Por casualidades de la vida que no vienen a cuento pero que cuento, los dos últimos viernes he quedado para ir a cenar al Café Cartouche en Hilversum con diferentes colegas. La primera de esas citas ha sido como el despertar, me han abierto los ojos a un universo nuevo y fascinante y ahora tengo que conseguir meter la pata en la puerta antes de que se cierre. Lo explico … o no. Mi empresa es propiedad de los mismos que hacían lo de humor amarillo, gente de para allá donde dicen que nace el sol. Tenemos a unos nueve residentes y casi todos vienen a esta tierra en misión secreta y específica durante dos años y en casos específicos se quedan algo más. En el tiempo en el que permanecen aquí no suelen tener contacto con los seres humanos que no son amarillos, salvo excepciones como la del Africano que soy yo, que me río de ellos igual que me río de los cabeza-de-queso-amarillo. En mi visita de la semana pasada, fui a despedir a uno de ellos que tras sus dos años lo han exiliado en Japón, ya que la compañía les asigna un destino y ellos no dicen ni pío, agachan la cabeza y aceptan resignados y en el caso de ese pobre, después de dos años en los Países Bajos, recorriendo Europa y disfrutando la Vida Loca, ahora lo mandan a un pueblo a cientos de kilómetros de Tokio en el que hay una parada de tren, una fábrica y unas cuantas casas. No hay ni supermercado en el lugar. Es realmente el exilio, solo que en zona de comer pescado crudo. Al colega lo reemplazará otro que ya hemos conocido y que hasta que se gane su nombre, lo llamaremos por el nombre del anterior con el número DOS, o sea, como si dijéramos, que si Genín se pira al CaraCuloLibro de la CuloCoche y nos deja y después otra persona empieza a comentar por aquí, la llamaríamos Genín DOS hasta que consiga el derecho a nombre propio. Resulta que el nuevo, DOS, es amarillo, como todos y eso nos puede engañar y hacer pensar que es normalito. Tremendo error.
Tirándole de la lengua hemos averiguado que el tío es raro, raro, raro y rarísimo. Resultó que por Internet encontró hembra con una busca básica de chocho con capacidad para desplazarse y hacer posible que se afeite los sobacos. En abril apalabró una cita con la pava, en el país del sol cuando nace y quedó con ella. No sabemos qué sucedió en esa cita pero el resultado fue que ambos acordaron volver a verse y CASARSE en la segunda cita, después de tomarse unas copas y tal y tal y tal, sin cópula, sin folleteo, sin ni siquiera una pajilla hecha en un rinconcito del local. Tres meses más tarde se vuelven a ver y efectivamente, en la segunda cita se CASARON, fueron a la oficina del evento, firmaron los papeles, se tomaron unas copas y cada uno se fue a su casa. Sin cópula, sin folleteo y hasta sin pajilla. Yo conocí al chamo tras estos dos encuentros. El chamo nos confirmó la historia y además nos dijo que cree que ella es virgen, como la nuestra, la virgen María, aunque esa es una comparación que llama a engaño porque ya le expliqué que el pobre José vivía convencidísimo y la chama a la primera que pudo se dejó poner la pierna y otra cosa encima por un Espíritu Santo y al final el chamo terminó de cornudo y ella dio a luz al hijo de un Dios, nada menos. La tercera cita de estos dos será cuando se encuentren en el aeropuerto para volar a los Países Bajos. Se van a vivir juntos, como matrimonio, sin haber pasado más tiempo que el de las dos citas juntos. Esto es un rescándalo, pero de los épicos. Por supuesto los colegas de ese país no tienen la jeta que hace falta para preguntarle al chamo pero vamos, que yo no tengo frenillo y mi lengua vuela. Tanto sus compañeros de pasaporte como yo QUEREMOS SABER, nos lo tiene que contar todo porque la historia, hasta este momento, no es normal. Nadie sabe si la pava existe o es algo que se imagina, nadie sabe si ella habla inglés, nadie sabe si tendrán dormitorios separados en la casa o descansarán en el mismo catre, nadie sabe nada y esta falta de conocimiento es un malvivir. Lo único que tenemos claro es que el colega es rarito.
Bueno, como siempre me desvío. La mentira de los viernes es la de mis queridos compañeros de trabajo. Yo llego el primero, hago mis horas de penitencia y me piro a mi hora, no hago ni un segundo extra porque no me los pagan. La cosa es que aquí todo el mundo cuando me voy me mira como si fuera la viva imagen de la decepción, todos procuran reprocharme mi falta de responsabilidad. Ahora bien, la semana pasada como íbamos a cenar me quedé en la oficina hasta las cinco y media, noventa minutos más y resultó que toda la gente que entré en el trabajo hasta dos horas después que yo se había marchado ya a las cinco, momento en el que hice una foto de la planta vacía con un reloj en el que se podía ver la fecha y la hora para mandársela a sus y mis jefes y demostrarles aquello que siempre les digo, que aquí hay mucho que miente, que a mi se me puede cronometrar el tiempo y se ve que estuve mis horas pero que hay otros que se hartan a largar y pistosear porque trabajan hasta tarde y la verdad es que cogen el piro tan pronto como no los ve nadie. A esos no les ha hecho ni puta gracia mi maldad que sirve para pagar las suyas, solo que una maldad igual no es suficiente así que siete días más tarde, tengo otra cena en Hilversum, de nuevo me quedo a trabajar de gratis noventa minutos más y de nuevo sucede lo mismo y hago una segunda foto que de nuevo mando a los jefillos para que vean que aquello no fue algo casual, que esto es regular, que aquí de boquilla todos son grandes profesionales pero a la hora de la verdad, hay mucho Judas suelto, como en truscoluña.



