La tipa del tren

El regreso desde la Photokina en Colonia era nuevamente en tren, sobre todo porque mi amigo el Moreno no ganó el concurso y por consiguiente, no consiguió el coche. Cenamos en el centro de la ciudad a toda prisa porque los sábados hay menos trenes hacia los Países Bajosy en lugar del tradicional que sale a las 20.19, teníamos que ir en el anterior, a las 19.19 con lo que no pudimos ir a nuestro restaurante favorito por estar petadísimo y tener unos tiempos de espera muy largos. En este viaje conseguimos no tener que reservar asiento, algo que hace dos años era obligatorio y con lo que te sacaban una pasta adicional. Nos pusimos en la zona del andén en la que se detenía la parte deseada del tren y cuando llegó, entramos corriendo y pillamos dos asientos que no estaban reservados. Entraron muchísimos más holandeses, un asiático, yo diría que chino, definitivamente no era joputa kabezudo koreano de mielda porque no tenía el barreño en la cabeza y entró una pájara que se sentó en nuestra misma fila, al otro lado del pasillo.

Salimos en hora y todo iba bien. Miramos las fotos que hice con la cámara, las que hice con el dispositivo mágico y maravilloso, charlamos, nos tomamos unas cervezas. El chino kudeiro resultó del clan de los dotados con la ignorancia de otros idiomas y permanecía en silencio en su ventana. Cuando estábamos a punto de cruzar la frontera entre Alemania y los Países Bajos, un lugar virtual ya que no ves nada, el tren se detuvo en la última estación. Supusimos que era para que los picoletos de aduanas se suban a hacer el control, algo que nos ha sucedido en otras ocasiones pero no había nadie en el andén y el tren se paró. Al rato el conductor anuncia por la megafonia en alemán, neerlandés e inglés que la parada imprevista se debe a que no hay corriente en la línea. Lo primerito y lo segundito que pensé fue que los putos que roban el cobre en España estaban por la zona trabajando. El chino se puso nervioso y empezó a agitarse como cuando un volcán entra en erupción y trató de comunicarse con cualquiera de los que estábamos por allí:

Aire, cielo, vida, agua, salir, morir, llegar …

Y nos dejó a todos descolocados. Alguien le preguntó y soltó otra parrafada:

luz, fuego, matemáticas, sombras, números, primos, hermanos, calentorra

Y nos descolocó aún más. Lo intentó un par de veces más y sin venir a cuento se echó a andar hacia la parte trasera del tren, aunque no sabíamos muy bien por qué o para qué. Como en la compañía que me paga la nómina recibimos a colegas así casi todos los meses, estamos acostumbrados y nos lo tomamos a cachondeo (el último estuvo la semana pasada y no sabía ni decir buenos días en inglés). Le comenté al Moreno:

Este pájaro chino va bien jodido

La penca que estaba en nuestra fila se viró hacia nosotros y con gran arrogancia y en voz alta para que todo el mundo la escuchara me dice:

¿Tienes algún problema con los chinos?

La miré desde las pezuñas negras de los pies hasta las pezuñas de gallo de los ojos y le dije en el mismo volumen:

El que tiene un problema es el chino

Y dos filas más atrás se oye otra voz que dice:

Un problema de los gordos

La tía me miró con cara de odio y como supo en ese instante que yo aceptaba el reto y estaba dispuesto a la confrontación, se cayó y se volvió a meter tres dedos en la pipa del coño. En el Hembrario, esa enciclopedia sagrada que define de manera clara y directa los distintos tipos de lobas que hay falta una que aunque conozco, por pereza no he comentado. Son las JAPUTAS, hembras que quizás porque tienen las uñas largas y se raspan el piporro cuando se tocan, quizás por odio ya que podemos mear de pie, quizás por otras razones más rebuscadas, siempre buscan la alienación de los hombres a su alrededor. A mi si se trata de una confrontación física con el primo hermano del de ZumoZol, yo me quedo callado como puta vieja porque se que no puedo ganar pero cuando la confrontación es verbal y se puede finiquitar con algo de manipulación, considero un deber y un privilegio el destruir al oponente. Por supuesto lo que yo tenía era una conversación privada con el Moreno, la cual sucedía en un tren y que no le debe importar a nadie. Por descontado, incrementé mi volumen para alcanzar cuatro filas hacia adelante y cuatro hacia atrás y así tener otras treinta y dos personas escuchando, o treinta y una porque el chino estaba en su babia particular. La conversación tenía un tema muy específico. Desplantes y movidas chungas con asiáticos y como llevo casi diez años trabajando para una compañía de la zona, tengo munición para tumbar un portaaviones. Lo que sucedió en los siguientes noventa minutos fue el cruel disparo constante de anécdotas, por supuesto en una conversación casual con un amigo que las confirmaba porque se le habían olvidado. Ella se fue calentando más y más y se podía oír perfectamente como se le pudrían los óvulos y se le desprendían, cayendo al suelo como canicas. Perdió toda la producción del 2014 y el 2015, con lo que ya sabe que puede mamar pollas sin condón y no se arriesga a quedar preñada. Intentó taparse los oídos con las manos porque mis golpes eran directos y continuos y todo el vagón se partía la polla de risa. Aguantó como pudo, aunque al final el Moreno me lanzaba miradas para que parara porque parecía a punto de echarse a llorar, algo que a estas alturas debería saber que no me detiene. En lo que corresponde a la guerra, si no eres capaz de ganar una guerra, no la empieces porque para mi, el único enemigo bueno es el muerto. Al llegar a la estación de tren tuvo tan mala suerte que ella también se bajaba e iba delante de nosotros cuando el Moreno se descojonaba por lo mal que lo había pasado la pécora aquella. Le expliqué que era una JAPUTA y que cuando te cruzas una en tu vida y le puedes dar un repaso de cuidado de estos, es como un regalo divino que no hay que dejar pasar. Esta además se irá a casa jodida, sin haber sido pagada pero sabiendo que nunca más se cruzarán nuestros caminos. Cierta JAPUTA en Gran Canaria seguro que le podría explicar que ella perdió la batalla, perdió la guerra y acabó siendo segregada y suprimida de nuestra pandilla y todo por mentir y acusarme de algo que no dije ni hice.

Lo dicho, nunca comiences una guerra que no puedes ganar. Llegamos a Utrecht con cuarenta y cinco minutos de retraso con lo que nos devolverán la mitad del precio del billete de vuelta.

Por sulaco

Maximus Julayus

5 comentarios

  1. Genín, no me preguntes de matemáticas porque soy terrible. Ni se te ocurra preguntarme de campos y ondas electromagnéticas porque soy una nulidad. No me pidas que te monte un mueble de cierta empresa sueca a menos que quieras que te sobren piezas. Pero cuando se trata de evaluar a la gente, no fallo. En el primer segundo ya los he catado y si es una de esas personas que les mola pisotear, yo soy la versión pachanguera de Terminator.

    Puedes preguntar en mi oficina como he mantenido a cuarenta personas de mala leche y deprimidas en las últimas semanas y no he realizado ningún gran esfuerzo o quizás uno de mis amigos canarios te puede explicar que el mayor error de su vida en la época universitaria fue no permitirme acabar con la relación que tenía con una chantajista emocional que lo tuvo dos años más amargado y trató de joderle la vida incluso después de eso. Él y otros me obligaron a parar cuando la había acorralado, neutralizado y ella amenazaba con caminar hacia la luz. Yo sabía que era mentira, que era parte de su chantaje pero todo el mundo se acojonó y no me permitieron acabar el trabajo. Opté por dinamitar la pandilla y establecer relaciones uno-a-uno con cada uno de los que me interesaba. Como siempre tengo varias pandillas, desplacé mi foco hacia una de las otras y yo me lo seguí pasando igual de bien.

  2. Nope. Yo no busco las situaciones, no las creo. Respondo a los ataques, con lo que no encajo en ese grupo.

    Definitivamente soy malvado y cruel y todo lo que tu quieras, aunque realmente, todo es pura y simplemente manipulación, la cual evito entre mis amigos porque me aburren las marionetas.

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