Llegando a Siquijor

El relato comenzó en El comienzo de otro gran viaje

Después de tres noches en Panglao, llegó la hora de partir. Por la noche reservé un lugar y los dueños me llamaron para confirmarme que me recogerían en el muelle. Después me compré el billete de barco y por la mañana, me levante temprano y volví a hacer mi mochila de cuarenta litros. Siempre tengo la sensación que estoy llevando más que al principio, pero eso es imposible, ya que no he comprado nada (salvo un imán para la nevera) e incluso he gastado una de las dos botellas de champú que me traje. En lugar de desayunar en el hotel, el día anterior me había comprado unos panecillos, que aquí en las Filipinas son deliciosos y preferí comerme eso. Sobre las siete de la mañana llamé al del tricycle que me trajo al hotel y le dije que me recogiera a las nueve y cuarto para llevarme al muelle. 

Un poco antes de las nueve, entregué las llaves, me devolvieron la fianza y mi transporte estaba allí. Toma unos cuarenta y cinco minutos llegar al puerto en ese tipo de vehículos pero es un viaje muy folclórico y agradable. En el mostrador de facturación me dieron mi tarjeta de embarque y me dijeron que no tenía que bajarme del barco en Dumaguete, ya que hace una parada allí y que el asiento era el mismo. Tras pasar el control de seguridad en el que no me controlaron, pagué los cincuenta céntimos de leuro de tasa por usar el puerto y entré a la sala de espera, que estaba petada y al parecer, todos iban en mi barco. Cuando llegó, comenzó la guerra habitual para subir y descubrí que iba sentado en primera fila y mirando hacia el resto del pasaje. Como nadie paga por facturar equipaje, allí entran con bolsas y bolsas y hasta hice una foto del pasillo totalmente lleno de bolsas, cajas y maletas que lo bloqueaban. Por suerte había una puerta de emergencia a mi lado. 

Salimos relativamente en hora con el barco al completo. Fue un viaje tranquilo, con la mar en calma. A las dos horas llegamos a Dumaguete y se bajaron casi todos. .De las doscientas y pico personas que íbamos en el barco, solo seguíamos unas treinta al siguiente destino y después entraron unas cincuenta, con lo que el segundo trayecto era más relajado y tranquilo. Este solo duró unos cuarenta y cinco minutos. En el puerto me esperaban los dueños del lugar en el que me estoy quedando, el Adayo Cove Resort. Reservé una cabaña de bambú (pero con aire acondicionado). En el trayecto hasta el lugar me dijeron que en un hotel grande que hay por aquí están aún haciendo excursiones a la isla de APO, que estaba en mi lista de cosas que ver en las Filipinas ya que al parecer tiene los mejore fondos para bucear. Por primera vez en mi vida, alquilé una motocicleta automática para moverme por el lugar y tras veinte segundos de instrucciones, estaba listo. En esta isla hay muy poco tráfico y es el lugar perfecto para manejar estos aparatos, además de tener una carretera de circunvalación por la costa en buen estado. 

Fui hasta el complejo que hace las excursiones y me dijeron que aún les faltaba gente para hacerla, ya que quieren un mínimo de doce personas y en total éramos diez. En eso que salió una gerente y decidió que diez era un buen número. Además, es uno de los pocos sitios en la isla en el que se puede pagar con tarjeta de crédito, así que pagué y me dijeron que al día siguiente tenía que estar allí a las siete de la mañana, el precio de la excursión eran treinta leuros con almuerzo incluido en un complejo de lujo que hay en APO. Después volví a donde me estoy quedando y pasé el reto de la tarde en la piscina relajado, con una familia filipina que también estaban allí. 

El relato continúa en En la isla APO nadando con las tortugas

Por sulaco

Maximus Julayus

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