y que cada uno eligiera su dormitorio, salimos a cenar y como este cuento se ha alargado mucho, lo dejo aquí y ya seguiré contando el resto.

El relato continúa en Yendo a la Alhambra