En la isla APO nadando con las tortugas

El relato comenzó en El comienzo de otro gran viaje

Otra vez uno de esos días que parecen sacados de un libro de fantasía. Todo comenzó cuatro horas y tres cuartos antes de la hora Virtuditas, a las seis y cuarto, que fue cuando me levanté. Desayuné a las seis y media y quince minutos más tarde iba tan cuco en m motocicleta por las carreteras de Siquijor hacia el Coco Grove, el lugar en el que salía la excursión. A esa hora ya usas gafas de sol y la temperatura sube hasta los treinta grados. Algunos filipinos, en sus cabañas ya estaban cantando con sus karaokes, que parecen ser una obsesión nacional. Cuando llegué al lugar me acerqué al restaurante en el que nos dijeron que esperáramos y sobre las siete y veinte nos comenzaron a contar para subir al barco. Al final éramos dieciséis y faltaba uno, con lo que estábamos todos en una barquilla pequeña, esperando y yo pensaba que para ser un complejo de lujo, aquella chaflana cutrísima nos iba a llevar de procesión durante ventipico kilómetros. Resultó que era solo el barquillo para llevarnos al barco de la excursión, ya que el fondo del mar allí no es muy profundo y no se puede acercar a la costa. Dieron dos viajes y en el segundo vino el que faltaba y las cajas con todo el material de buceo de nosotros. El día anterior me dijeron que el viaje era de unos cuarenta y cinco minutos, con el tradicional estilo filipino de minimizar las cosas. En la práctica, nos informaron que sería un trayecto de hora y media. Subí a la parte más alta del barco y me dediqué a tomar el sol y escuchar un audiolibro. Allí estaba una pareja de lo que deduje que era una kabezuda koreana de mielda y un europeo y otro tipo que parecía inglés. No llevábamos ni seis minutos y medio de ruta cuando vemos aparecer un montón de delfines y comenzó el jolgorio. Por desgracia no nos acompañaron y tras esto, no sucedió nada. Le fui haciendo fotos a las isla de APO según se iba acercando y cuando llegamos, comenzamos a rodearla. Pasamos frente al villorrio principal y único, que no parece tener más de un puñado de casas y después fuimos hasta un lugar en el que se quedaban los que iban a hacer inmersión de submarinismo y que eran seis. Se vistieron y equiparon con sus avalorios y ahí se me ocurrió que ahora que ya he estado en todos estos países, igual va siendo el momento que me saque el título y bajar con esa chusma, aunque claro, sin cámara Go Pro porque nadie me aprecia lo suficiente para regalarme una. Después de que saltaron el barco nos llevó a un complejo de lujo, en una calita privada, y nos bajamos. Desde allí, fuimos andando al villorrio principal para ir al santuario de tortugas. Está en la misma playa en una zona acotada. Digamos que alucinas en colores, en blanco y negro y hasta en TresDé. Es meterte en el agua y ves una tortuga enorme, después dos más, luego otra, allí hay una infestación, es un sitio increíble y las tortugas como que pasan de ti. Está prohibido tocarlas 

Estuvimos allí casi una hora, alucinando en colores e hice varios vídeos. Después de regresar a la cala privada, ya habían vuelto los de submarinismo y nos dieron un almuerzo temprano. Tras el mismo, teníamos una hora para ver el fondo marino del agua del mar en la cala, que resultó tener unos corales y una fauna de rescándalo, de lo mejorcito que he visto. Me tropecé con varias serpientes marinas, que evité porque me dan mal rollo y son venenosas, aunque dicen que solo atacan si se sienten en peligro. También vimos infinidad de estrellas de mar, Nemo el pescado y sus primos y cuñadas y corales de todos los tipos, formas y colores y todos vivísimos. Asombroso el sitio. Después nos volvimos a montar en el barco y nos llevaron a un sitio en el que tanto los buceadores como nosotros saltábamos. Había una corriente endemoniada que nos llevaba lejos del barco. En el agua, además de corales fantásticos, tortugas gigantescas y de nuevo vi una serpiente de mar enorme. Hice más vídeos con mi teléfono de cien leuros con funda de dos leuros y en un momento determinado, se me soltó de la mano y no me di cuenta hasta más tarde. Tras el micro-segundo de pánico inicial, decidí volver a la zona en la que había estado. Como le puse la parte posterior en color naranja escandaloso, no me costó ver en el fondo del mar el teléfono en su bolsita, que además contiene una colección de vídeos submarinos asombrosa. Seguimos cruzándonos con tortugas enormes, más pequeñas, aún más grandes y no salíamos de nuestro asombro. Durante el almuerzo, conversando descubrí que había una pareja holandesa muy agradable y que la kabezuda era la novia de un italiano que ahora vive en Australia. Los tres pasamos la tarde juntos mientras la kabezuda se aprendía el baile de los papagüevos en la cubierta del yate para participar en la fiesta de los cabezudos en la Palma porque no quiso bucear. Cuando la corriente nos había prácticamente estampado contra unas rocas, nos rescataron y también subieron a los buzos. Estábamos completamente agotados pero felices como ladillas pegadas a güevo. En el regreso, los holandeses siguieron charlando conmigo y con un gringo que recogimos en APO y que iba con su hembra brasileña hacia Siquijor y con tanto comadreo, quedé con los cabeza-de-queso-de-plato para cenar. 

En el camino de regreso vimos algún delfín más pero muy lejos. La operación de desembarco fue complicada porque con la marea vacía, hasta la barquilla tenía problemas y tuvieron que dar un rodeo para llegar a la costa. Regresé a mi hostal y me relajé un rato en la piscina hasta que llegó la hora de ir al bar-restaurante en el que nos íbamos a ver y después pasamos unas cuatro horas de charlas y risas. Al regresa al hostal, seguí charlando con los dueños y no me regresé a mi cabaña de bambú hasta casi las doce y media de la noche. Fue un día fantástico. 

El relato continúa en Dando la vuelta a la isla de Siquijor en motocicleta

Por sulaco

Maximus Julayus

6 comentarios

  1. Quien me iba a decir a mi que ibas a confraternizar o casi, con una cabezuda… 🙂
    Es increíble como se dispara mi imaginación cuando escribes sobre el buceo y lo que ves, parece que yo mismo lo veo…:)
    Salud

  2. Mira que eres agarrado… ¡cómprate la cámara que quieres, so pesado! que vas a ser el más rico del cementerio!

  3. Como se nota que nadie está por apoquinar guita aquí ….Que mal despertar tienes hija, como se nota que aún no ha llegado la famosa hora ….

  4. Cierto que no me despierto con el mejor humor del mundo, pero mi despertador suena a las siete hijo mío, llevo ya unas cuantas horas, así que debería haberse pasado, aunque no lo garantizo…. ¡y cómprate la puta cámara, joder! Para que querrás todo el dinero que ganas! (uy, pues si que voy a estar un poquito de mala hostia, si) 😉

  5. Y dale, que yo me gasto la guita en ir a los lugares y por desgracia, no hay gente que me quiera y me regale la cámara esa. recordemos que yo no tengo un teléfono de la manzana mordida porque prefiero viajar.

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