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Distorsiones

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  • Volviendo al templo

    18 de febrero de 2019

    Llevo ya varias semanas maquinando el regreso al templo en el que sé que Dios se comunica con nosotros pero por hache o por be o quizás por alguna otra letra o razón, cada semana se me complicaba y no podía, no podía, no podía. Entre que los miércoles tengo italiano, los martes solían estar cerrados, los lunes nadie quiere salir y los jueves y viernes entre el cine y las invitaciones no paraba, me ha costado sangre, sudor y muchísimos bufos y peos (pedos si estáis leyendo la traducción al castellano peninsular) el fijar el día del regreso, que al final quedó establecido en el viernes de la semana pasada.

    Como la gente parece que sigue acarajotada con el invierno, usé mis dotes para la manipulación y convencí a un colega del trabajo para venir conmigo. Por desgracia, los viernes trabaja desde su casa, así que tuvo que decirle a su hembra que se ocupe ella de su hijo y se vino a la oficina como un campeón para ir conmigo. Él igual hasta se piensa que la idea fue suya y yo lo dejaré que lo sueñe, que el arte de la manipulación se mide en la ignorancia ajena y yo tengo varios doctorados en el mismo. Excepcionalmente, trabajé hasta las cuatro y media de la tarde, es decir, le regalé a la multinacional amarilla en la que me prostituyo cuarenta y ocho minutos de casi una hora extra, regalo que he multiplicado por cien, como el julay aquel que lo hacía con los panes y no creo que haya limpiadora del edificio que no lo sepa, ya que la grandeza de ser más profesional que ningún otro está en saber venderte y que esa buena acción totalmente gratuita que haces porque no te sale del fondo de tu corazón la canten los heraldos en todas y cada una de las cuatro máquinas de café que hay en las cuatro plantas del edificio.

    Salí de la oficina en mi bicicleta y fui paseando al centro, disfrutando además de los casi trece grados que teníamos y que nos situaban a las mismísimas puertas de la primavera, que por aquí arriba se dice que empieza al llegar a los quince grados, algo que sucedió el domingo y que es como un aquelarre en el que los bulbos de tulipanes se desquician y comienzan a empujar sus tallos hacia el cielo a un ritmo de varios centímetros diarios, con lo que parece que este año llegarán pronto. Mi destino, si aún eres tan ignorantón que no lo has adivinado, era el Café Cartouche, el centro del universo culinario mundial cuando hablamos de las costillas de cerdo marinadas, un lugar por el que al final del año pasado todos temimos muchísimo. Cuando entré todas mis chacras florecían de la emoción tan grande que las embargaba, como si no hubiesen pagado el crédito ese que nunca pidieron. Por fuera, desde la calle, parecía prácticamente el mismo pub de siempre, el de toda la vida. Dentro, en la barra, los de siempre y la camarera pelirroja más famosa de los Países Bajos ya que en los últimos quince años es la que sirve las copas en el programa de fin de año más famoso de la tele holandesa. Me saludó, ya que allí soy habitual y reconocí también al cocinero y al otro camarero, es decir, el equipo sigue siendo el mismo. En la parte interior del café ha vuelto a aparecer la mesa de billar y el baño lo han reformado quitando el horrendo abrevadero en el que meabas en multitud y lo han sustituido por urinarios individuales, lo cual yo y muchos más agradeceremos eternamente. La cocina parece que también la han reformado y el cambio mayor es que en la parte trasera, en donde estaba el cuarto obscuro para los fumadores, han hecho una extensión del pub con más mesas para comer, una zona muy agradable para pasar la velada.

    El otro cambio significativo es en los manteles individuales que ponen. Antes tenían un dibujo original hecho por un famoso artista holandés que se suicidó y ahora tienen el menú de la comida escrito en el mismo, menú redundante ya que allí solo se va por una cosa, un plato, ese que clavan y que han perfeccionado. Allí se va a comer costillas y eso es lo que pedimos. En la barra, continúan los diez grifos de cerveza con lo que siguen siendo unos de los bares con mayor variedad de cerveza de grifo del universo conocido. Mientras veía todo esto, hacía fotos con el teléfono de los cambios, de las mejores y obviamente no hacía fotos del baño y las enviaba con saña e inquina a todos los conocidos que vienen o han venido o quieren venir conmigo al Cartouche usando el güazap. La última fue la foto de las épicas costillas. El objetivo de este acoso visual estaba claro, manipularlos de manera nada sutil y comenzar a llenar mi agenda con visitas frecuentes a comer costillas. Cuando acabamos, satisfechos a más no poder, el otro chamo pagó y después me llegó el mensaje con la parte proporcional de la cuenta para transferirle el dinero, que la tecnología ha avanzado una barbaridad y ahora puedes, usando únicamente el correo electrónico, compartir la cuenta, algo mágico y maravilloso que se merece un Nobel y varios Oscars de categorías técnicas, sobre todo porque funciona entre todos los bancos holandeses sin ningún tipo de problemas.

    Para cuando volví a mi casa, después de la campaña acosando a los amigos, comencé a colocar las citas en la agenda, como debe ser. Solo nos queda desearle una ¡Larga y exitosa vida al Cartouche! y ¡que no se acaben las costillas de cerdo hasta el día del juicio final!

  • La semana pasada en Distorsiones

    18 de febrero de 2019

    La semana pasada comenzó con La alerta, que nos recuerda que hay un montón de tecnología usada para mantenernos al loro de lo que sucede a nuestro alrededor y avisarnos con tiempo para que salgamos por patas. Seguimos con Las fabulosas costumbres del pasado que hemos perdido, como la pena de muerte que tanta falta que nos hace para mejorar la parrilla televisiva. Uno de mis dramas de la semana fue La llave o lo que puede suceder cuando tu mecánica sufre uno o varios cambios que afectan a las tareas automáticas que todos hacemos sin pensarlo. Siguiendo con esta fase de mi vida en la que procuro evitar las fotos y escribir solo letras, llegamos a las Sanguijuelas corporativas que infectan cualquier corporación, que desde que una empresa tiene dos empleados se corre el riesgo de que exista al menos una. Llegamos al fin de semana con Al alba y la declaración de la victoria de la luz frente a la obscuridad que nos ha aplastado durante los últimos meses.

    En Viena, vimos el Palacio de Schönbrunn y ya no salimos de ahí y seguimos con el Palacio de Schönbrunn desde los jardines y seguimos con la Fuente de Neptuno y la Glorieta del palacio de Schönbrunn y lo dejamos en la Fuente de Neptuno en los jardines del palacio de Schönbrunn. Calculo que nos queda combustible para un par de semanas antes de acabar con la ciudad.

    Fui a ver cinco películas al Cine y comenté cuatro, comenzando con la decepción que supuso La LEGO película 2 – The Lego Movie 2: The Second Part seguimos con la infame película de terror The Prodigy y gracias a Dios todo mejoró con la fabulosa Mid90s y acabamos con Alita: Ángel de combate – Alita: Battle Angel.

    Y así pasó la semana

  • Alita: Ángel de combate – Alita: Battle Angel

    17 de febrero de 2019

    Tengo que reconocer que siempre que he visto el trailer de la película que voy a comentar, me preguntaba un poco de qué irá la cosa porque la información que nos cuentan al principio del mismo y la que hay al final como que son contradictorias y muchísimo me temía que esto iba a ser una de esas pelis que no llegan a nada porque en realidad son treinta y seis libros o así y puedo confirmar y confirmo que yo no los he escuchado o leído, aunque más tarde me enteré que en realidad son cómics. La película de esta movida se titula Alita: Battle Angel y también se ha estrenado en España esta semana con el título de Alita: Ángel de combate.

    A una julay robot de cocina y baño se le encoña el chip de las calenturas de un tonto’l culo pajero que pasaba por allí.

    Resulta que un tipo que parece alemán y rarito y que arregla miembros artificiales de julays se encuentra el cabezón de un robot y lo transplanta a un cuerpo y en un futuro muy lejano el robot ese es como super-listo y tal y tal, aunque le sale rebelde en la adolescencia y se junta con un chaval al que le ha echado un ojo al paquetón y quiere que se la empete hasta que se le aflojen todas las tuercas. Por supuesto, todo sale mal porque hay gente que la quieren matar o reciclar y ella tendrá que luchar, como siempre, para salvar el mundo, el universo y todo lo demás y encima la memoria del pasado que no tenía le empieza a volver y son todo movidas chungas.

    Lo bueno de la ignorancia mía tan grande es que llegué a la película sin prejuicios y además, conseguí ir a una sesión en DosDé, que es todo un lujo porque todos sabemos que las gafas esas para investigar una dimensión que no existe no funcionan para nada y estropean el cine y cansan los ojos. Así que entré en este universo cyberpunk y mola mazo y la cara de la chica es fabulosa con esos ojitos enormes que tiene y que te dan unas ganas de echarle una lefada en la cara que no veas mientras ella te llama papuchi. El problema es que son dos horas y después de un rato, la sorpresa se acaba y la pel´`icula avanza sin tener un destino muy claro y los caracteres secundarios o son abiertamente gilipollas o tontos o absurdos. Tenemos que el creador/padre de la chama lo interpreta Christoph Waltz haciendo el papel ese de nazi que hace siempre, que este hombre es mono-temático, solo tiene una actuación y a los gringos les gusta y al repite una y otra vez. Lo mejor son las escenas en las que sale Jennifer Connelly, que además se trajo a las mellizas, esos pedazos de tetas que te impiden saber el color de sus ojos y pasea por las escenas que no veas y más si estás en la segunda fila del cine como yo, que hubo momentos en los que pensé que podía morir aplastado por una ubre y no veas que muerte tan feliz sería. La película en sí no es mala y sobre todo la primera hora es fabulosa pero después de eso, se detiene en un bucle del que parecen no saber como salir y toda la movida de la competición con la Alita esa acaba por agotar con tanto efecto especial. El final me dejó patidifuso, básicamente, si no hay segunda parte jamás sabremos como acaba porque parece como que se les acababa el tiempo de alquiler del equipo para el rodaje y lo dejaron donde pudieron. Pese a ésto, vale la pena verla.

    Si eres un miembro del Clan de los Orcos, inicialmente yo pensaba que la película es para vosotros pero ahora que la he visto, quizás sea demasiado compleja y enrevesada para cerebros mono-neuronales como los vuestros. Al tener tanto efecto especial, definitivamente está vetada para los sub-intelectuales con GafaPasta.

  • Mid90s 

    17 de febrero de 2019

    Llevo milenios diciéndolo y jamás pensé que existiese otro julay en el universo conocido o por conocer que esté de acuerdo conmigo pero la película de hoy es la prueba que lo confirma. Llegué a ella de manera fortuita, fue el estreno sorpresa de la semana, jamás de los jamases había visto el trailer o había leído un comentario sobre la misma. Para mí no existía hasta el día que fui a verla, algo que quizás sea muy bueno ya que en muchas ocasiones, el trailer es un enemigo de la película porque sintetiza lo mejor y cuando ves el producto completo, te desilusiona. La película se llama Mid90s y al parecer es posible que si dijeran que se estrene a mediados de junio en España y desconozco como la titularán aunque imagino que el traductor tirará por lo seguro con truscoluña no es nación.

    Un julay adolescente descubre la nueva vida que está por llegar y se lo pasa chupi-piruli.

    Un chamo vive con su madre y su hermano, un cachas que le da unas tundas que no veas cuando le toca sus cosas, pero no sus ¨cosas¨ sino las otras, las que tiene en el dormitorio. El chiquillo casualmente escucha una conversación de un grupo de mono-patinadores y como que encuentra una nueva obsesión y se hace el guay para formar parte del grupo y hasta le compra a su hermano su sancheski, que igual no lo sabes porque eres inculto y bruto pero ese fue el primero que se le dio en España. A partir de ahí, el chiquillo como que encontrará una nueva familia, con unos amigos entre los que también hay tensiones, celos y movidas pero una gente que cuando tienen que estar a tu lado, lo están. Mientras vive sus primeras experiencias con el tabaco, el alcohol, las drogas y el sexo, la vida del chiquillo irá tropezando en sus errores.

    La película dura ochenta y cinco minutos y es prácticamente perfecta por eso. La acción transcurre rápido y no hay una puta escena que haya que cortar. El director, que es el actor Jonah Hill y que ha ganado un montón de crédito conmigo gracias a esta maravilla, tiene claro lo que nos quiere contar y se olvida del resto, no hay historias secundarias fuera del entorno del protagonista, no hay escenas sin un propósito y no hay escenas estiradas como el chicle para ganar minutos. Aquí tenemos únicamente el concentrado de la vida de un chiquillo. Las relaciones, tanto entre los amigos como las familiares, son fabulosas y cada vez tengo más claro que Lucas Hedges es el mejor actor de su generación, en las escenas en las que aparece, anula todo a su alrededor y la cámara lo adora. El grupillo de amigos del chiquillo es de fábula y el protagonista, Sunny Suljic, lo borda y en muchos momentos te tronchas de risa con sus polladas. Esta es seguramente la película más auténtica en lo relativo a contar la adolescencia y el sentido de la amistad que tenemos en esa etapa de nuestras vidas que he visto en la última década. Hay muchos momentos en los que dudarás sobre si estás viendo una película o un documental y esto está pasando delante de la cámara.

    Si eres un miembro del Clan de los Orcos o un sub-intelectual con GafaPasta, en ambos casos encontraréis algo que os guste y es uno de esos raros ejemplos de cine que puede atraer a ambos grupos. Épica y legendaria.

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