Gaseado

Otro viaje a Gran Canaria y este me recordó a otros que hacía unos años. Ya ni me acuerdo de la última vez que fui a Gran Canaria en un vuelo a las siete de la mañana, sobre todo porque cuando vuelo con Transavia tienen varias alternativas y prefiero pagar diez leuros más y coger un vuelo más tarde, de la misma manera que pago otros diez leuros más para regresar en uno que llega a los Países Bajos y ahorrarme esos vuelos que aterrizan de madrugada. En este caso, no había opciones y el vuelo con buelin salía del aeropuerto de Amsterdam a las siete de la mañana y como solo tenía equipaje de mano, opté por ir en uno de los trenes nocturnos, cuatro trenes que salen cada hora, uno desde la ciudad de Rotterdam con destino Utrecht pasando por el aeropuerto, Amsterdam Centraal hasta mi ciudad y el otro sale de Utrecht, con destino a Rotterdam y haciendo las mismas paradas. Opté por ir en bicicleta hasta la estación y dejar allí mi bici, que el primer día el aparcamiento es gratis y después me cobrarán un leuro y treinta céntimos por día. Me levanté a las tres y media de la mañana y un rato más tarde estaba en camino a la estación con la bici, en un recorrido en el que solo me crucé con otro ciclista, ni coches ni gente andando por las calles desiertas de Utrecht. Llegué a la estación sobre las cuatro y cinco y el tren salía diez minutos más tarde.

El tren nocturno sale de un andén distinto al habitual para los trenes que van hacia Ámsterdam y tiene todas las puertas de acceso cerradas, salvo por una, en la que hay un montón de revisores y securatas, para manejar a los que puedan querer colarse, algo imposible en ese tren. Como la puerta que abren está en un extremo, acabamos todos sentados en ese lado del tren y el resto vacío. El tren salió en hora y como hace una ruta más larga, tarda unos cuarenta y cinco minutos en llegar al aeropuerto frente a los treinta habituales. Esa ruta también es extraña porque en ocasiones, solo usan una de las cuatro vías disponibles hasta Ámsterdam y por el camino, el tren reduce su velocidad para cambiarse de vía cuando viene uno de los otros en dirección contraria, lo cual nos pasó cerca de Ámsterdam. Al llegar a la capital, ya eran las cinco menos cuarto de la mañana y allí se llenó el tren con gente que iba a trabajar al aeropuerto, al cual llegamos a las cinco y un minuto.

Pasé el control de inseguridad, que en los aeropuertos neerlandeses es un proceso maravilloso desde que pusieron los escáneres que permiten evitar el sacar los líquidos y los aparatos electrónicos. Después del control, me fui a la puerta de embarque a esperar. Entramos en hora y el avión iba medio lleno, aunque todos estábamos sentados en la parte de atrás porque buelin, si no pagas, llena el trasto de atrás a adelante y sin dejar un puto asiento vacío entre los pasajeros. En realidad nos separamos del aeropuerto diez minutos antes de tiempo pero había otro avión un poco más adelante saliendo y básicamente esperamos ese tiempo por bloqueo de la carretera. Por suerte la pista de despegue es una de las cercanas y estuvimos en el aire muy pronto, con un despegue muy bonito en el que no se vio ni un solo campo con tulipanes, que a estas alturas ya deberían estar en flor pero igual ya los han cortado.

Según estamos subiendo, yo y los julays que iban sentados a mi lado, fuimos obsequiados con un ataque químico que nunca supimos si nos vino de la fila por delante o de la que teníamos por detrás. Alguién estaba bien podrido por dentro y ese fue el primero de muchísimos, que en cuatro horas y media el susodicho no dejó de gasear, se tiró una cantidad increíble de peos, todos sin sonido pero letales, que gracias a Dios que teníamos mascarillas y eso si te protege del virus pandémico truscolán y podemita, también mitiga el hedor putrefacto, que hasta los tripulantes de cabina, cuando pasaban con su mercadeo, por allí no se paraban porque el ataque químico era continuo. El piloto lo supo o se lo imaginó y llegamos a Gran Canaria quince minutos antes de tiempo y nunca llegamos a saber quién fue el Jovita que nos sometió a tremendo castigo, pero como no tenemos que ser negativos, solo le deseo un cáncer mortal de estómago y que se lo detecten cuando ya se le haya distribuido por todo el cuerpo.

Al salir del avión, el control de códigos QúeRre es ahora más simple y solo miran que estés vacunado, de lo contrario tienes que llegar con un PéCéeRre. Tras esto, fui directo a la parada de la guagua y seguí para la ciudad de las Palmas de Gran Canaria y curiosamente, el tiempo en los Países Bajos se veía mucho más agradable que el que me encontré en África.

Por sulaco

Maximus Julayus

3 comentarios

  1. Me alegro de que alguien te haya dado a probar de tu propia medicina, que aún recuerdo lo que hacías en los ascensores de la empresa el día después de ponerte tibio de fabada.

  2. jajaja Iba a escribir exactamente lo que ha puesto Luis, es un remedio infalible!!! 🙂
    Menos mal que los peos no se reproducen en los videos…por ahora… 🙂
    Salud

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.