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  • Buceando con tortugas en la isla de Maratua

    5 de junio de 2019

    Cuando elegía los sitios de buceo que quería visitar allá por enero, no tenía ni puta idea de lo que iba a ver, salvo por las mantas en Komodo y las sorpresas no han dejado de sucederse. Hoy nuestro eterno peregrinaje nos llevó a la isla de Maratua, la única en la zona que puede considerarse isla porque tiene los kilómetros adecuados para ello, ya que al parecer hay hasta una ley universal que dice que si llega a los kilómetros esos es isla y si no, islote, con lo que Derawan, Kakaban y Sangalaki son más bien islotes. Como todos los días, la vida comienza a las seis de la mañana y a las siete estamos todos desayunando y excitados por lo que está por venir. Ayer en el panel en el que vemos los destinos y el barco en el que vamos me cambiaron de grupo y en lugar de ir con los Malayos, me pusieron con los canadienses, tres chavales que acaban de acabar la carrera de medicina y que ahora les toca la esclavitud de los cinco años esos en los que los explotan a conciencia antes de darles la especialidad. Una cosa que distingue al buceo de otras actividades es que nos une a todos, independientemente de la raza, el sexo o la edad y así te lo pasas igual de bien con los malayos, que son ya mayores como Genín y Virtuditas que con los canadienses, que están casi recién nacidos. En nuestro barco venían otros tres, una chica y dos chamos que aún no les he pillado el acento pero son de algún país anglosajón.

    La isla de Maratua es la más alejada de Derawan y el trayecto en barco nos tomó como setenta minutos. Tiene forma de letra U y en la misma hay incluso un aeropuerto, pero solo para aviones pequeños a hélice y hay un montón de complejos turísticos y al parecer es popular entre los locales. Nosotros obviamente no íbamos por eso. El trayecto de ida lo hicimos con unos dormitando y otros escuchando música o audiolibros ya que con el ruido del motor no se puede hablar. Nuestra primera inmersión era también la más profunda. Nada más comenzar a bajar vimos una tortuga enorme y poco después una raya enorme, que estaba posada en la arena junto a una roca y al poco levantó el vuelo y se fue. Al poco vimos una raya águila y después nos topamos con un banco de barracudas gigantesco y nos agarramos al suelo para quedarnos un rato viéndolas. Después seguimos y mientras más avanzábamos, veíamos más y más tortugas y muchas de ellas, como rascándose el caparazón contra rocas, que parece que les mola un montón. En total en esa inmersión vimos al menos quince tortugas, pero de las gigantescas.

    Salimos y después de la hora de descanso bajamos de nuevo en un lugar que ellos llaman tráfico de tortugas, así que hasta los menos iluminados se pueden imaginar lo que se ve por allí. En la hora que estuvimos yo vi al menos treinta tortugas diferentes, ascendiendo, descendiendo, navegando, rascándose el caparazón y haciendo otras cosas. Aquello era un festival de tortugas con un pulpo enorme que yo me habría llevado para la cena. También vimos un pez loro cototo verde, el gigantesco que el año pasado vi en manadas en Malasia y todo tipo de peces que ni recuerdo. Aquello fue épico.

    Salimos y fuimos a un pantalán para almorzar nuestra cajita de siempre y después del descanso vino la tercera inmersión, esta siguiendo una pared con corriente y viendo algas, corales y peces por un tubo y hasta una morena. Fue una hora muy relajada y para calmarnos después de lo vivido durante el día.

    Cuando estábamos regresando oteamos unos delfines y el capitán del barco redujo la velocidad, comenzaron a hacer ruido como de tambores y uno de los delfines se puso a nadar justo delante de la proa, como guiando el barco. Fue épico y flipante. Después vinieron muchos más delfines que saltaban a nuestro alrededor y hasta pillaron un pescado de dos o tres kilos que acarajotaron y estaba el pobre chapoteando en la superficie hasta que se lo comieron los delfines. Esto fue la guinda a un día fabuloso. Después de volver, lo de siempre, rellenar nuestros diarios de buceo, que nos los firmen y después ir a cenar. O eso pensaba yo, pero me encontré con los malayos que habían pedido comida a una chama que prepara por encargo y tenían un montón y me invitaron a cenar con ellos y si has tenido la suerte de ver las fotos en mis estados, fue un festín con pescado unicornio, pulpo, sepia, hierbas de esas que comen las cabras, pinchitos de pollo con salsa de cacahuetes y nasi goreng. Los locos estos se trajeron desde Malasia diez botellas de whiskie y por las noches se ponen ciegos. Yo pasé de tomar alcohol que soy un profesional del buceo y me debo a mi adicción.

    Y así van pasando los días en Derawan y ya solo me quedan tres días y nueve inmersiones antes de seguir mi ruta hacia mi tercer destino.

    El relato continúa en Mi segunda visita a la isla de Kakaban

  • El lago Kayangan desde lo alto

    5 de junio de 2019

    Cuando subes al lago Kayangan, creo que no lo he comentado pero también hay que bajar al mismo, ya que está prácticamente al nivel del mar o definitivamente al nivel del susodicho. En la bajada hay un montón de árboles y se puede entrever el lago abajo, con un agua de un azul muy bonito. El tramo de bajada al mismo en mi segunda visita lo habían mejorado un montón con una escalera casi como de verdad, hecha con cemento y así, en lugar de trepar entre rocas como hice la primera vez, que a mí me parecía más encantador.

  • Buceando en la isla Kakaban

    4 de junio de 2019

    Ayer nos dividieron al equipo primigenio formado por los cinco malayos, los tres canadienses y el Elegido y pusieron a los americanos en otra barco, dejándome a mí con los asiáticos. Ellos iban a ir a bucear a la isla de Sangalaki, en la que yo ya estuve y nosotros enfilábamos hacia la isla de Kakaban, que suena a truscoluña no es nación y en realidad es lo que significa, además de miedoso, truscolán, zarrapastroso, piojoso, mugriento o cualquier adjetivo de índole descalificativa o peyorativa que podáis pensar al referiros a los truscolanes. El día amameció lloviendo, la primera lluvia que me pilla desde que llegué aquí. Creo que no lo he comentado pero hasta que llegué a Balikpapan camino de Sangalaki, había pasado la semana en el hemisferio sur, por debajo del ecuador y claro, por eso tenía la cabeza tan pesada, de pasar todo el día bocabajo. Ahora que estoy un pelín por encima del ecuador, esto es de puro lujo, puedo volver a maquinar y conspirar sin dolor de cabeza.

    Volviendo al relato, salimos a las ocho de la mañana o tres horas antes de la hora Virtuditas y el viaje hasta la isla es de una hora en la barca con los motores a todo meter. Cuando llegamos a la zona, aquello estaba petado de delfines, que saltaban alrededor nuestro en grupos de dos, debía haber un rebaño al completo y nos emocionamos hasta las lágrimas y soñábamos conque estuvieran al bajar pero los Dive Masters nos dijeron que raramente ocurre. La primera inmersión era, profunda tirando a muy profunda en el lugar conocido como Barracuda Point y allí se pueden ver tiburones de todo tipo. La isla tiene una geografía extraña, parece una pared y bajo el agua es igual, cae como cien metros en vertical y quizás por eso, el lugar es muy frecuentado por tiburones solo que a bastante profundidad, así que fue lanzarnos al agua y descender hasta los treinta y dos metros, que es una profundidad considerable. Piensa que cada 10 metros de inmersión es 1 atmósfera de presión más con lo que estábamos por encima de las cuatro atmósferas. Te comprimes tanto, tanto que hasta a mi amiga Obesidad le sale figura y en mi caso, que soy noréxico-bulímico-del-coño, es que me tengo que ajustar el cinturón de los plomos. Según bajamos vimos primero 1 raya águila y después cuatro más. Mientras esto pasaba por debajo mío había un tiburón gris de arrecife enorme, dos tiburones de punta de cola blanca grandísimos y Dios sabe que más. Aquello era la orgia de los carnívoros y yo flotando en el azul a treinta y pico metros de profundidad con mi Dive Master. Fue épico y fuimos ascendiendo poco a poco según nuestros ordenadores de buceo se acercaban a los cero minutos a esa profundidad, ya que buceamos sin descompresión. Después de eso, el resto de la inmersión fue en la pared vertical, viendo todo tipo de peces, dos bancos de barracudas pero gigantescas y muchísimo más. Para cuando salí, después de una hora, estaba muerto.

    Mientras esperábamos que pasara el tiempo para la segunda inmersión, fuimos a la isla y allí, en su interior, hay un lago gigante de agua salada. La isla no está habitada y el lago es único en el universo conocido porque en el mismo hay cuatro especies de agua vivas o medusas o como las queráis llamar que se quedaron atrapadas y perdieron los tentáculos que pican, con lo que te puedes bañar con ellas, lo que hicimos con gafas y tubo. Es flipante estar rodeado de estos animales sin el pánico de saber que te picarán. Hay también algunos peces que también han evolucionado por la falta de depredadores. Se supone que para entrar al lago hay que pagar 20000 rupias indonesias, algo más de un leuro, pero el vigilante debía tener el día libre así que entramos por la cara.

    La segunda inmersión, después del baño con las agua vivas, fue en Meditation Wall, una pared llena de corales, espectacular, con bancos de peces de todo tipo. Por allí solo vimos un tiburón de punta de aleta blanca, pero pequeño. En esta inmersión también bajamos hasta los veintinueve metros.

    Al salir almorzamos en el pantalán de acceso al lago y después de reposar un poco, volvimos a Barracuda Point para la tercera inmersión, a ver si repetíamos suerte. En esta tercera inmersión no podemos bajar tanto porque ya vamos petados en nuestras entrañas de nitrógeno o algo así técnico y tal y tal, pero vamos, que bajamos hasta los veinticinco metros, aunque nos habíamos propuesto no superar los veintetrés porque la corriente nos chupó hacia abajo. En un punto determinado vimos un festival de tiburones acorralando peces, una movida increíble. Los malayos, como en las otras inmersiones, no pasan de los cuarenta minutos de inmersión pero il Scelto es el rey de la hora, que es lo máximo que permiten y yo seguí buceando una hora y viendo langostas que me dan una pena terrible porque yo me las llevaría para comer.

    Después de salir, volvimos a Derawan y allí me enteré que me han cambiado de barco y de grupo y en el próximo capítulo iré a otra isla pero con los canadienses. Por la noche fui a cenar a donde siempre y los canadienses se me unieron.

    Como en todos estos días, acabé agotado y a la cama tempranito para dormir mis ocho horas.

  • Mi segunda bajada desde el lago Kayangan

    4 de junio de 2019

    Y una hora y pico después de subir, el sol luchaba por quitar las nubes y de nuevo, el lugar tiene otro aspecto, aunque definitivamente gana el soleado. A la derecha está el mega-pantalán en el que aparcan los barquillos con turistas. Calculad entre quince y veinte julays por barco y en el lugar había fácilmente entre doscientas y trescientas personas, una auténtica multitud para los sitios que he visitado en las Filipinas y definitivamente, una de las atracciones más llenas de turistas que he visitado allí.

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