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La verdad – La vérité

Estas navidades arriesgué volviendo a ir a ver cine francés en España y al menos el ejercicio didáctico me ha servido para recordar por qué evito las películas de ese país. Simplemente, no estoy hecho para ellas, alcanzan unos niveles de aburrimiento y arrogancia que no se pueden medir con los instrumentos disponibles hoy en día. Mi película final del 2019 fue un trusco, una que me hizo frenar en seco y tras la que decidí no ir a otro drama que había en el cine para proteger mi cándida alma de semejante maltrato. Esta última película se titula La vérité y en España se estrenó en Navidades como La verdad.

Una julay vuelve a casa y no veas la rabia que le da la madre que la parió.

Una vieja que es diva-divona gabacha, acaba de publicar sus memorias y su hija vuelve a casa antes de Navidad con su marido e hija respectiva y cuando lee las memorias se coge un empute que no veas. La madre vive en su propia burbuja, como el marqués Podemita que pretende que creamos que sus amigos venezolanos son bellísimas personas y que su keli es una fabela y ambas hembras chocarán como trenes en la misma vía. En el evento, el secretario de la madre se va, la hija toma el control mientras la vieja graba una película y aquello parece destinado a descarrilar pero que seguro. O algo así.

Gracias a Dios, repito, gracias a Dios que me senté en la segunda fila y la chusma y la gentuza de los sub-intelectuales con GafaPasta que estaban en la sala no me vieron ni oyeron sobar, porque lo que se dice sobar, puedo confirmar y confirmo que lo hice. La película prácticamente mata de aburrimiento, ahí nadie da pie con bola y da igual que pongan gente famosa si el guión está escrito en un trozo usado de papel higiénico y con la mierda que tiene pegada es difícil leerlo. La película se va complicando, o al menos cada vez que me despertaba era más tediosa y de repente, al final, da dos bandazos y el director se inventa un final feliz o algo así que me provocó arcadas. Esto demuestra que da igual lo grandes que seas, que gente como Catherine Deneuve, Juliette Binoche y Ethan Hawke necesitan venderse para hacer basuras si no quieren acabar comiendo mendrugos de pan duro. Esto al parecer se paseó por muchos festivales, que es donde florece muchas veces el cine más mierdoso ya que la gente va tan borracha a las sesiones y tan jartos de esnifar, que ni se enteran de lo que ven y después salen hablando maravillas.

Esto por error lo va a ver un miembro del Clan de los Orcos y quema la sala y yo firmo la petición para que no lo castiguen. Los más chanclosos de los sub-intelectuales con GafaPasta la adorarán. Para mí, una mielda del copón. Ya le he mandado un güazá a todos mis enemigos para ver si pican y revientan de rabia en los cines.

Por sulaco

Maximus Julayus

1 respuesta a «La verdad – La vérité»

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