Una de las cosas que hace a Viena especial es que la ciudad está junto al río Danubio y de hecho, hay barcos cruceros pasando todo el tiempo y líneas regulares que te llevan a Praga, Budapest y otras ciudades que cruza el río. Como no pasa exactamente por el centro de la ciudad, allá por el año 1598 que tan bien recuerdan Genín y Virtuditas se hizo un canal de unos diecisiete kilómetros de largo y que entra hasta el mismito centro. Gracias a este canal, hay barquillos aparcados en el centro que te dan la vuelta de los diecisiete kilómetros (o algunos menos) y ya os podréis imaginar cuales serán las fotos que vendrán en los próximos días.
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El índice de saturación
Hay un factor bastante raro que tengo muy en cuenta a la hora de ir al cine. Es el índice de saturación de una película, una cifra mágica y desconocida que nos indica la cantidad de veces que puedo ir a ver una peli sin hastiarme, punto en el que es más que probable que caiga dormido aunque sea una película que me encanta. Cada película parece tener un índice de saturación distinto y no tiene nada que ver con lo mucho o lo poco que me haya gustado la susodicha. Puedo ir a ver varias veces una que considero mediocre y hubo muy buenos ejemplos el pasado verano durante la ola de calor y puede haber una obra maestra, un peliculón, que tras ver una sola vez ya ha llegado a la saturación y no la quiero volver a ver más y sé que de verla, me dormiré en la sala sin remedio, aunque me guste una jartá la película. Cuando el año pasado vi Bohemian Rhapsody por segunda vez a mediados de noviembre, alcancé ese punto, o eso pensaba yo. Reservé entradas en multitud de ocasiones durante las siguientes semanas y siempre encontraba una excusa para no ir al cine, algo que muestra a las claras que había llegado al índice de saturación. Han pasado un montón de semanas, meses, concretamente tres meses y medio y sigue en cartelera. Después de los Oscars y en una semana sin otras opciones, consideré el regresar al cine y reservé mi entrada. Esa vez sí que fui a ver la película y me volvió a gustar un montón, las partes que me hacían temer todo lo peor, siempre, resultaron ser de duración corta y pasable y en concreto, es el segmento en el que Freddie Mercury se separa del grupo y se va con la mariquita irlandesa a grabar su álbum, parte que para mi se hace insoportable porque el irlandés me cayó super-mal desde el principio por sus artimañas. Regresando a la película, me sirvió para refrescar mi recuerdo de la misma, la gloriosa banda sonora, las fabulosas canciones de Queen y lo idílica que es la relación entre todos los miembros de la banda. Cuando terminó la película, como en las dos ocasiones anteriores, me quedé hasta el final para seguir escuchando la música. Ahora que he visto las películas de todos los nominados, me reafirmo en que Rami Malek se merecía el Oscar, no solo hace los playbacks más fabulosos que te puedas imaginar, además es que durante la historia, se va transformando como decía la canción aquella de Julio Iglesias, de niña a mujer y lo vemos madurar en su mariquitismo.
Lo extraño no es que haya vuelto al cine y retado y superado con éxito el índice de saturación de la película, es que ha caído un montón y creo que la puedo ir a ver una o dos veces más antes de volver a llegar a ese punto en el que no la quieres ver más. No sé si podré verla esta semana pero igual me acerco la semana que viene para un cuarto y quizás último visionado. De las películas que comenté la semana pasada, tengo claro que Escape Room aguantará perfectamente un segundo pase y me servirá para fijarme en algunos detalles específicos que se me escaparon la primera vez que la vi.
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La semana pasada en Distorsiones
La semana pasada la comenzábamos hablando de Lo raro que está el tiempo y como ya no se puede fiar uno ni de las estaciones meteorológicas, que han decidido pillarse unas vacaciones. Mirando en Los bolsillos descubrí que algún malaje diseñador se cargó esa parte tan importante de los pantalones sin que haya ninguna ventaja para no ponerla. También relacionado con el tiempo hay Cuatro récords en la misma semana.
Parece que ya lo tengo casi todo bien atado, como expliqué en Apuntalando detalles y mis vacaciones para bucear en Asia de este año serán épicas y legendarias.
Seguimos viendo fotos de la ciudad de Viena, aunque poco a poco nos acercamos al final de la serie. Esta semana comenzó con la Karlskirche y por supuesto vimos el Altar de la Karlskirche y seguimos de gira de iglesias visitando la Jesuitenkirche y golizneamos el Interior de la Jesuitenkirche.
Fui a ver solo tres películas al Cine porque realmente no hay nada nuevo y una de las tres fue Bohemian Rhapsody, que revisité tras los Oscars. Por suerte aún tengo películas en la despensa y comenté cuatro, comenzando con la mediocre Verliefd op Cuba, seguimos con la comedia china Pegasus, después vino la fantástica Escape Room y lo dejamos con un nivel alto en Venganza bajo cero – Cold Pursuit.
La comida, más o menos ya que hubo al menos dos platos nuevos que no se ven por aquí, fue:
Y así transcurrió la semana
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Venganza bajo cero – Cold Pursuit
Si hay algo que estoy procurando este año con más empeño que en los anteriores es lo de evitar películas que se que me van a noquear, sobre todo si ese día llueve, nieva, hiela o hay bruma, yo ya para salir de mi casa quiero un mínimo. Sin que venga pero viniendo a cuento con la de hoy, el cine de los países nórdicos lo evito como la peste, me pueden dar una bolsa de cotufas gratis que no voy al cine para ver películas de esos países porque hasta ahora, lo único que consiguen conmigo es que duerma como un bellaco y me cague en más de una madre que debería haberse lavado el chocho con jabón después de fornicar. Esta regla la practico desde hace un tiempillo y por eso seguramente jamás se me ocurrió ir a ver la película en la que está basada. Cuando la han vuelto a hacer con gringos y han puesto a Liam Neeson de protagonista, ahí es cuando despertó mi interés. Se trata de la película Cold Pursuit, la cual se estrenó en España al comienzo de febrero con el título de Venganza bajo cero.
Un julay emputado deja al primo-hermano del Güaca sin cuadrilla para cometer sus crímenes
En un poblacho en el que el invierno es la hostia y que está en el recarajo pa’l norte, un tipo trabaja conduciendo el quitanieves, que es como una cosa super-intelectual y avanzada. Resulta que lo nombran ciudadano del año del villorrio y al poco su hijo aparece muerto por sobredosis o algo así. El colega no se lo cree y monta una investigación por su cuenta y por el camino, va matando a todos los criminales de la banda que se le van cruzando sin ningún escrúpulo o cargo de conciencia y allí como que no pasa nada, ni siquiera chimpún.
Este es el tipo de cine en el que Liam Neeson borda ese papel que hace de tío al que le han tocado los güevos hasta calentárselos y que no tiene ningún problema en matar gente a porrillo sin mover un solo músculo de la cara. Él es el alma de la película y cuando alguno de los otros trata de desarrollar una de las historias secundarias, se nota. Tiene momentos en los que se vuelve cómica por la facilidad con la que mata a los malos y como se deshace de ellos sin que nadie lo pille y la explicación que da para el método que usa. Hay algunas cosillas que quedaron como cogidas con pinzas como la movida con su hembra, que se quita de en medio casi desde el principio y no queda muy claro por qué y al final igual se les fue la mano con un niño que hace que por unos instantes estemos en la secuela de la película aquella de salvar una ballena para así dejarla en el mar y que la pesquen los japoneses y se la coman. Pese a estos baches, es una buenísima película de acción que entretiene, que es de lo que se trataba.
Si eres un miembro del Clan de los Orcos, este es el cine que se hace para vosotros y hasta podéis llevar a las hembras al cine y hacer del evento una salida de grupo. Si eres un sub-intelectual con GafaPasta, la verás de tapadillo en tu casa y jamás lo reconocerás.





















