NDA

La semana pasada mi vida giró en un sentido en el que jamás pensé que podría hacerlo. Desde hace una década más o menos, mi buzón de correo en el trabajo es básicamente confidencial. Todo lo que entra y sale del mismo es relativo a productos que no se han comercializado aún o documentos que solo pueden leer un grupo muy exclusivo de julays. Yo no le doy más importancia y me muevo entre secretos sin más problemas. Esto y la desidia de los amigotes a la hora de cambiar la dirección de correo es lo que hace que solo el Rubio tenga mi dirección de correo profesional y que nunca la use para mandarme nada. En mi buzón de entrada hay casi siete mil quinientos correos y salvo por los de Recursos inHumanos, el resto son confidenciales.

La semana pasada, uno de esos correos que aparecen en mi cliente corporativo de correo sin que yo sepa muy bien quién coño sopló mi nombre me obligaba a firmar un NDA antes de recibir más información. Estas tres letras camuflan el non-disclosure agreement o Acuerdo de confidencialidad. Puesto que mi vida laboral está impregnada de confidencialidad por todos lados, hacerme firmar uno adicional quiere decir que vamos a sumergirnos en una poceta en la que el agua debe ser obscura como la diarrea. En la lista de miembros de tan particular club había una ristra de altos cargos que lo flipabas. Cuando le pregunté a mi jefa y ella no había recibido la invitación se rebotó toda, yo creo que el reglote de este mes le va a salir más avinagrado de lo habitual.

Un día más tarde visitaba una empresa que me invitó para conocerme (todo el que haya oído hablar del Elegido siempre se muere de ganas de verme el careto, es mi cruz …) y tras estrechar manos a lo maricón por culpa de la situación que se puede ver claramente en la foto que vendrá a continuación, me dieron un cafelito de agua chirria y me pidieron que firmara un NDA. Llevo la tira de años moviendo coñas confidenciales a destajo y en un periodo de veinticuatro horas me hacen firmar dos acuerdos de confidencialidad adicionales.

Los colegas alucinaron en tres dimensiones cuando al ir a darme la mano, se toparon con esto:

Quemaduras en los dedos

Quemaduras en los dedos, originally uploaded by sulaco_rm.

El lunes, cuando producía ingentes cantidades de mermelada de moras gracias a los más de diez kilos que llevo cosechados en mi jardín, estaba en la fase final, esa en la que sumerges los botes cerrados en agua hirviendo durante veinticinco minutos para que se produzca el milagro del vacío dentro del frasco y se preserve la mermelada más tiempo y decidí usar el caldero para cocinar mejillones, que es el más grande que tengo. Como quería acabar pronto, lo tapé y al quitar la tapa, un chorro de vapor me atacó la mano, produciéndome las quemaduras que se pueden ver en la foto. Por si acaso alguno tiene la misma mente pervertida que mis amigos, lo que se ve sobre la heridas no es lefa, es una especie de crema para quemaduras que evita que se seque la zona y que la protege.

Y así andamos, recibiendo más información confidencial que os puedo asegurar y os aseguro que no es para nada interesante y con los dedos de la mano derecha hechos un desaguisado. Y a nadie se le ha ocurrido quitarme el tremendo disgusto con algo que seguramente está en MI LISTA DE DESEOS.

Por sulaco

Maximus Julayus

7 comentarios

  1. No, yo no pensé que era lefa, porque «me han dicho» que escuece mucho en las heridas… 🙂
    Yo que tu vendería todos los secretos al enemigo y me retiraría a alguna de las islas griegas que venden a buen precio, lo tomaría como base para descansar de mis viajecitos y a seguir sacando vídeos con tu cámara maravillosa que te habrás podido comprar con tanta pasta generada por las ventas de los secretos… 🙂
    Salud

  2. Genín, los secretos laborales que conozco no valen ni para un paquete de chicles bazooka. El próximo teléfono, en lugar de pagar cien leuros lo compraré de treinta sin cámara por joder al populacho

  3. Estoy sin la maravillosa cámara que está de algún Dios que nunca llegue a tener. Los dedos tienen ahora piel rosada.

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