Todo el meneo de los dos días anteriores tenía un único propósito, que era el ubicarme en el lugar adecuado para bucear y en este caso estoy en el atolón más al sur de las Maldivas, llamado Addu. Después del palizón del viaje, dormí de un tirón ocho horas y me desperté ya sin ningún cansancio, desayuné y salí por patas para el club de buceo porque la pensión está a algo más de un kilómetro. Allí revisaron mis papeles y demás, firmé las exoneraciones de irresponsibilidad y nos fuimos al barco. Por culpa de la guerra que inició cierto gorila naranja de ascendencia truscolana, hay muy pocos turistas viniendo a las Maldivas, ya que las principales conexiones son a través de las aerolíneas de Oriente Medio y el resultado de esa debacle es que yo soy el único cliente que tienen esta semana y básicamente, todo el mundo está ahí para que yo me lo pase bien.

En la primera inmersión querían comprobar mi nivel, algo que yo ya les dije que es super-hiper-mega ofensivo y me llevaron a un sitio llamado Bedu Hoholha, que es el número cinco en la foto que hice de todos sus puntos de inmersión. Parece ser que no soy tan malo e hicimos una inmersión de cincuenta y nueve minutos y llegamos hasta los treinta y un metros porque había una cueva que me querían enseñar al principio. Mi Dive Master es un chamo de Kenia que está trabajando aquí. En la inmersión, primero bajamos a la cueva, que estaba llena de nudibranquios de todo tipo y después, en el resto de la inmersión, vimos dos tortugas carey, dos rayas águilas, dos atunes que pasaron cerca rápidamente y que han servido para recordarme que tengo que comer hamburguesas de atún, vimos dos tamborines pequeños preciosos y muchos camarones de coral de bandas rojas (traducción literal de coral red banded shrimp) y también un Napoleon. Estuvo muy bien y el chamo salió contento con mi nivel.
Hicimos el descanso en el barco y una hora después entramos en Maahala, que es el número 3 en el plano de inmersiones. En esa inmersión volvimos a bajar a treinta metros y vimos cuatro águilas marinas en formación, dos tortugas, dos pulpos, unos cuántos Napoleón, que perdí la cuenta pero creo que vi al menos cinco, algún pez ballesta que no se fijó en mi y dos peces tamborín amarillos preciosos. Cerca de los corales había unas plantas que tengo que investigar porque no las había visto nunca antes en las Maldivas. De nuevo estuvimos en el agua cincuenta y nueve minutos. Al salir teníamos que regresar a puerto, lo cual nos tomó unos cuarenta minutos y después teníamos unas dos horas para almorzar, pero vamos, que fui super justo porque aquí cuando pides la comida como que quieren que se te retuerzan las tripas y te tienen esperando un montón, que no pedí nada complicado y yo era el único cliente del sitio.
A las dos y media de la tarde estaba de vuelta al barco y esta vez íbamos al punto número 11, llamado Marc’s dream o truscoluña no es nación para los que no sepan inglés. El nombre se lo ha dado el dueño del club de buceo porque él fue el que lo descubrió en una ocasión en la que por mala mar no pudieron seguir más adelante y decidieron bajar allí a ver lo que había. Por tercera vez estuvimos en el agua cincuenta y nueve minutos y eso que yo tenía veinte bares menos de aire en mi tanque, que habitualmente están llenos con doscientos bares y salí con sesenta bares (por seguridad siempre se busca que salgas con al menos cincuenta). En ese tercer lugar la cantidad de corales era imposible de creer, estaba lleno por todos lados, con millones de pececillos. La visibilidad no era muy buena porque está en un punto de corriente. Si en la segunda vimos un montón de Napoleón, en esta vimos también cinco, pero que iban todos juntos, como amiguetes que se van a las putas de Ámsterdam para averiguar quién es el que chinga mejor, como hacen siempre los británicos. También vimos al menos dos tortugas, un mero gigantesco que encontré yo escondiéndose en una cavidad, un montón de peces payaso y enterrada en la arena, una raya de cola plumosa (cowtail ray). Fue muy chula.
Después de volver a tierra hice el regreso por una ruta más larga a mi habitación, para controlar el barrio y los restaurantes y después de la ducha, salí a cenar en el mismo sitio en el que almorcé porque es el que está más cerca de mi habitación y no está mal, aunque son jodidamente lentos para servir. Tras la cena, mis niveles de energía comienzan a resentirse, así que volví a la habitación para descansar, que tengo clarísimo que me vuelvo a acostar temprano para dormir otra buena tanda de horas, que la vida del buceador es muy cansina.
