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  • Catedral de San Esteban de Viena

    13 de diciembre de 2018

    Comenzamos una nueva serie y en esta ocasión regresamos a Europa y más concretamente a la capital de Austria, Viena. Ya hemos visto series sobre Praga y Budapest, así que con esta seguiremos visitando las capitales que recorre el río Danubio en su camino al mar. Para comenzar he elegido una foto de la Catedral de San Esteban de Viena, edificio que cuesta un huevo fotografiar, al menos con el objetivo que yo llevaba, porque es mastodóntico y prácticamente no hay espacio a su alrededor, la ciudad lo ha rodeado completamente. En otra de las fotos veremos la vista hacia el punto en el que me encuentro desde la torre y se podrán apreciar mejor las espectaculares tejas del tejado de la catedral.

  • Callejeando por Cork y regreso a casa

    12 de diciembre de 2018

    Mi último día en Cork lo podía aprovechar bastante porque el avión lo tenía por la tarde y porque además, al contrario que otros que no vamos a mentar, yo no me rijo por la hora Virtuditas y a las ocho ya estaba en la calle. La previsión meteorológica de ese día anunciaba lluvia para después del mediodía, con lo que me venía muy bien. Prácticamente al lado de donde me quedé está lo que queda de la Abadía Roja, que no se llamaba así porque eran primos-hermanos del hediondo del coletas que mama dinero de Irán y Venezuela sino que era porque las piedras usadas para la misma tenían ese color. Del edificio (o conjunto) solo queda la torre del campanario, está en una placita y se puede visitar sin problemas. Obviamente, estaba solo en la calle.

    Desde allí me acerqué al río Lee por su vertiente sur, ya que rodea el centro histórico de Cork dividiéndose en dos ramales e hice unas cuantas fotos muy chulas que ya habréis visto en mi Istagrame, o quizás no que no he añadido a nadie conocido salvo el Turco.

    Crucé por el puente  Nano Nagle y fui a ver el Monumento Nacional, que no solo conmemora que truscoluña no es nación, además recuerda las rebeliones que hicieron los irlandeses para ganar su independencia del emporio brexitano. En la zona hay una feria navideña con un tiovivo y una cutre-noria de poblacho de periferia en donde la noche anterior, había una cola de gente épica. Esos van a un parque de atracciones de verdad y mueren con las atracciones que hay en los otros. En la zona está también la fuente Berwick, que vamos, que no es de Bernini y se parece un montón a una que han en el Parque de Santa Catalina en las Palmas pero esta gente le tiene como adoración a la fuente. Aproveché para desayunar por la zona y después seguí callejeando y fui a ver la escultura de Rory Gallagher, que es como de arte moderno de ese que te pone las greñas de punta de puro terror, aunque claro, si eres culocochista igual hasta te mola.

    Seguí haciendo fotos por la variante norte del río Lee, preciosas y ya disponibles en donde-tu-sabes y después entré a ver la iglesia de San Francisco, además de por la curiosidad de ver el edificio, por ver a los presuntos tocadores de niños, que haberlos, haylos en esos edificios igual que hay ratas y truscolanes en los barcos.  Ya puestos, seguí a ver la estatua del Padre Mathew, que está en la calle principal y muy cerca del puente de San Patricio, uno de los más famosos de la ciudad y que actualmente está en obras. Aproveché para comprarme un par de camisetas por allí y comencé el ascenso para ir a ver la iglesia de Santa Ana, muy bonita y fotogénica por fuera, una aberración por dentro. Supuestamente se puede subir al campanario y tocar las campanas pero abrían después de la hora Virtuditas. Justo al lado está el Skiddy’s Almshouse, al parecer, el edificio habitado más antiguo de la ciudad y que es del siglo XVIII (equis-uve-palito-palito-palito). En la misma zona está la Catedral de Santa María y Santa Ana, muy sobria por fuera, es la catedral católica de la ciudad, pero les salió el ramalazo del julandrismo en el interior y está como pintada de rosa y rojo, una cosa horrenda y horripilante que aún me provoca pesadillas. Regresé a la parte baja de la ciudad por la preciosa calle Shandon.

    Ya por el centro, me aprovisioné de quesos locales en un super y después fui a ver la iglesia de los santos Pedro y Pablo, para mi la más bonita de las que visité y con un interior espectacular. Mi paseo me llevó a la galería de arte Crawford, un pequeño e interesante museo de visita gratuita. 

    Mi deambular me llevó al otro lado de la ciudad, de regreso del lado por el que empecé, para ir a ver el Elizabeth Fort, un fuerte que al estar en alto, tiene unas preciosas vistas de la ciudad y de la Catedral de San Finbar, de la iglesia de Irlanda o sea, no católica. Estaba en esta tarea cuando cayó un chubasco que no veas y me refugié allí porque aquello era un diluvio. Ya casi era la una de la tarde y había estado del tingo al tango sin parar de moverme y me sentía tan a gustito como la compresa de una coja. Opté por ir a la estación de guaguas del centro y pillar la siguiente para ir al aeropuerto, en donde pasé el control de inseguridad sacando de todo de mi mochila y después comí algo mientras esperaba por el avión, que esta vez sí que salió en hora. Al llegar a los Países Bajos aterrizamos en la dichosa Polderbaan, en el más allá y tras llegar a la terminal veinte minutos más tarde, salí, pillé el primer tren a Utrecht y desde la estación fui en bici a casa.

    Llegamos a la parte visual y tal y tal. Como esto es un experimento en múltiples niveles, se agradecerán los comentarios para saber si vale la pena hacerlo así o no. Gracias a mis orígenes gallegos y al don de mal de ojo que heredé de mi abuela y a la soltura con la que preparo las pociones, he macerado un vídeo que en realidad es una presentación con todas las fotos que hice en el telefonino (o casi todas) durante el fin de semana. He quitado las repetidas y las del paquete y del suelo, que a veces pasa y nos centramos en el lugar. Lo pasé por el Lightroom, le metí de música la canción Someone to You del grupo Banners, que es mi actual favorita y usé un bloque mágico para empotrarla en la anotación con desilusión y sin fantasía. Lo de los bloques lo explicaré un día que tenga una pájara de ideas. El vídeo nos lleva por la excursión en los acantilados y vemos muchos lugares mencionados ayer. Después llegamos a Dublín con una foto nocturna de la fachada de la Catedral de San Finbar y después sibue con las cosas que cuento en esta anotación:

    Y tenemos una cosa más como decía aquel genio de la ropa negra que se murió de cáncer y dejó la empresa en manos de un julandrón que cuando hace una presentación me da un mal yuyu de que te cagas por las patas pa’bajo. En este caso es un vídeo con dos despegues y dos aterrizajes, primero el reverso nocturno desde Amsterdam a Cork y después el retorno desde Cork en el anochecer y el aterrizaje de nuevo de noche. Hasta el minuto y diez segundos no se ve una mierda pero al menos se puede disfrutar con la canción Clair De Lune en la versión de la The APM Orchestra en la película Twilight – Crepúsculo, que viene muy a cuento por el tema nocturno. El aterrizaje en Amsterdam es fabuloso, obviamente, por mi maestría en el tema: 

    Me sorprendió Cork y es un lugar al que probablemente vuelva pero hay que ir antes de noviembre porque una parte considerable de las atracciones turísticas, sobre todo las naturales, están cerradas entre ese mes y marzo. Por lo demás, un buen lugar para ir un fin de semana. Me da vergüenza escribir esto porque siempre he asumido que hay vida inteligente en el lado de los que leen pero ambos vídeos en la esquina inferior derecha tienen como un rectángulo al lado de la palabra llutuve que permite ampliar el vídeo a pantalla completa. Si alguno no lo sabía, por Dios, solicita la paga de retardado que te la dan pero segurísimo.

  • Álbum de fotos de Siargao

    12 de diciembre de 2018

    La isla de Siargao ha sido uno de los descubrimientos épicos y legendarios de las Filipinas y un lugar al que pienso volver. Tiene unas playas espectaculares y al menos cuando yo pasé por allí, en todos los lugares que visitaba éramos cuatro o quizás cinco gatos. En este fabuloso y fantástico álbum tenemos todas las fotos que vimos durante la serie. Haciendo clic sobre cualquiera de ellas, se pueden ver en tamaño más grande e incluso encontrar el enlace a la anotación correspondiente.

    Isla de Laonan
    Cementerio en la arena
    Costa vírgen al suroeste de General Luna
    Barca en la orilla cerca de Dapa
    Piscinas naturales de Magpupungko
    Gente bañándose en las piscinas naturales de Magpupungko
    La roca enorme de Magpupungko
    Charcas y la roca enorme de Magpupungko al fondo
    La playa cerca de Pacífico
    Islotes cerca del Barangay Caub
    Isla de pescadores
    Viviendo en un islote como un naúfrago
    Lago Sugba en la isla de Kangbangyo
    Otra vista del lago Sugba en Kangbangyo
    Islas Guyam y Daku
    El edificio en el medio del mar
    Pansukian o Isla Desnuda
    Playa de arena blanca en la isla de Daku
    Playa en la isla de Daco
    Palmeras en la isla de Daco
    La Isla Desnuda vista desde el mar
    Llegando al islote de Guyam
    El lado rocoso del islote de Guyam
    Otra vista del paradisíaco islote de Guyam
    Otro panorama épico del islote de Guyam
    Solito en el islote de Guyam
    Barca en el islote de Guyam
    Islote de Guyam e isla de Dako desde la barca
    Playa con palmeras y arena blanca en Siargao
  • Visitando Cork y los acantilados de Moher

    11 de diciembre de 2018

    La cuarta escapada de fin de semana de este otoño fue a un nuevo destino, uno que ni siquiera estaba en mi lista de lugares a considerar porque en principio, no tiene línea de bajo costo directa desde los Países Bajos. Dándole candela al SkyScanner, herramienta que si no la conoces, no sabes lo que te pierdes, descubrí que había una buena oferta para el último fin de semana de noviembre desde Amsterdam a Cork, ciudad situada al sur de Irlanda y volando con Aer Lingus. Como el precio era de risa tonta, compré el billete y con el airbenebé encontré una keli en el centro por cuatro perras gordas y organicé un fin de semana que anticipaba lluvioso ya que ese país es conocido por el agua y en otoño, pues aún más. Salía el viernes por la noche con lo que no tenía problemas con el curro y fui al aeropuerto por la tarde después de cenar, a Schiphol y al llegar al control de inseguridad me encontré con una sorpresa inesperada. Han cambiado las máquinas y han puesto unas nuevas que son como galácticas.  Llegué a un punto en el que un pavo me separó de la plebe y el populacho y me dijo que fuera por una cola porque solo tenía mochila en mi equipaje de mano.

    Yo pensé que era para diferenciar la merca pero no, según llego el julay que te obliga a sacarlo todo y ponerlo en bandejas me dijo que no tocara la mochila, que la metía en la máquina así tal cual. Le dije que si estaba chiflado como truscolán, que dentro iban los peligrosísimos líquidos, el iPad, la cámara, los cables y hasta las baterías de la cámara y él dice que no. Lo hago y pongo en otra bandeja la morralla que cargo sobre mi sacrosanta persona, que es mucha y asumo que me obligarán a abrir la mochila para olisquear en mi chatarra pero no fue así, parece que han desarrollado una tecnología nueva y maravillosa que les permite verlo todo sin abrir el equipaje. Espero que pongan esas máquinas en todo el universo de aeropuertos conocidos porque en lugar de treinta o cuarenta minutos, todo el proceso tomó cinco.

    Después fui a la zona en donde embarcaba y a esperar al avión, que llegó con una hora de retraso. Tenía asiento de ventana y despegamos a las nueve y pico de la noche, noche cerradísima, pero igualmente le hice el vídeo del despegue y el aterrizaje al ancestral, aunque en ninguno de ellos se ve una mierda. Después de aterrizar pillé un taxi para ir a la casa en la que me quedaba porque no vale la pena esperar una hora por la guagua cuando un taxi te lleva a la ciudad por quince leuros y la guagua cuesta casi tres. Esa noche no hice más nada, salvo acostarme pronto ya que al día siguiente tenía contratada una excursión de día completo.

    Me levanté un montón de horas antes de la hora Virtuditas ya que tenía que estar en el punto de salida a las ocho menos cuarto. Nos íbamos a ver los Acantilados de Moher y alguna otra cosa en la zona. La previsión meteorológica era patética pero es que no hay nada que hacer, te toca la que te toca. Íbamos a pasar el día por el condado de Clare, al oeste del país. Tardamos casi dos horas en llegar y para cuando lo hicimos, lloviznaba y no se veía casi nada. Las fotos son de nubes por debajo del suelo porque llegabas a los acantilados y desde seis centímetros más allá, lo que había eran nubes y nubes y más nubes

    Acantilados de Moher en la niebla

    La visita fue espectacular y pese a no ver una mierda, la disfruté mucho y he decidido que regresaré al lugar para intentarlo de nuevo, aunque seguramente viajaré a Dublín, de allí tiro para la ciudad grande más cercana y hago la excursión desde la barriada periférica. Al final de la historia habrá un vídeo épico y legendario lleno de fotos, ya que he decidido que no quiero ser rastrero y miserable como los truscolanes y las he puesto casi todas en el mismo, eliminando solo las repetidas. Estos acantilados tienen ciento veinte metros de altura, o sea teníamos ciento veinte metros de niebla o de nubes y el agua no caía a baldes pero mojaba igual porque estábamos dentro de la nube.

    Desde allí fuimos a otra zona de acantilados, aunque esos eran pequeñitos y como fuimos después de almorzar, ya se había abierto el día y se podía ver mejor.

    Acantilados pequeños en el Burren

    La siguiente parada, después de algo más de una hora en carretera fue para ver el Castillo de Bunratty, muy fotogénico, aunque no teníamos tiempo de verlo por dentro

    Castillo de Bunratty

    Para cuando regresamos a Cork, eran las cinco de la tarde y lo que hice fue darme un garbeo por la ciudad y visitar algunos lugares y comenzar a hacer la redada que tenía prevista para el día siguiente. Durante la excursión ya me encochiné lo suficiente con lo que no tenía demasiada hambre y sobre las siete de la tarde ya no llovía, diluviaba con lo que opté por retirarme temprano y descansar para el palizón del día siguiente. Aunque parezca poco, en realidad hice unos nueve kilómetros caminando y estuve en la calle doce horas. Tengo clarísimo que volveré a los acantilados.

    La idea original era hacer una única anotación pero va a ser que no. Mañana la finiquito y tenemos tanto el vídeo con todas las fotos como el vídeo con los despegues y aterrizajes, que son dos de cada en un único y asombrosamente aburrido vídeo.

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