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Distorsiones

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  • Los bolsillos

    27 de febrero de 2019

    Si hay algo que todos podemos considerar un dogma de fe, una verdad implacable, es que por más que yo quisiese ser obeso como Genín y Virtuditas, mi norexia-bulimia y más concretamente el jiñote no me lo permiten y mi peso oscila desde tiempos inmemoriales entre los sesenta y cinco kilos cuando estoy flaco y los sesenta y siete cuando estoy encochinado. Entre esos dos límites, subo y bajo dependiendo de la semana y de lo que coma, pero nunca paso el límite superior o inferior. Por eso, porque sé que mis oscilaciones son pequeñas, me puedo permitir planificar ropa hasta el infinito y más allá y cuando hace dos años vi una oferta escandalosa de pantalones a diez leuros, aproveché y me aprovisioné para las siguientes décadas, siempre en el entorno de la talla 30 y de ser posible, largo de pata 30, que a veces no es porque en los Países Bajos la gente tiene unas zancas que no veas. Cuando a alguno de los pantalones que uso a diario le llega su hora, lo cual sucede con una frecuencia mucho mayor de lo que me gustaría por culpa de no tener un coche pegado al culo como reputados culocochistas previamente mentados, me deshago del mismo y pillo otro del montón. Los pantalones, en mi caso, ceden por la zona del trasero y por culpa de la fricción con los sillines de las bicicletas, ya que cuando pedaleas, meneas la zona a conciencia y sobre todo si como me sucede a mi, tu bici no tiene velocidades y para ir más rápido pedaleas más deprisa.

    Esta semana miraba mi segundo pantalón favorito del momento, uno negro super-chulo y el pobre está a dos lavados de quedarme con los pelos del culo al aire, así que opté por pillar el siguiente en el montón, que casualmente también es negro. Me lo puse y encajaba como un guante, algo que ya más o menos se sabe porque una vez le pillas el punto a una marca, sabes que no hay variaciones. A propósito, mi pantalón favorito es un vaquero de marca gringa y tres dígitos que creo que compré en el año 2006 o quizás el 2008. Debe estar en algún lugar del mejor blog sin premios en castellano, estuve en Nueva York y en una tienda de descuentos cerca de donde anteriormente estaban las torres gemelas estaban tan pero que tan baratos y el cambio del leuro al dolar era tan escandaloso en nuestro favor que tuve que comprarme una segunda maleta por quince dólares y regresé a Europa con un cargamento de vaqueros del que aún me quedan dos. Creo que cuando yo salí de la ciudad ya no les quedaba mi talla en ninguna tienda. Volviendo al negro, el lunes pillo uno nuevo, me lo pongo y me queda perfecto, estiloso y fabuloso y realzando mi norexia-bulimia, con ese culito pequeño que engaña un montón porque te piensas que no da para mucho pero yo tupo retretes en tres continentes de manera regular. Voy a poner en el bolsillo los abalorios que tenía el otro pantalón y chacho, que el bolsillo está como doblado o así y no me entran las manos más allá de cuatro centímetros. Empujo y empujo y nada, que no me entran. Meto la mano en el bolsillo derecho y más de lo mismo, no es ni bolsillo ni nada. Me saco el pantalón y lo vuelvo del revés y miro y efectivamente, el truscolán que lo diseñó debía ser además lerdo o gilipollas y los hicieron sin unos bolsillos delanteros prácticos. Hay que ser cabrón para hacer algo así, imagínate que tienes un telefonino del tamaño de un folio y lo quieres llevar en el bolsillo, como hace casi todo el mundo salvo un servidor, que yo soy más de cartuchera colgando del cinto porque el meneo del pedaleo combinado con un teléfono en el bolsillo del pantalón es una película en la que el final será horrendo. No me puedo quejar porque yo pagué diez leuros por el pantalón pero su precio original era de noventa y me pregunto si alguien lo compró y no se dio cuenta de semejante gambada.

    Estoy por donarlo y seguir con el siguiente, que ya he mirado y tiene los bolsillos de toda la vida. Solo tengo que averiguar si esto lo puedo poner en la declaración de la renta. Por otra parte, no llevar absolutamente nada en los bolsillos, ya que no te cabe ni un pañuelo de papel tiene sus ventajas, hace que te vuelvas aún más minimalista.

  • Karlskirche

    26 de febrero de 2019

    Si alguno se cree que la ciudad ya no daba más de sí, está equivocado y en Karlsplatz está la Karlskirche, una espectacular iglesia barroca en el centro de la ciudad. La iglesia está dedicada a San Carlos Borromeo. La iglesia se inauguró en 1737. El interior de la iglesia es espectacular e incluso se puede subir a la parte superior de la cúpula, algo que sí que hice. La iglesia la mandó a construir el emperador Carlos VI (uve-palito) después de una epidemia de peste. En la fachada hay dos columnas enormes en las que hay relieves de la vida de San Carlos Borromeo y se inspiraron en la columna Trajana. Aunque no lo aparenta, la iglesia es masiva y es la segunda más grande de Viena, tras la catedral.

  • Lo raro

    25 de febrero de 2019

    A mí no me queda ninguna duda que nos hemos cargado el equilibrio del planeta y que de aquí hasta el final, vamos a ir cuesta abajo y sin frenos. Estamos en febrero y este fin de semana hemos batido día a día los récords de los días más calurosos del año, lustro, década, siglo y el siglo anterior hasta donde hay medidas registradas. Pasamos en el mismo día de un fresco despertar a cero grados con el que salgo de mi casa, con mis guantes finos de correr, mis orejeras y mi polo de manga corta cubierto con una chaqueta para cortar el viento que en realidad no abriga ya que usa el calor corporal y a mediodía estamos ya en quince grados, sudando como cochinos si en lugar de ir como yo, ligerito, has optado por el equipo de invierno al completo. Al volver a casa, por la tarde, ya tenemos dieciséis grados, que en Holanda es prácticamente temperatura de verano y sin viento, la caló se nota un montón, con lo que la chaqueta la meto en la mochila y voy de lolailo en bici. Si no hay cambio climático, que alguien nos explique como en lugar del hielo y el frío que deberíamos tener estamos con los bulbos de tulipanes desquiciados, creciendo varios centímetros cada día porque creen que están ya de lleno en la primavera. A esta velocidad, es posible que para cuando abran el Keukenhof, el gran parque de los tulipanes, ya sea tarde y lo que es seguro es que quien haya planeado la visita en la primera quincena de mayo, antes de que cierren, se va a jartá a ver césped porque los tulipanes ya habrán desaparecido.

    Hasta las bestias que hibernan han salido, sorprendidas un poco porque los días son mucho más cortos de lo que solía ser habitual y preguntándose qué puede haber pasado para explicarlo. Los patos, en los canales y en los estanques, se dedican al acoso de las patas, cuando ven una van a por ella para empetársela hasta las plumas de sus güevillos y ellas huyen graznando, lo cual hace que otros machos detecten su presencia y esto es como presenciar a una de esas manadas que violan pavas en España pero en versión documental de LaDos. En las lagunas, los martines pescadores, los machos que se quedaron en los Países Bajos protegiendo su zona de otros machos ya miran hacia el cielo esperando que lleguen las hembras que se fueron al sur para ofrecerles pescados y engañarlas y darles una buena ración de chimpún.

    Aquí arriba ya no nos hace falta ni que cierta cadena comercial anuncie el principio de la primavera. Aún no han llegado los carnavales y ya estamos en primavera y mira que los carnavales se han retrasado este año hasta marzo. Me veo preparando los semilleros de pimientos de Padrón, de calabazas y de girasoles, que se supone que tenemos que esperar a que acaben las heladas y a menos que se produzca un milagro, esa suposición ya pasó, ya llegó la primavera y la pregunta que nos tenemos que hacer es si será de baldes de agua o de sequía. Espero que sea del primer tipo.

  • La semana pasada en Distorsiones

    25 de febrero de 2019

    La semana pasada me piló Volviendo al templo y disfrutando de nuevo de las mejores costillas del universo conocido, producto que entre otras ventajas, te asegura que no compartiras cielo con los joputas-terroristas-islámicos al ser de carne de cerdo. En las eternas guerras laborales he llegado a la conclusión de que La letra con sangre entra muchísimo mejor. En mi casa, estoy Preparando el camino para el césped o más bien, el nuevo césped que voy a añadir en una de las zonas. Mi vecino está convencido que a arrancar y transplantar árboles y arbustos no me gana nadie. La maldad tan grande que porto dentro salió a la superficie en El de las escaleras

    En Viena, pasamos la semana en el palacio de Schönbrunn o más bien en sus jardines y vimos La Glorieta del palacio de Schönbrunn, después seguimos con una vista del Palacio de Schönbrunn desde la Glorieta con la ciudad al fondo y nos pasamos a ver el precioso Kronprinzengarten y le decimos adiós a este lugar en El palacio de Schönbrunn visto desde lo alto de la fuente de Neptuno.

    Fui a ver cinco películas al Cine y comenté cuatro comenzando con la aburrida Feliz día de tu muerte 2 – Happy Death Day 2U, seguimos con la excelente ¿Podrás perdonarme algún día? – Can You Ever Forgive Me? tropezamos en la tediosa El blues de Beale Street – If Beale Street Could Talk y acabamos con la mierda de Van Gogh, a las puertas de la eternidad – At Eternity’s Gate. Por supuesto, hice La quiniela de los Oscars y como siempre, fallé en casi todo.

    Y vuelve un clásico aunque parcialmente y con limitaciones. Por fin la semana pasada acabé de reemplazar las más de dos mil imágenes de los carteles de Cine y tras esto y para cerrarle el pico al Ancestral, he comenzado con las fotos de comida, con lo que hay un resumen parcial por aquí debajo. Las fotos de comida, por ahora, se limitarán a aquellas de las que existen recetas, con lo que se puede olvidar de ver fotos de empanadas a menos que añada esa receta. También y por ahora, las fotos son únicas con lo que siempre veremos las mismas.

    Y así transcurrió la semana.

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