Buceando en la isla Kakaban

Ayer nos dividieron al equipo primigenio formado por los cinco malayos, los tres canadienses y el Elegido y pusieron a los americanos en otra barco, dejándome a mí con los asiáticos. Ellos iban a ir a bucear a la isla de Sangalaki, en la que yo ya estuve y nosotros enfilábamos hacia la isla de Kakaban, que suena a truscoluña no es nación y en realidad es lo que significa, además de miedoso, truscolán, zarrapastroso, piojoso, mugriento o cualquier adjetivo de índole descalificativa o peyorativa que podáis pensar al referiros a los truscolanes. El día amameció lloviendo, la primera lluvia que me pilla desde que llegué aquí. Creo que no lo he comentado pero hasta que llegué a Balikpapan camino de Sangalaki, había pasado la semana en el hemisferio sur, por debajo del ecuador y claro, por eso tenía la cabeza tan pesada, de pasar todo el día bocabajo. Ahora que estoy un pelín por encima del ecuador, esto es de puro lujo, puedo volver a maquinar y conspirar sin dolor de cabeza.

Volviendo al relato, salimos a las ocho de la mañana o tres horas antes de la hora Virtuditas y el viaje hasta la isla es de una hora en la barca con los motores a todo meter. Cuando llegamos a la zona, aquello estaba petado de delfines, que saltaban alrededor nuestro en grupos de dos, debía haber un rebaño al completo y nos emocionamos hasta las lágrimas y soñábamos conque estuvieran al bajar pero los Dive Masters nos dijeron que raramente ocurre. La primera inmersión era, profunda tirando a muy profunda en el lugar conocido como Barracuda Point y allí se pueden ver tiburones de todo tipo. La isla tiene una geografía extraña, parece una pared y bajo el agua es igual, cae como cien metros en vertical y quizás por eso, el lugar es muy frecuentado por tiburones solo que a bastante profundidad, así que fue lanzarnos al agua y descender hasta los treinta y dos metros, que es una profundidad considerable. Piensa que cada 10 metros de inmersión es 1 atmósfera de presión más con lo que estábamos por encima de las cuatro atmósferas. Te comprimes tanto, tanto que hasta a mi amiga Obesidad le sale figura y en mi caso, que soy noréxico-bulímico-del-coño, es que me tengo que ajustar el cinturón de los plomos. Según bajamos vimos primero 1 raya águila y después cuatro más. Mientras esto pasaba por debajo mío había un tiburón gris de arrecife enorme, dos tiburones de punta de cola blanca grandísimos y Dios sabe que más. Aquello era la orgia de los carnívoros y yo flotando en el azul a treinta y pico metros de profundidad con mi Dive Master. Fue épico y fuimos ascendiendo poco a poco según nuestros ordenadores de buceo se acercaban a los cero minutos a esa profundidad, ya que buceamos sin descompresión. Después de eso, el resto de la inmersión fue en la pared vertical, viendo todo tipo de peces, dos bancos de barracudas pero gigantescas y muchísimo más. Para cuando salí, después de una hora, estaba muerto.

Mientras esperábamos que pasara el tiempo para la segunda inmersión, fuimos a la isla y allí, en su interior, hay un lago gigante de agua salada. La isla no está habitada y el lago es único en el universo conocido porque en el mismo hay cuatro especies de agua vivas o medusas o como las queráis llamar que se quedaron atrapadas y perdieron los tentáculos que pican, con lo que te puedes bañar con ellas, lo que hicimos con gafas y tubo. Es flipante estar rodeado de estos animales sin el pánico de saber que te picarán. Hay también algunos peces que también han evolucionado por la falta de depredadores. Se supone que para entrar al lago hay que pagar 20000 rupias indonesias, algo más de un leuro, pero el vigilante debía tener el día libre así que entramos por la cara.

La segunda inmersión, después del baño con las agua vivas, fue en Meditation Wall, una pared llena de corales, espectacular, con bancos de peces de todo tipo. Por allí solo vimos un tiburón de punta de aleta blanca, pero pequeño. En esta inmersión también bajamos hasta los veintinueve metros.

Al salir almorzamos en el pantalán de acceso al lago y después de reposar un poco, volvimos a Barracuda Point para la tercera inmersión, a ver si repetíamos suerte. En esta tercera inmersión no podemos bajar tanto porque ya vamos petados en nuestras entrañas de nitrógeno o algo así técnico y tal y tal, pero vamos, que bajamos hasta los veinticinco metros, aunque nos habíamos propuesto no superar los veintetrés porque la corriente nos chupó hacia abajo. En un punto determinado vimos un festival de tiburones acorralando peces, una movida increíble. Los malayos, como en las otras inmersiones, no pasan de los cuarenta minutos de inmersión pero il Scelto es el rey de la hora, que es lo máximo que permiten y yo seguí buceando una hora y viendo langostas que me dan una pena terrible porque yo me las llevaría para comer.

Después de salir, volvimos a Derawan y allí me enteré que me han cambiado de barco y de grupo y en el próximo capítulo iré a otra isla pero con los canadienses. Por la noche fui a cenar a donde siempre y los canadienses se me unieron.

Como en todos estos días, acabé agotado y a la cama tempranito para dormir mis ocho horas.

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