Las colinas de chocolate y los tarsios

El relato comenzó en El comienzo de otro gran viaje

Mi excursión a Bohol comenzó con un buen desayuno y después a esperar a que vinieran a recogerme. Yo era el último con lo que me ahorré el paseíllo parando en lugares. Íbamos en un furgoneta de estas con varias filas de asientos e iba petada, con dos chinas, dos judíos, dos alemanes, una filipina y su hombre y el Elegido. En estas excursiones todos te llevan a los mismos lugares y comenzamos parando en un monumento que ninguneamos completamente, para mayor disgusto del conductor. Desde allí fuimos al Centro de visitantes de los tarsios y tras ver un pequeño vídeo pasas a verlos. Estos minúsculos monos, de unos diez centímetros de largo en estado adulto, llevan por aquí cuarenta y cinco millones de años y los humanos nos hemos encargado de abocarlos a la extinción. En el centro mantienen una pequeña población. Como son animales nocturnos, cuando los visitamos estaban mayormente durmiendo, aunque tengo fotos de uno con los ojos abiertos. El rato que pasas allí es fantástico y los tarsios se ven adorables. Desde allí nos llevaron a un lugar para ver mariposas que fue una estupidez, básicamente tenían cuatro o cinco vivas y el resto eran disecadas o como quiera que se llame eso. Fue una completa pérdida de tiempo. La siguiente parada era la otra cosa que todos queremos ver en Bohol, las Colinas de Chocolate, unas montañitas de unos cuarenta metros de alto, de las que dicen que hay más de mil en esa zona y que al parecer se formaron por depósitos de coral y otras coñas y la erosión del tiempo. Lo cierto es que el lugar fascina. Tras pagar la entrada te dejan junto a una escalera de más de doscientos escalones, pero de los filipinos, que cuentan por la mitad y subes a la parte alta para ver un espectáculo increíble. Al parecer en la parte alta tenían un montón de chorradas para hacerte fotos curiosas pero el tifón del año pasado lo arrasó todo y ahora solo queda el mirador para ver las colinas, hermosas y que no necesitan de mariconadas. Les hice una locura de fotos y aproveché al máximo mi tiempo allí. Después que el conductor consiguió agruparnos, nos llevó a un puente colgante sobre un río, aunque ninguno nos quisimos bajar y siguió la ruta hacia el río Loboc, en donde te lleva a un restaurante barco qe te da un paseo y te saca diez leuros por una comida bufé. Yo ya lo sabía y había decidido que no quería encochinarme porque quería cenar calamar en la playa así que le dije al tipo que pasaba y como uno de sus colegas me había explicado el día anterior que cerquita hay un pueblo, me acerqué y encontré una panadería en la que hacían unos bollos deliciosos y además tenían helados. Resultó que el resto de la gente salvo dos, se vinieron detrás de mí ya que no les moló la comida del bufé. Acabamos sentados en un antro del lugar con los locales bebiendo y comiendo. 

Al regresar, los dos que comieron nos dijeron que la comida fue una decepción. Desde allí nos llevaron a ver la serpiente cobra más grande del universo o algo así. Yo pasé de entrar ya que no vine hasta este lugar del mundo para ver eso. Las chinas se quedaron conmigo y estuvimos intentando mantener una conversación, aunque las pobres chapurreaban el inglés muy mal. La siguiente parada el año pasado habría estado bien pero tras el tifón que les pilló, la iglesia hecha por los españoles usando corales está en reparación y no mola mucho. Después el guía nos trató de llevar a un par de sitios más de esos artificiales pero le dijimos que se dejara de boberías y nos devolviera a la playa. 

Aproveché que llegamos pronto para pasar la tarde en la playa y homenajearme con una buena cena. También aproveché para apuntarme a la excursión en barco a Oslob, en donde te puedes bañar durante media hora con los tiburones ballena. Para completar mi cuota de kilómetros diarios, regresé andando al hotel, con cienes y cienes de motoristas pitándome y ofreciéndome sus servicios y yo ignorándolos a todos. 

El relato continúa en El día que nadé con los tiburones ballena

Por sulaco

Maximus Julayus

3 comentarios

  1. Pues mi imaginación me proyectaba unas paredes preciosas de coral con muchas oportunidades para colgar los sombreros, paraguas, chaquetas y demás 🙂
    Salud

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