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  • Danzando con dugones

    28 de mayo de 2019

    Siempre debemos empezar dando gracias a uno o varios dioses por no ser un pedazo de gandul y estar siempre rizando el rizo. Mi quinto y último día de buceo en Scuba Junkie Komodo comenzó temprano, como sucede siempre por estos lares y comenzó con despedidas de gente que estuvo con nosotros varios días y que al final se crean vínculos con ellos. Hoy pasamos el día buceando en la parte central del parque nacional de Komodo y lo arrancamos en Siaba Kecil, en donde ya había buceado pero esta vez era con otra marea y la corriente nos iba a llevar en el sentido opuesto. Básicamente entramos por el lugar en el que salimos la otra vez y en los primeros seis minutos recorrimos algo más de un kilómetros arrastrados por la corriente y con una bellísima pared enfrente. En esa ruta vimos tortugas, tiburones y cienes y cienes de trillones de peces. Al aflojar la corriente nos desviamos a una zona muy poco profunda y nuestro Dive Master se puso a aletear con saña en dirección opuesta a la corriente. Estábamos buscando el mítico dugón, una vaca marina indonesia que está en peligro de extinción y que suelen estar por esta zona. Son muy tímidas. Desde el sexto minuto hasta el cuarenta y cinco, aquello fue una paliza a aletear sin fin y lo único que vimos en el camino fue dos mantas ninja, de las negras, lo cual no está muy mal pero no era lo que queríamos. De repente, vemos un dugón de culo, pero nadan mucho mejor que nosotros y se fue. A los pocos minutos fueron tres, pasando delante de nosotros. Los dos primeros siguieron de largo pero el tercero se dejó ir y nos regaló una escena genial viéndolo nadar. Los bichos son enormes y más feos que un hijo de truscolana. Aguantamos cincuenta y cuatro minutos en total y salimos agotadísimos del esfuerzo de bucear contra corriente casi todo el tiempo. Se me olvidó decir que lo que sí que vimos en abundancia fue tortugas gigantes, una cantidad increíble. Estaban por todos lados.

    La segunda inmersión era en Mawan, el lugar en el que vimos una purriada de mantas la vez anterior. Esta vez la corriente era distinta y de nuevo, nos vimos buceando contra-corriente pero sin tanta suerte. Vimos tres en formación y después llegamos al lugar en el que acuden a limpiarse y no aparecían. Hay un vídeo y una foto chulísima circulando por las internetes en la que se me puede ver acostado sobre la arena, a diez metros de profundidad y aburrido esperando que pase algo. Nos cambiamos a un lugar con una corriente horrenda, todos agarrados con pinchos al suelo para no volar y allí vimos dos, pero el esfuerzo para mantener la posición era terrible. Ya nos habíamos dado por vencidos, comenzamos a nadar de vuelta al barco y en eso, al llegar a la zona arenosa en la que me hicieron la foto, viene una manta ninja por detrás de nosotros. Nos posamos en la arena, dio la vuelta y volvió pasando directamente sobre mi. Fue épico y legendario y tengo vídeo brutal que lo prueba.

    La tercera inmersión vino después del almuerzo y era en un lugar nuevo, en Tatawa Besar y era una inmersión de esas de dejarte llevar por la corriente y ver las cosas delante de tus ojos. En principio no la quería hacer porque mi computadora de buceo me dice que debería estar veinticuatro horas sin volar y serían veintitrés. Según PADI, son dieciocho horas, así que los ordenadores son mucho más estrictos. Decidí bucear y si no hay más anotaciones, morí en el avión al día siguiente de escribir esto. La tercera anotación fue corta, lo dejamos a los cuarenta y cuatro minutos, no por falta de aire sino por mi vuelo y en la misma vimos langostas por un tubo, morenas marrones enormes, tortugas, tiburones y todo tipo de peces y una cantidad incalculable de corales, era algo épico, no dejaban de aparecer nuevos a cada metro, en todos los colores posibles, aquello era como un vergel submarino perfectamente conservado.

    Después de salir, regresamos al complejo y nos pasamos vídeos y fotos unos a otros, nos juramos lealtad eterna de la que dura hasta mañana y por fin conseguí arreglar el problema que tenía con el Güazá y el Istagrame, que estaban como bloqueados y me enteré que el gobierno indonesio, después de las movidas de matar políticos tras las elecciones de la semana pasada, han cortado las redes sociales. Lo que hice fue usar mi VPN, que lo tengo y lo uso en el ordenador de casa para descargar esas cosas que no descargo y ya con el VPN volví a ser sociable y a actualizar los estados. Después de la cena, charlamos y me fui a la cama pronto. El próximo capítulo es el primer día de transición. He conocido a una chica que acaba de estar en donde yo voy a ir.

    El relato continúa en Desde Scuba Junkie Komodo a Balikpapan

  • Junto a la entrada de uno de los lagos gemelos

    28 de mayo de 2019

    En mi segunda visita a los falsos lagos gemelos, entramos de la otra parte, en donde hay unas rocas o islotes en el agua muy curiosos. La vasca que iba en el barco se chifló y se peleaban entre ellos por hacerse las fotos más espectaculares para su CaraCuloLibro, luciendo las morcillas y los salamis, que algunas se veían bien encochinadas. Yo aproveché el lado por el que iba sentado para hacer mis fotos y usar las cuerdillas esas para encuadrar la imagen.

  • Con dos kilos sí que no

    27 de mayo de 2019

    Desde que descubrí el buceo todo el mundo sabe que soy como una de las grandes esperanzas de este deporte, es que todo el mundo me mira y se admira porque se me da tan bien que hasta se creerían que yo lo inventé. Yo desde el principio tengo claro mi papel en el deporte, yo quiero ser un buceador por diversión, hacerlo en vacaciones o tiempo libre y no me planteo ni creo que me llegue a plantear el hacerlo a nivel profesional porque es una vida muy puta. Hablando con uno de ellos, el otro día me dijo que se podía llegar al punto ese en el que ya no te tiras añadiendo kilos de plomo a tu peso para compensar todo lo que llevas y poder hundirte. Según me lo dijo, pensé, claro, es que bajo con tres kilos que es una barbaridad, que casi toda la gente se pone cinco o seis porque son lerdos que no veas y yo en realidad debería aspirar a tirarme con dos o menos. En este cuarto día buceando, salíamos del complejo a las siete, así que no tenía prisa alguna y la primera hora de la mañana la dediqué a arreglar otro desaguisado, uno que me sucedió durante el día anterior y que no he comentado. Ya dije en su momento que el momento más crítico era el del cambio desde Scuba Junkie Komodo a Scuba Junkie Sangalaki, ya que el dichoso Sangalaki está en un punto negro de la red de transporte indonesia y me obligaba a ir primero en un vuelo a Jakarta, que contraté con la aerolínea Batik Air, después de dos horas pillar otro avión para Balikpapan, que contraté con Lionair, esa a la que se le caen aviones sin los extras y después de pasar la noche allí seguía por la mañana la ruta con Garuda Indonesia hacia Berau. Ayer la agencia de viajes en la que compré el billete me informó que el segundo me lo habían cancelado y las alternativas no encajaban en mi planificación, así que tuve que pedir que me devolvieran el dinero y como sabía que existía una alternativa, que era mi plan de emergencia, instalé el programa de Garuda para comprar billete con ellos y eso fue lo que hice en la primera hora de la mañana, solo que el pago falló y lo tuve que repetir y después me llegaron dos billetes para el mismo avión, con lo que mandé un correo para que me cancelen uno. Con este drama de transporte solucionado, bajé al punto de encuentro y salimos como siempre en hora, solo que en esta ocasión, la distancia a la primera inmersión era más corta y llegamos en un suspiro. Esta era de las que me gusta menos, con bichos pequeños en fondo arenoso o de rocas y se me ocurrió decirle al Dive Master que quería reducir el peso en un kilo y bajar con dos. Me dijo que era una mala idea ya que no soy obeso como los comentaristas pero que allá yo. Nos lanzamos y bajé sin problemas y nos pusimos a ver bichos pequeñitos, una sepia pequeña escondida en corales, cangrejos diminutos, de menos de un centímetro y los dichosos nudibranquios, que son espectaculares pero que no miden nada. Según pasaban los minutos y yo fantaseaba con bucear sin peso, comencé a tener los primeros problemas. El tanque con el oxígeno se iba vaciando, me hacía más ligero y la falta del kilo adicional me hacía flotar, con lo que me iba hacia la superficie y yo venga a aletear para recuperar la posición. Una auténtica pesadilla después de la Navidad. A los treinta y cinco minutos el Dive Master me prestó dos kilos que solucionaron el problema. Probablemente por mi drama no me di cuenta que el agua estaba fría pero una francesa que bajó con la China y conmigo casi le da una hipotermia. La China es la anteriormente mentada japonesa, que alguién me dijo que esa era su nacionalidad y hoy me dijo que no, que es China como el chino Kudeiro y en la mesa en la que estábamos charlando otra persona flipó porque creía que era Jordana-de-mielda.

    Nuestra segunda parada fue en Karang Makassar o lo que ellos llaman también Manta Point porque al parecer hay mantas. Se bucea en una corriente paralela a la costa de una isla de unos dos kilómetros y medio de largo. Nos lanzamos y no veíamos mantas pero había peces león, vimos un tiburón de punta de aleta negra y otras cosillas. Cuando estábamos cerca de la mitad nos cruzamos por fin con dos mantas, pero después de lo del otro día esto a mi me pareció mediocre. El Dive Master nos indicó que la corriente estaba cambiando y que debíamos dar la vuelta y nos llevaría en el otro sentido, algo que agradecí porque ya me parecía a mi que aquello costaba mucho esfuerzo. En el camino de regreso nos cruzamos con tres mantas más y unos peces unicornio enormes que se peleaban entre ellos por las hembras. El agua estaba a unos deliciosos treinta grados, también conocidos por el punto meada, dulce que no veas. Aguantamos setenta minutos y solo porque a la china llegó a los 50 bares de seguridad.

    Después de salir almorzamos y tras esto nos llevaron al punto de la tercera inmersión, en una roca que sale del océano y que tiene una pared bajo la misma con cienes y cienes de millones de peces de todo tipo. Saltamos al agua y estaba fría, pero con ese frío que no mola nada cuando llevas un traje húmedo de tres milímetros. Bajamos y aquello era de fábula, peces Napoleón, morenas enormes, una tortuga gigantesca agarrada a la pared, nudibranquios en los corales, dos pescados escorpiones, más morenas, bancos de peces, tiburones de punta de aleta blanca pero pequeñitos, escondidos para sobrevivir. Habían peces de cien kilos o más y peces minúsculos, aquello es un lugar para flipar. El problema era la temperatura del agua y a los veinticinco minutos la francesa pidió que saliéramos del agua y resultó que no solo nosotros salimos tras media hora, los otros grupos también acabaron antes porque no podían tolerar el frío.

    Después regresamos al complejo y llegamos relativamente temprano, a las cuatro y media, con lo que tuvimos tiempo de relajarnos y charlar antes de la cena y después seguir la tertulia hasta la hora de irnos a la cama, que al día siguiente sería mi último día de inmersión.

    El relato continúa en Danzando con dugones

  • Otra cala en la isla de Corón

    27 de mayo de 2019

    Otra vez estoy en una pequeña cala, con arena blanquísima, un cielo perfecto y en remojo durante un par de horas. Alrededor de la isla de Corón hay tantas de estas pequeñas playas que resulta fácil para los barquillos encontrar una que convierten en la suya y así evitar las concentraciones de turistas que se dan en otros de los puntos de visita. Aquí podemos ver también como la vegetación llega hasta el mar, allí las plantas aprovechan todo el espacio posible y si pones un puñado de tierra en una de esas rocas, tarde o temprano crecerá un arbusto allí.

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