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Distorsiones

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  • Y si eres un idiota bueno y qué

    17 de diciembre de 2018

    En mi universo laboral, hace eones que llegué a la conclusión de las graves deficiencias intelectuales de la gente que me rodea y como se sube en una organización en base a lo desarrollado que tengas el instinto para lamer culos y no por lo que vales. Estamos a poco más de la mitad del mes de diciembre pero para nosotros esta es prácticamente la semana de cierre del año, ya que en la próxima tenemos tres días festivos y dos laborales que a todos los efectos, no cuentan, así que tenemos que cerrar el mes y el trimestre más o menos el viernes de esta semana. Es en estos días cuando sale a la superficie lo peor de cada uno, que igual que la mierda, también flota y así, después de tomarme el viernes como día libre y dado que yo no concibo el concepto de llevarme el ordenador de la oficina a casa para revisar el correo en mi tiempo libre y jamás he permitido que la empresa me ponga un teléfono móvil para poder llamarme sin pagar horas extras, esta mañana tenía mi buzón petado de mierda de la peor. Los idiotas parecen entrenarse a conciencia para serlo y tropiezan una y otra vez en la misma piedra y uno de ellos montó una batallita, o una guerra, que tiene perdida desde hace meses, pero parece ser que no lo sabe. Aprovechando mi ausencia se dedicó a mandar correos a todo quisqui removiendo nuestras cloacas y culpándome a mi y a otros dos colegas de sus miserias. El gozo le debió servir para vivir un fin de semana de escándalo y quizás hasta mojó con su putita en casa pero esa felicidad nunca fue duradera y hoy a las siete y un minuto de la mañana, yo tenía ocho conversaciones en correos distintos, con diferentes grupos de personas, todas hablando de lo mismo. Las ignoré y fui al correo importante, al de mi vicepresidente, que me preguntaba qué sucedía. Le respondí con mi verdad, que es la que aparece en los libros de historia y con la solución al problema, que yo ya di hace tres meses a la persona que montó el pitote y además, lo hice por correo porque la transmisión oral no deja huella. Además de dejarle ver esa transferencia, le puse otras dos que sucedieron a la primera en el tiempo reiterando cuál es la solución, las cuales ignoró. Finalmente, añadí una nota personal informando a mi vicepresidente que no sé si los que reciben mis correos son ciegos,  idiotas o ambas cosas ya que les he dicho claramente lo que han de hacer y no lo han hecho y por eso el problema sigue creciendo. Ignoré las otras ramas de más-de-lo-mismo y seguí apagando fuegos, que los hay y casi no nos quedan bosques que salvar. A las nueve de la mañana mi vicepresidente pasaba por la máquina de café y me veía allí explicándole a un colega lo que estaba pasando y el tipoviene, me da las gracias y me informa que hay uno que como no haya traído pañales hoy a la oficina, va a estar cagado hasta las trancas el resto del día porque los palos le van a caer por todos lados. A otros dos vicepresidentes les llegó un mensaje oral que quizás envié yo a través de sus subalternos diciéndoles que dejaran al mío encargarse del tema antes de entrar al trapo y cuando vieron la vía que les abrí, se unieron con saña  al apedreamiento, que a todos nos molan esas actividades. Cuando el vicepresidente me informó electrónicamente de mi eficaz gestión, informé a los dos a los que pedí que no intervinieran del suceso y añadí que a los del capullo que iba a recibir su paliza y a sus sub-alternos, que además son amarillos, que la vaselina la pongo yo que tengo un gran corazón y no quiero que sufran más de lo necesarios cuando los jodan, que los van a joder a conciencia. Las risotadas de uno de ellos al leerlo se escucharon en toda la planta. Por si alguien tiene alguna duda, sí, tengo un bote de vaselina en la oficina que paseo conmigo a reuniones difíciles para ofrecérselo a aquellos que no van por el buen camino, entendiendo por buen camino ese que no se cruza con el mío. También tengo en la oficina un crucifijo gigantesco que cada vez que sube algún capullo del departamento de ventas a mi planta, lo saco y comienzo el ritual del exorcismo e intento echar al demonio de la planta para que vuelva a su infierno del que nunca debió salir. El recochineo en la sala es general y parece que funciona porque no he visto uno de esos en meses. Si la cosa se pone particularmente molesta, suelo llevar desde mi casa mi muñeca de vudú que compré en Nueva Orleans, pregunto a la basca si alguno tiene o me puede conseguir pelos de la persona que estoy enfilando y en unos noventa minutos el mensaje le llega al aludido y echa el freno, pone la marcha atrás y recula todo lo que pueda antes de que lo envista.

    Más tarde en la misma mañana veo en mi buzón de correo otro de mi jefillo pidiéndome que haga algo y ayude a uno, lo cual está bien y es bello de no ser por el hecho de que ya lo hice el miércoles de la semana pasada Gracias al Greenshot, que es como una bendición para mi, hago un pantallazo del correo electrónico en el que solucioné el inexistente problema y le respondo a mi jefe y al idiota al que ya le solucioné la papeleta usando una cita tuneada de una de mis películas favoritas del año pasado: Retrasado quiere decir LENTO, ¿eres lento? y aún estoy esperando que me responda mi jefe y me confirme lo que sospecho y ya doy por sentado que cuando nos sentemos para el ejercicio de las promociones anuales en esa reunión que es más bien una pesadilla para él, este tema saldrá a flote porque cada vez que va a mear, sus miradas de odio me alegran el día.

    Con los temas de estos dos idiotas encauzados, he seguido durante toda la mañana apagando fuegos y devolviendo los golpes, solo que yo soy malísimo a la hora de ser proporcional con mis respuestas y cuando uno me la hace, siempre respondo pulsando el botón del ataque nuclear y lo masacro. Definitivamente son todos idiotas porque siguen tropezando en la misma roca una y otra vez.


  • La semana pasada en Distorsiones

    17 de diciembre de 2018

    La semana pasada me pilló llegando al Nivel 2 de inglés para holandeses en el Duolingo, que igual alguno se cree que lo he dejado y va a ser que no, me sigo currando mis niveles todos los días. Para evitar que se me acumulen, hice un esfuerzo y comencé el relato en Visitando Cork y los acantilados de Moher con alguna foto y el relato acabó en Callejeando por Cork y regreso a casa con dos épicos vídeos, uno con un pase de diapositivas de una gran parte de las fotos que hice con el telefonino y el otro de los despegues y aterrizajes. El viernes tenía el día libre para mi última escapada y tuve que dejarlo todo preparado y con la falta de tiempo crónica solo pude escribir un poquillo en Mi bruja y yo con una actualización del estado actual de nuestras guerras. El fin de semana me pilló haciendo turismo en Salónica y el próximo emigro y vuelvo a casa por Navidad, eso sí, dejándolo todo atado y bien atado o casi, que habrá hueco para poner alguna cosilla entre medias.

    Llegamos al final de la serie sobre Siargao con la foto Playa con palmeras y arena blanca en Siargao que podríamos haber seguido pero todos sabemos que no le molaba nada el ver tanta imagen con playas hermosas a cierto comentarista así que ahora se tupirá a hormigón y ladrillo austriaco. Por supuesto hay un épico Álbum de fotos de Siargao con el nuevo sistema que los hace espectaculares. La nueva serie es de Viena, la capital de Austria y comenzó con la Catedral de San Esteban de Viena vista desde la calle y después subimos  a ver Stephansplatz desde la torre de la Catedral de San Esteban de Viena.

    Fui a ver tres películas al Cine y por aquí comenté cuatro. La semana comenzó con la mala película de terror Cadáver – The Possession of Hannah Grace, mejoró un montón con la excelente The Sisters Brothers, nos lo seguimos pasando bien con El Grinch – The Grinch y acabamos en un nivel épico con Ralph rompe Internet – Ralph Breaks the Internet. Ya tengo suficientes películas en mi despensa para cubrir los dos próximos fines de semana y durante las vacaciones navideñas ya os podéis imaginar que anotaciones irán apareciendo sin que nadie las lea porque aquí no queda ni Ritita.

    Y así transcurrió la semana.

  • Ralph rompe Internet – Ralph Breaks the Internet

    16 de diciembre de 2018

    Joé, parece que fue antesdeayer o la semana pasada pero han pasado justamente seis años desde que se estrenó ¡Rompe Ralph! – Wreck-It Ralph que en mi caso, me pareció algo flojilla aunque creo que la culpa la tenía el trailer, que era espectacular y fijó el listón muy alto. De nuevo, el trailer con el que me han machacado durante meses prometía un peliculón y yo ya estaba aterrorizado viendo que se acercaba la fecha del estreno de la segunda parte, que en mi caso además coincidía con una sesión especial para personas con el abono de cine ilimitado en la que además de las gafas TresDé, nos daban comida y bebida gratis y hasta había un sorteo en el cine, con lo que era de cajón el ir a ver Ralph Breaks the Internet, película que se estrenó en España con el título de Ralph rompe Internet y la frase truscoluña no es nación acompañándolo.

    Un par de julays de barriada periférica se van a la capital pero no a mojá

    En la sala de videojuegos en los que vive el Ralph y su amiga la enana parece que no pasan los años y siguen todos allí con sus movidas hasta que al Ralph se le ocurre hacer una de las suyas y jode el juego de la chica, que lo van a quitar. Como en ese mismito día han puesto acceso a Internet en el lugar, él se la mete por donde le quepa y se va con la enana a Internet para visitar cierta tienda de subastas de productos on-de-line y comprar el repuesto, solo que como siempre, la liará y además, ella descubrirá un juego de carreras de coches fabuloso y mucho mejor que el suyo y no quiere regresar a la mierda de bolera y por culpa de esto y de otras muchas cosas estarán todos del tingo al tango, pero siempre sin chimpún.

    Todo lo que tenía de soso la primera película lo han quitado y esta vez han aprovechado muchísimo mejor el poderío de la Disney. La película es un puro cachondeo, está bien hecha, bien escrita y es delirante y tiene cameos de todo quisqui en el universo Disney. Las escenas épicas se suceden sin pausa y en la primera hora, que ya pensaba que le iba a poner un notable alto, la subí a sobresaliente y de no ser por cierta parte en la traca final relacionada con virus, se habría quedado como peliculón pero hay tres o cuatro minutos que frenaron la diversión completamente y pusieron una movida seria que no venía a cuento y que es el equivalenete del coitus interruptus cinematográfico. Escucharla en versión original no tiene precio, sobre todo si reconoces las voces de los actores, que son todos muy conocidos y el mismo Ralph tiene la voz de John C. Reilly, que algunos hasta fliparán porque está también mencionado en otra película que he comentado este fin de semana. En los títulos de crédito hay una escena fabulosa, una que te hace echarte unas carcajadas y si eres ya mayor como algunos de los que comentan y la incontinencia es algo que dominas, pues igual se te va un chorrito por ahí debajo. Comparada con la primera película esta es infinitamente mejor, divierte, entretiene y para los cinéfilos es un festín, un ágape brutal ya que las referencias a otras películas se cuentan por cienes y cienes de millones. La escena de las princesas es de lo mejorcito que se ha hecho en el cine este año y tengo clarísimo cual es mi película de animación favorita para los Oscars.

    Ya seas un miembro del Clan de los Orcos o un sub-intelectual con GafaPasta, aprovecha la excusa de llevar a la pequeña bestia al cine y regálate un buen rato con el que te dejará o en una gasolinera o en una residencia de viejos. Se quedó rozando la nota máxima pero incluso con sus fallas, es fabulosa.


  • El Grinch – The Grinch

    16 de diciembre de 2018

    Lo que más me molesta de las películas de animación que se estrenan en Holanda es que prácticamente siempre solo ofrecen la versión TresDé para los pases en original y solo aquellos que optan por verla en neerlandés tienen la posibilidad de elegir la obviamente superior en DosDé, que lo de las gafas no aporta nada y jode muy mucho. Visto que no había alternativa, después de una semana de rezar a todos los dioses para que al menos hubiese un pase sin las gafas, tuve que resignarme e ir a ver The Grinch, que en España se estrenó con el innovador título de El Grinch, que la ponen como una primera parte pero yo estoy super-hiper-mega convencido que hace la tira de años fui a ver otra y hasta me viene a la cabeza el nombre de Jim Carrey.

    Un julay chiripitiflaútico vive en las afueras de un villorrio de frikis a los que quiere puñetear

    Un tío que se ha pasado horrores con las pastillas de espinacas y tiene un color verde horroroso vive fuera de un pueblo que es como la frikilandia podemita con profundas raíces iraníes y venezolanas. El chamo maquina la manera de robar todos los regalos de Navidad porque le sale de los mondongos pero cuando lo ha hecho, como que se arrepiente y le sale el cagao que todos sabíamos que llevaba dentro y hasta los devuelve y se hace amigo de una niña repelente de esas que lo mejor que le puede pasar a la sociedad es que alguna enfermedad desaparecida desde hace décadas se la lleve por delante porque sus padres no la quisieron vacunar. Y claro, como esto es una película también para menores, pues todos sabemos que no habrán tocamientos.

    Como película de animación, es fabulosa, sobre todo por los colores alegres que tiene y por lo bonito que se ve el invierno en ese poblacho, que en la realidad cuando nieva es siempre un desastre de que te cagas, al menos en Holanda. El guión tiene tropezones, no consiguieron mantener el nivel de calidad durante toda la película y se nota. Hay escenas que están estiradas como el chicle y otras que directamente las podrían haber quitado. Pese a eso, entretiene y de cuando en cuando te echas una risa. Al elegir como protagonista al que supuestamente es el malo de la peli, tienen que hacer malabarismos para que nos caiga simpático y en esas escenas es cuando decae el ritmo, cuando tratan de que nos guste ese tipo que es un rastrero que no veas y que precisamente esa es su principal virtud. Metieron animales y cosas así por aquello de encandilar a los niños sin edad de discernir un cura de un criminal y como sucede siempre, esas escenas no aportan nada pero a los chiquillos les encantan. No hay ni un solo número musical, lo cual puede ser una ventaja para algunos.

    Si eres un miembro del Clan de los Orcos o incluso un sub-intelectual con GafaPasta, esta es la época del año en la que te sacrificas y llevas a las bestezuelas frutos de tus errores al cine para ver si las cansas y se acuestan antes. Este es el tipo de película al que puedes ir con ellas. O eso, o esperas a que la pongan por la tele en navidades dentro de un año.



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