Desde la calle se ve como una iglesia más bien modosita y cuando entras te encuentras con un despliegue opulento, con unas columnas de mármol épicas y el techo petado de frescos. Los frescos del techo se hicieron con perspectivas que según desde donde los miras, crean ilusiones en tres dimensiones. La iglesia merece una visita. Una curiosidad es que el edificio que está al lado es el Aula, el Gran Salón de la universidad de Viena y el lugar en el que se escuchó por primera vez en la historia del universo conocido y por conocer la Séptima Sinfonía de Beethoven.
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Cuatro récords
El lunes por la tarde, así como quien no quiere la cosa, en un poblacho llamado De Bilt que está a unos cinco kilómetros de mi keli, los equipos de medición del instituto nacional de meteorología holandeses llegaron por primera vez en la historia de la humanidad a los 18,3 grados, algo que no puede parecer mucho pero por estos lares, es un nuevo récord que rompía uno del último día de febrero del año 1959, hace escasamente sesenta años y además lo hacía con una temperatura un grado completo por encima del anterior récord. En los Países Bajos se fijan los récords en base a lo que sucede en ese poblacho pero en otras partes del pequeño país hubo temperaturas mayores.
El martes, aquel récord que estaba por cumplir su primer día de vigencia cayó, solo un día después, lo reemplazó otro con 18,4 grados. A esas alturas, por la tarde, se podía tomar el sol en un parque con una temperatura super-hiper-mega agradable, eso sí, siempre teniendo presente la hora de la puesta de sol porque tras ese momento, la temperatura exterior cae como si estuviera lastrada con una plomada.
El miércoles, todos cruzábamos los dedos para que el récord aguante y consiga mantenerse durante otros sesenta años pero no fue así, el nuevo, el recién declarado, volvió a caer y lo sustituyó otro con 18,9 grados, el veintisiete de febrero, en invierno, en los Países Bajos. El año pasado en esta época yo patinaba sobre hielo en los mismos sitios en los que hoy los tulipanes prácticamente han florecido. En muchísimos lugares del país incluido mi jardín los termómetros superaron los veinte grados y eso provocó el cuarto récord, el más terrorífico porque nos deja bien claros que el clima está cambiando a pasos agigantados.
El número de días entre distintos años en los que la temperatura fue de veinte grados ha bajado desde el récord del año 2014, cuando hubo ciento treinta y cuatro días que podemos considerar de otoño e invierno y ahora, en el 2019, ese periodo ha quedado en ciento trece días. Tenemos dos estaciones que deberían cubrir medio año apretadas en algo más de tres meses y medio. Bajamos de los veinte grados el seis de noviembre del año pasado y ya hemos vuelto a esa temperatura. Más claro no se puede tener. Si nadie hace nada por evitarlo, el invierno desaparecerá como estación en una gran parte del universo y tendremos un verano largo y una primavera/otoño que serán la misma estación pero llamándola otoño en el año que acaba y primavera en el que comienza.
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Jesuitenkirche
La Iglesia Jesuita o la Iglesia de la universidad es una que me llamó la atención por dos cosas. Por fuera, este edificio barroco tiene una fachada rara, que casi parece como un edificio de apartamentos. Por dentro, como veremos mañana, es fabuloso. El estilo de la fachada se desvía un poco del estilo barroco de las dos torres laterales, que no estaban cuando se construyó la iglesia sino en una remodelación al comienzo del siglo XVIII (equis-uve-palito-palito-palito). Mirando la iglesia desde la calle te puedes hacer una idea de interior empobrecido y con mucha cal blanca y cuando cruzas la puerta se te queman las retinas del festival que te encuentras dentro.
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Altar de la Karlskirche
El altar principal de la Karlskirche es espectacular y en la composición que hay detrás del mismo tenemos en la punta de arriba el triángulo que simboliza a Dios. En esa composición se ve al santo ascendiendo al cielo, en el que se puede comprobar que no hay siete vírgenes emburkadas esperándolo. El precio de la entrada a la iglesia cuando yo pasé por allí era de ocho leuros e incluía el ascensor a la parte superior de la cúpula, que te deja en unos andamios desde los que acabas el camino.



