La semana pasada veíamos el Molen de Ster y hoy nos acercamos para verlo mejor. El molino está sobre el edificio y aquí se puede ver bien ese tipo de construcción con el molino en alto. También vemos el puente para peatones para acceder a la isla del molino, ya que está rodeado de agua. Tengo una foto específica del puente pero no se si la veremos o me la saltaré, aunque sí que vale la pena indicar que se puede izar si algún barquillo pasaba por el canal o si se infestaba la isla con chusma y gentuza truscolana y había que organizar una cuarentena. Los pajullos de la parte delantera de la foto son esos con los que se hacen los tejados y también producen el alimento favorito del pájaro bigotudo.
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Mil trescientos días de constancia en el duolingo
Parece que fue antesdeayer cuando Genín se emocionaba hasta las lágrimas secas de cocodrilo con mis Mil doscientos días de constancia en el duolingo y espero que su amiga la del culocochismo no apostara en mi contra porque perdió el dinero. En los siguientes cien días tuvimos la primera y gran crisis de esta carrera de larga distancia y hubo un día, allá por la primera semana de mayo en el que creí que perdería la serie porque no tenía acceso a las Internetes y uno necesita estar conectado y enganchado como una perra en celo para poder hacer sus ejercicios. Superé esa crisis y hasta superé el desánimo que me entró cuando cambiaron el sistema y crearon ese nuevo con niveles que te obligan a hacerte todo el ciclo una y otra vez hasta llegar al quinto nivel, el más sagrado de todos.
Así que sin más, he pasado el hito de los MIL TRESCIENTOS DÍAS de constancia, haciendo ejercicios día sí y día también y ya van más de tres años y medio en los que no he perdido comba y el paso por ese hito, que quedó reflejado en el pantallazo anterior, me pilló haciendo ejercicios de italiano para ingleses, curso en el que ya estoy en nivel 2 y me estoy currando mi camino hacia el nivel 3.
Y combino este anuncio con otro hito del Duolingo que sucedió durante mis vacaciones en Asia. Allí, en Malasia o quizás en Indonesia pero ciertamente no en Tailandia completé el nivel 3 del curso de inglés para italianos con lo que ya casi puedo decir que hablo inglés. En ese pantallazo se puede ver además la cantidad brutal de inútiles lingos que tengo, esas joyas rojas de las que ya he acaparado once mil y pico y que no sirven para nada.
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La semana pasada en Distorsiones
Por fin hemos llegado al épico final del relato de mi viaje por Asia en el 2018 y con eso se me acabaron las anotaciones programadas, que mis vacaciones del blog comienzan cuando vuelvo. En la traca final tuvimos El fin del buceo en las Perhentian con la visita al templo del mar y después comenzó la tanda de viajes con Desde Pulau Kecil hasta Kuala Lumpur y acabó en Un pedazo de regreso de que te cambas. Aún queda mucho de ese viaje. Pronto comenzaremos con el repaso de fotillas hechas con el teléfono, vídeos submarinos, despegues y aterrizajes y demás, aunque eso toma tiempo porque hay que prepararlo. Como los vídeos submarinos son unos doscientos y la mayoría cutres, creo que pondré un resumen de cada semana con los momentos más épicos y después un desglose por día o así con muchos más. Tengo también un vídeo fabuloso que hicieron en el barco en el que estuve buceando en Tailandia pero tiene una canción que en el llutuve está bloqueada en todo el universo, con lo que no me lo permiten compartir y en el MeMeo parece que se les acabó la guita y han cortado el espacio para vídeos y lo tengo petado, así que ese se quedará sin ver la luz, lo cual es una pena porque está hecho muy profesionalmente.
A la chita escribiendo ya he llegado a las 10000 anotaciones en el mejor blog sin premios en castellano, una auténtica pasada. Relacionado con el último y anteriores viajes vimos El ordenador viajero con los dos elementos que convierten a mi iPad en un potente ordenador.
Seguimos por Utrecht y esta semana me despisté y solo hubo tres anotaciones, comenzando con una Casa flotante vieja y destartalada, seguimos con el Molen de Ster y la última fotos de la semana fue La casa flotante bunquerizada.
Fui a ver cuatro películas al Cine y comenté el mismo número. Comenzamos con la aburrida comedia ¡Qué guapa soy! – I Feel Pretty, seguimos con la excelente Héroes en el infierno – Only The Brave, después le llegó el turno al clásico 2001: Una odisea del espacio – 2001: A Space Odyssey que volvió a los cines por su cincuenta aniversario. Acabamos con la fabulosa Isla de perros – Isle of Dogs
El resumen de la comida es el siguiente:
Y así transcurrió la semana.
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Isla de perros – Isle of Dogs
Después de barrer la cartelera de los dos multicines en Utrecht tras volver de vacaciones, mi segundo fin de semana tenía dos objetivos claros en Amsterdam. Por una parte, ir a algunas películas del festival de cine español de Amsterdam y por otra, ir a ver otras películas que estaban en la filmoteca y que o nunca llegarán a mi ciudad, o ya las quitaron. Para ese objetivo fui los dos días del fin de semana con una planificación de cuatro pelis por día. La primera de todas fue la de hoy, una película de animación bastante rarita titulada Isle of Dogs y que en España se estrenó cerca del final de abril como Isla de perros. Unos julays caninos las pasan putas por culpa de unos truscolanes
En una ciudad japonesa inventada, en un tiempo futuro o algo así, se ha desatado una especie de gripe canina y el alcalde ha ordenado el exilio a una isla vertedero de todos los perros. Allí malviven hasta que llega un niño a la busca del suyo y a partir de ese momento comenzará una aventura que llevará a los animales de vuelta a la ciudad y a desenmascarar una trama montada por la chusma y la gentuza que prefiere los gatos, esas bestias malignas que deberían ser exterminadas sin más.
Esta película tiene varias coñas especiales. Los perros hablan inglés perfectamente y los humanos hablan en japonés, con lo que los espectadores seguimos las movidas de los perros y salvo por el niño que está con ellos, el resto como que los ninguneamos y en muchas ocasiones no ponen ni subtítulos para lo que dicen. Aunque es una película de animación, no parece hecha para niños sino para adultos y se nota en multitud de pequeños detalles y en la crueldad de algunas escenas. En mi caso eso no fue ningún problema. La historia está bien contada, tiene un buen ritmo y algunos de los perros son fabulosos y les coges cariño enseguida. El director es el conocido Wes Anderson que lleva años moviéndose en las aguas del artisteo y las películas de filmoteca y en ese entorno funciona muy bien. Entre las voces de los perros hay muchos actores conocidos que por supuesto, al doblarla son anulados por completo. En el tramo final tenemos dosis masivas del humor cínico e irónico del director mezcladas con movidas políticas que seguramente no gustan demasiado a los que eligen esa profesión. En algunos momentos la trama puede parecer confusa, sobre todo cuando hablan los japoneses porque solo si hay algún extranjero entre ellos obtenemos una traducción al inglés. Por lo demás, la película es magnífica.
Esto no es cine para los miembros del Clan de los Orcos, demasiado vulgares para apreciar una cosa tan delicada. Esto es definitivamente el cine que gusta a los sub-intelectuales con GafaPasta y harán muy mal en perdérsela.






















