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  • El juego del ahorcado – Hangman

    9 de mayo de 2018

    El último pre-estreno sorpresa antes de irme de vacaciones resultó ser un thriller policiaco de esos que a mí me la traen al fresco. Aún así, parece que nadie se marchó de la sala porque el protagonista es uno de esos actores icónicos que conocemos de toda la vida. La película es Hangman y por lo que he leído, se estrenó directamente en televisión el año pasado en España y aunque no me queda claro, creo que el título que le pusieron fue El juego del ahorcado o quizás truscoluña no es nación.

    Dos julays picoletos se comen los rabotes sin ilusión ni fantasía

    Un picoleto detective ve como su vida se tuerce cuando lo obligan a trabajar con una periodista que está escribiendo un artículo y con un viejo compañero retirado porque un asesino así lo pide y siempre se hace lo que dicen los malos. A partir de ahí, el asesino irá matando a un julay cada veinticuatro horas y desvelando una letra del juego mientras este trío de pollardones corre de aquí para allá, siempre llegando tarde y con una montaña de cadáveres que empiezan a apestar.

    Por Dios, esto es un TE-LE-FILM, esto no es cine. Tenemos un guión que es una fritanga de mil millones de películas que ya hemos visto y que no tiene ni por equivocación nada original. Intentaron crear un trío de protagonistas de fábula pero como que la cagaron. La estrellona es Al Pacino, que a sus setenta y ocho tacos debería estar en casa cuidando el jardín y el mando de la tele y no humillándose de esta forma. El colega no actuó, hizo el mismo papel que ha hecho en los últimos siete años y en ocasiones parecía una momia de un museo egipcio, solo le faltaba el cristal por delante. Da lástima ver a alguien que ha sido tan grande acabar así. A su lado está el mediocre Karl Urban, que nos regala algunos diálogos de denuncia en juzgado y una capacidad para no mover los músculos de la cara que tiene mérito. El trío lo completa Brittany Snow haciendo como que aquello es cine del bueno o así pero nada, que si la hubiesen quitado ni nos enteramos. El guión es patético, la realización dantesca y llegando al final las volatadas son de tal calibre que la gente se descojonaba en la sala. En el plano final amenazan con una segunda parte que no creo que vaya a ver ni la puta madre que parió a esta gente.

    Esto es cine basura, no apto ni para los miembros del Clan de los Orcos ni para los sub-intelectuales con GafaPasta. A evitar como a una congregación de truscolanes. No vale ni para verla por la tele a menos que el objetivo sea crear sopor.

  • Kurhaus en el Club de las 500

    9 de mayo de 2018
    Kurhaus

    Otra foto de la Haya, o más bien de Scheveningen, la playa de la ciudad y a la que se llega en tranvía. El hotel de la foto es uno de los más famosos de los Países Bajos y uno de esos que da gusto fotografiar. Está justo delante de la playa. En el año 2001 fui a la celebración de una boda en uno de sus salones en la primera parte. Esta foto del Kurhaus la hice en junio del año 2002 y la vimos por primera vez en agosto del 2008. Hoy le damos la bienvenida al Club de las 500.

  • Casa flotante con balcón

    9 de mayo de 2018
    Casa flotante con balcón

    Con lo pequeñas que son las casas flotantes, eso de renunciar a un par de metros cuadrados por tener un balcón es casi que un lujo. Me gustaría entrar en una para comprobar la altura de los techos del semisótano, ya que no me sorprendería que no tengan 220 o 240 centímetros sino mucho menos. En la ciudad de Utrecht hay un barrio llamado Wittevrouwen, o eso que podríamos traducir literalmente por truscoluña no es nación y si somos menos estrictos como CHOCHAS BLANCAS y en ese barrio las casas tienen dos plantas. Cuando buscaba una casa para comprar en la ciudad visité una de ellas. Son casas viejas, construidas antes del CaraCuloLibro y la planta baja era como normal, pero la primera planta, que era donde estaban los dormitorios, tenía un techo de un metro ochenta que te obligaba a sufrir mucho o reventarte el cabezón. Entre eso y el micro-baño de dos metros cuadrados en el que te duchabas sentado en el retrete y que estaba como en un patio, salí corriendo de allí y marqué el barrio al completo como zona terrorífica. Esas casas tendrán muchísimo encanto pero yo soy más bien del club de los güevones y prefiero que las medidas sean más humanas.

  • Buceando en las islas Similan, Koh Bon y Koh Tachai

    8 de mayo de 2018

    El relato comenzó en Desde Utrecht a Kuala Lumpur

    Nuestro segundo día buceando en el barco comenzó a las seis y media de la mañana, con la canción machacona que se me ha metido en el cabezón y que tarareo sin darme cuenta. Como pasamos la noche en las islas Similan, el buceo matutino también era allí y después salíamos por patas. En ese primer buceo se me olvidó el ordenador de buceo en el camarote y me vine a dar cuenta cuando ya saltábamos al agua con lo que tuve que quedarme siempre un metro por encima de nuestra jefa. Fue también la primera inmersión en la que llevé tres kilos de peso adicionales. Cuando. Empecé a bucear hace dos años iba con seis y me parecían pocos y ahora con tres tengo un control de mi flotabilidad que yo no diría que es exquisito, pero sí que me podéis adular y decírmelo ustedes, que los halagos no hacen daño y si los acompañáis de leuros, hasta mejor. Esa primera inmersión fue bastante chula y después de salir puse el ordenador de buceo junto al resto del equipo. Desayunamos y mientras el barco se desplazaba a Koh Bon, otra pequeña isla o islote algo más al norte. En el trayecto y durante quince minutos tuvimos Internet y fue el acabose, todos corriendo a mandar mensajes, yo a hacer mi Duolingo y comprar protección ya que el día anterior usé la que tenía y ya con la tranquilidad de haber salvado mi racha, mandé algún mensaje a mi madre y alguna foto. Después y mientras avanzábamos mar arriba escribí la anotación de ayer y apunté en mi cuaderno de inmersiones los datos del ordenador. Al final nos mandarán una versión digital por correo con los nombres de los peces que vimos y tal, como si yo me fuera a acordar, que para mí los peces son grandes, medianos, pequeños, de colores específicos, chulos, chulísimos y feos como truscolana.

    La segunda inmersión y primera en Koh Bon nos dijeron que por primera vez había la posibilidad de ver mantas grandes o tiburones ballenas y en esa, la idea era mantenernos entre diez y quince metros y esperar. Alrededor de nosotros había una ingente cantidad de peces pero los bichos grandes no vinieron. Creo que no lo he dicho pero nos estamos haciendo una hora de inmersión con los tanques de doce litros. Yo siempre he tenido la sensación que me bebo el aire y soy malísimo pero resulta que inmersión a inmersión, bajamos los primeros y salimos los últimos y hay grupos que no aguantan ni media hora. Sin comerlo ni beberlo, estoy en el equipo Élite, con el chino y los dos japo-sileños. Aunque teóricamente la inmersión no cubrió el objetivo de ver peces grandes, me sirvió para practicar el control de la respiración y la estabilidad y ahora, soy como una máquina de precisión que con un pelín de aire controla la profundidad a la que estoy. Después de esto vino el almuerzo y yo subí a la cubierta a atorrarme al sol, el único, ya que los asiáticos tienen alergia al sol o algo parecido y estaban todos en la cubierta inferior a la sombrilla.

    La tercera inmersión era en otro lugar cercano de Koh Bon y de nuevo, mantener la profundidad y esperar pero otra vez, vimos peces por un tubo, bancos de barracudas y nos acercamos al fondo a ver la vida marina local pero nada de tiburones ballena o de otro tipo o mantas. Seguí con mis ejercicios y salimos tras sesenta y dos minutos. A esto le siguió la merienda mientras el barco volvía a continuar la ruta hacia el norte de la costa oeste de Tailandia y nos acercábamos a Koh Tachai, otro islote.

    En la cuarta inmersión, que era de atardecer, bajábamos al Pináculo de Tachai, dos plataformas submarinas con muchas rocas y rodeadas de mar profundo. Nos dijeron que podían haber problemas con las corrientes y que podía ser jodido y todo el mundo iba preparado para lo peor. Saltamos y AQUELLO ES OTRO UNIVERSO. Uno de los sitios más bellos que he visto en mi vida y en muchas de las de ustedes. La cantidad de pescado debe medirse en billones, había bancos con miles de peces de todo tipo, barracudas, fondos llenos de meros gigantescos, morenas (y no las chinas), corales, peces trompeta, NEMO y su familia y otros grupos que ni tengo idea de lo que son. No vimos peces grandes, salvo por los bancos de barracudas y de otros que no me sé el nombre pero el sitio es tan pero que tan espectacular que realmente no hizo falta. Aquello fue épico y legendario y la hora que pasamos allí abajo está entre las mejores de mi vida. Debo tener como quince pequeños vídeos del lugar. No había corriente con lo que podíamos movernos perfectamente. Salimos igual que los jocosos después de un chute. Después, ducha, afeitado, cena masiva y la tertulia española. A estas alturas ya tengo con mote a la mayor parte de los pasajeros. Hay una china con dientes enderezados que es la cangrejo porque es malísima buceando y la tienen que agarrar por detrás y tirar de ella. Su marido, el austriaco, se las da de experto pero jodé con el regalillo que se trajo, mejor la deja en el cuarto pa’follá porque la gente de su grupo está amargada con ella y de hecho, dos chicas pidieron cambiarse a otros grupos en las dos últimas inmersiones. Hay dos chinas que son la nadadora y la bailarina. La primera tiene un traje de natación blanco que no deja nada a la imaginación. Además, ella y su amiga son del club noréxico-bulímico y comen aire y si pueden lo vomitan. La bailarina tiene un tutú blanco que si la pillas por detrás cuando estás debajo del agua te la pone morcillona. Nuestra jefa no se acerca porque sabe que lleva viciosos, que uno de los japo-sileños con la cámara que tiene, le puede hacer unas fotos épicas. Mi compañero de cuarto se ha quedado como el primo de Zumosol porque salimos de bucear, todo el mundo agotado y el se hace cuatrocientas flexiones, tres mil abdominales, levanta el peso del cuerpo treinta veces y mientras, nosotros mirándolo y riéndonos de él por no llorar. Por la noche, sobre las diez, todo el mundo se retiró y yo me fui a ver algún episodio de serie que yo tantas horas no duermo y con seis o siete voy sobradísimo. El barco se quedó a pasar la noche en Koh Tachai y la primera inmersión del tercer día iba a ser allí.

    El relato continúa en Buceando por un tubo y con un tiburón ballena

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