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  • Feliz día de tu muerte 2 – Happy Death Day 2U

    23 de febrero de 2019

    Mira que me tripito y cuatripito una y otra vez que hay que ser un poquito más selectivo y leer el SantoLibro que lo contiene todo y que no es otro que el mejor blog sin premios en castellano y ver lo que su aclamado autor dijo en su día cuando quieres ir a ver una segunda, tercera o decimoséptima parte. Pues nada, que me da el gandulismo y no lo hago, sobre todo si en ningún lugar del póster aparece una mención del soplapenes de Tolkien o de su lacayo Jackson y así terminé yendo a ver una segunda parte de algo llamado Feliz día de tu muerte – Happy Death Day que en su día me pareció un paquete. La nueva se titula Happy Death Day 2U y llegó a España la semana pasada con el título de Feliz día de tu muerte 2.

    La julay de la primera vuelve a montar un pitote espacio-temporal con tal de lamerle las arriolas al chamo que quiere que se la empete

    Después de sobrevivir al día de su muerte en la primera, resulta que el amigo indio de su novio, que tiene pinta de terrorista musulmán-de-mielda, provoca una especie de anomalía en el espacio y el tiempo y acaban de nuevo en un lazo temporal con la pava de nuevo teniendo que morir cada día hasta que resuelva el nuevo pitote y consiga que el pollardón del pseudo-científico resuelva la ecuación y solucione la anomalía. Entre medias, hay un nuevo asesino en el lugar y cuando no lo hay, ella es super amañada y se mata a ella misma o así.

    Igual es porque ya estaba preparado después de la primera parte pero esta vez la película me pareció un pelín mejor. Eso sí, quien crea que por el título es una película de terror, le pido un poquito de porfavor y que se fume un canuto de polvos de pimienta para ver si su cerebro reacciona porque esto no cae en ese género ni de coña. La película tiene a la misma pandilla de jóvenes talluditos que por supuesto, han envejecido un pelín y si antes era difícil creer que estaban estudiando, pues ahora lo es un poco más teniendo en cuenta que han vuelto casi al mismo día de la primera película. Decir que los actores actuaban es estirar el concepto de esa profesión demasiado, lo podemos dejar en que cogieron la pasta y salieron por patas. La película tiene el mismo problema que la anterior, que a veces de repetir la misma escena con ligeras variaciones una y otra vez, el productor igual se ahorra una pasta en presupuesto pero nosotros los espectadores nos aburrimos. Si a eso le unimos que tiene un nuevo final tonto, mucho me temo que nos torturarán con una tercera parte y yo volveré a tropezar en el tema.

    Esto es cine estúpido pensado para los miembros del Clan de los Orcos pero con lo que valen las entradas de cine hoy en día, mejor usan esa pasta para comprarse tabaco, unos porrillos o llevarse a la hembra a comer un menú infantil en su restaurante de comida rápida y que después y en sincero agradecimiento ella se la coma hasta los pelos de los güevos. Esto no es cine para los sub-intelectuales con GafaPasta.

  • El de las escaleras

    22 de febrero de 2019

    A la hora de ir y volver al trabajo, somos animales más bien rutinarios, salimos a unas horas más o menos fijas y así, nos cruzamos con gente, si no eres culocochista como Genín y Virtuditas y usas el transporte público con unos y otras que acaban resultándote conocidos. Se puede dar que termines saludándolos cuando los ves, reconoces su presencia porque han entrado a formar parte de tu rutina diaria. En mi caso, como suelo ir y regresar a la misma hora, tengo mis dos momentos en el que muchos nos conocemos y hasta sabemos el lugar en el que les gusta sentarse a los otros dentro del tren, ese sitio en el que día tras día los ves.

    Un ode esos julays que te tropiezas con mucha frecuencia suele ir en el tren en el que yo regreso a Utrecht por la tarde. Es un chaval joven y de apariencia normal, sin ninguna característica que lo haga destacar particularmente. Es rubio, como casi todo el mundo por aquí, probablemente tenga los ojos azules o verdes, como casi todo el mundo por aquí y no creo que tenga más de veinte años. Viéndolo en el tren es una persona más, no hay nada raro. Yo suelo sentarme en la zona cercana a la segunda puerta de salida contando desde la parte delantera y a ese chamo le mola ir un poco más adelante, cerca de la primera puerta. Para mí, no me compensa esa zona porque se suele llenar con la gente que avanza por el tren porque al llegar a Utrecht, nuestro tren siempre lo hace en uno de los andenes que no continúan hacia el sur y si estás por delante, estás más cerca de las escaleras de acceso a la estación o del túnel sur para ir a los otros andenes. Yo acabo siendo el que está junto a la puerta, abro la segunda y para cuando paso a los que salen por la primera, suelen ser cuatro o cinco y con algo de propulsión extra, tirándome un peíllo o dos, los dejo atrás. Por eso, por ir en la vanguardia del grupo que conmuta a otros trenes, nunca me había fijado en este chamo al salir. Un día de la semana pasada, me puse más atrás en el tren y al avanzar, iba sin prisa porque ya sabía que mi el tren que sale cinco minutos más tarde lo habían cancelado y el siguiente era un cuarto de hora más tarde con lo que no tenía prisa.

    Cuando llegué a las escaleras para bajar al túnel, veo al chamo, agarrado a la barandilla con ambas manos y bajando los escalones de uno en uno y con muchísimo cuidado, como si fuera el tatarabuelo de mi bisabuelo y tuviese miedo de caerse y romperse un hueso. El colega era un espectáculo bajando las escaleras e inmediatamente, mi cerebro, que está incorrupto pero es definitivamente putrefacto, lo calificó como mariquita del coño, aunque hubo un proceso mental que lo quiso catalogar minusválido pero lo aborté porque ahora eso no lo podemos decir con el buenismo y lo de persona con discapacidad a mí me suena a lerdo, totorota, subnormal y truscolán, todo arrejuntado en un único cuerpo. Al llegar al final de la escalera, el chamo se recompuso, sus chacras se resintonizaron con el universo y comenzó a correr normalmente para ir hacia su andén de destino y cuando lo alcanzó y comenzó a subir, volvió a comenzar el espectáculo de subida como si fuera una muñeca con pilas seguramente alcalinas andando.

    Ahora cuando lo veo, sentadito en el tren, no puedo dejar de pensar que visto lo visto, lo mejor es mantener la distancia con él porque es rarito, que una persona joven que sube y baja escaleras así tiene que tener algún secreto oculto y tarde o temprano se descubrirá y todos nos llevaremos las manos a la cabeza asombrados y juraremos por las bragas más sucias de Mafalda que de ninguna manera nos lo podíamos imaginar. Yo estaré mintiendo porque sí que me puedo imaginar, en base a esa única ocasión en la que fui testigo de esa manera tan rara de bajar y subir escaleras, que hay algo malvado y rastrero en su interior y que esperemos que sea más tarde que temprano cuando salga a la superficie.

  • El palacio de Schönbrunn visto desde lo alto de la fuente de Neptuno

    22 de febrero de 2019

    Antes de dejar el lugar, una última foto del palacio de Schönbrunn visto desde la fuente de Neptuno. Al estar en una posición elevada se pueden apreciar mejor los jardines frente al palacio y su bonito diseño. Como parque de la ciudad, el lugar es fabuloso para darte un garbeo el sábado o el domingo y apartar a las bestezuelas de sus teléfonos, tabletas y consolas.

  • Preparando el camino para el césped

    21 de febrero de 2019

    Con la caló tan horrenda que estamos teniendo en los Países Bajos este invierno, mis vacaciones del jardín se han acabado mucho antes de lo esperado y el sábado tuve que ponerme manos a la obra para preparar el escenario de los nuevos cambios en mi reino, que sí que es de este mundillo. De los cuatro lectores, si alguno tiene memoria de largo plazo igual se acuerda que el año pasado cuando estábamos en plena ola de caló tan dañina, una plaga de insectos asoló el país de sur a norte y un tipo específico de plantas murieron, unos pequeños matos que se pueden moldear y que se usan con mucha frecuencia para los lindes entre los jardines de las casas y para crear estructuras de altísimo diseño en nuestros jardines. En mi caso, en la parte frontal de mi casa murieron todas las plantas que separaban mi keli de la de mi vecino y en el jardín posterior tenía dos árboles rodeados por esos setos que también desaparecieron. La repoblación de la parte delantera ya la estoy organizando con el vecino y hemos elegido el árbol Fagus sylvatica, que al parecer en español es el haya común y que se compra en tamaño pequeño y podándolo, nunca llega a ser árbol. Tiene la ventaja que en invierno, las hojas se mueren pero se quedan agarraditas a la rama como político truscolán a su escaño y cambian al color rojo, con lo que tendremos el linde de la casa en verde en primavera/verano y en rojo en otoño/invierno.

    En la parte trasera el problema fue más dramático. Me quedaron dos árboles rodeados de un erial junto a un troco de césped. Como el césped es mágico en lo relativo al mantenimiento, he optado por extender esa zona de césped y ampliarla en un metro y medio. No quería ni quiero que los árboles que estaban allí siguiesen así que a uno lo condené a muerte y al otro a un transplante, el segundo que sufre y que lo iba a acercar hasta la keli de las bicicletas. Durante el invierno, en una sesión maratoniana, arranqué el condenado, que me llevó como una hora y media extraerlo y meterlo en el contenedor para reciclado de jardín y verduras. En su lugar quedó un cráter que opté por no cubrir. El otro matojo o árbol, uno que produce unas flores blancas muy bonitas al final del verano y que es muy estilizado, lo quería poner en donde tenía varias plantas de hortensias, las últimas supervivientes de mis años viviendo allí, ya que cuando compré la casa el jardín estaba petado de hortensias.

    El fin de semana pasado fue la matanza de las hortensias, tres de cinco, que sobrevivirá una que es trepadora y está pegada a la pared de la keli de las bicis y la otra, no la maté porque tenía el contenedor para reciclado lleno, pero ya está oyendo las campanas y debería saber que no llega viva al domingo. Después excavé un cráter, extraje el otro arbusto y lo puse en su nueva ubicación. Ahora me queda esperar que empiecen a vender las alfombras de césped para comprar un par de rollos y cubrir la zona a expandir, que lo de plantar semillas y esperar que crezca estaba muy bien en los ochenta pero hoy en día no mola nada. En la zona en la que queda el nuevo árbol, casi pegado a la pared, haré un pequeño parterre de unos cuarenta centímetros de ancho y junto con el arbusto y la trepadora, creo que voy a plantar fresales y quizás menta.

    Por supuestísimo, ya podé la catalpa y el armazón de la enorme bola que generó durante la temporada del año pasado resultó en un contenedor completo de residuos. Este año, estoy planeando, Dios mediante si no me echan, comprar unas jardineras para poner en la terraza de la oficina y plantar aún más pimientos de Padrón, que se me dan que no veas y con el solajero que todos esperamos, me salen fabulosos, de los de la puta la madre, pican que no veas, como los de antes que ahora los de invernadero parecen más bien pimientos amariconados de Padrón.

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