En la sociedad de la información, en el momento de nuestra historia como especie en el que estamos más y quizás hasta mejor (que lo dudo) informados, es cuando me da la impresión que menos sabemos de nada. No hace tanto, la información nos llegaba con cuenta gotas a través de los visitantes del villorrio y poco más. Después llegó la prensa y la información nos llegaba uno o varios días después y supuestamente era de mejor calidad, que lo dudo. A eso le siguieron la radio y la televisión, que prácticamente movieron la distribución de la información a eso que llamamos tiempo real y ahora tenemos las redes sociales, que son terroríficas por la cantidad de información que llevan y que mayormente es desinformación. Ahora, escucho una sirena mientras estoy en mi casa o en el trabajo y en segundos puedo mirar en el sistema de notificaciones del 112 el destino final de ese vehículo y hasta la información resumida de la llamada que lo ha provocado. El sábado escuchaba sirenas, curioseaba y me enteraba que en una zona en la que hay un montón de mega-tiendas, ferreterías mayormente, a alguien le había caído algo en la cabeza y la ambulancia y la policía iban en camino. Eso es información, en su estado puro, ya que después llega un periodista y la enmascara, la manipula, la distorsiona y para cuando la procesan los lectores, igual resulta que fue un acto de violencia, un acto machista, un acto terrorista o vete a saber de qué tipo.
Mientras vivía el accidente de esa persona y en líneas paralelas de flujos de información, charlaba sobre actividades de fin de semana con mi amigo Sergio, compartía fotos de comida con mi amiga Obesity en China, mi otro amigo Chino me mandaba vídeos con tiburones tigres desde las Maldivas, unos amigos estaban a punto de llegar a mi casa para un almuerzo estirado hasta la cena de tapas y el Turco me provocaba arcadas porque está de un meloso que no veas y mucho me temo que se ha vuelto a enamorar y vamos a tener segunda boda y por más que le digo y le repito y le tripito y hasta se lo canto si hace falta, Yo no voy a bodas y tengo clarísimo que se va a rebotar conmigo por el desaire, que no será tal porque se lo he digo cada vez que dice que tiene novia y lo repito en esos encuentros varias veces por si su cerebro estaba despistado. Ahora que tenemos estos excesos tan grandes de información, creo que no estaría mal que todos reduzcamos la cantidad que recibimos y filtremos mejor esa información. Por mi, mi teléfono ya está programado para apagarse todos los días a las diez de la noche y no se vuelve a encender hasta las seis de la mañana y mi vida no se ha acabado. Mi iPad está en silencio eterno, nunca hace ruido y lo de las notificaciones es solo práctico para desactivar aquellas que te colocan por defecto. En algún momento de este viaje hacia el futuro, me cansé de saber tanto de otros y opté por ser más egocéntrico y preocuparme por lo mío y desconocer tanto como pueda de lo de los demás.








