Comenzamos una nueva serie en las Filipinas y llegamos al destino turístico más famoso del país y en el que se encuentran algunas de las mejores playas del planeta. La pequeña isla de Boracay está a dos kilómetros de la isla de Panay y está conectada a la misma por una flota de barquillos que no paran de llevar y traer gente y mercancías. Creo que tienen planeado construir un puente pero a día de hoy, no existe. Este es uno de los destinos más denostados por muchos turistas que van a las Filipinas y dicen que es horrendo y odioso pero si soy sincero, yo estuve allí cinco días y disfruté como un bellaco de las playas. La principal es White Beach, una franja larguísima de arena que se sub-divide en zonas llamadas Station 1,2 y 3. Yo me quedé en la zona Station 3, la parte más sureña de esa playa y cercana a la isla de Panay. En esta serie tendremos fotos y más fotos de playas, cielos épicos, mares calmos y mucha arena blanca. Comenzamos a quince metros de mi habitación, en la arena de la playa mirando hacia el sur, hacia el final de la White Beach. Varias de las fotos de esta serie serán panorámicas así que para verlas en un tamaño algo más grande, ya sabéis lo que tenéis que hacer.
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Yendo a Manila desde Coron
La saga de vídeos comenzó en Los vídeos del comienzo del viaje y el primer día en Dubai y el relato del viaje sin fotos comenzó en El salto a Dubai que comienza las vacaciones
Se acabó lo buenísimo y lo mejor y llega la hora de empezar el pausado regreso a casa que comenzó en la anotación De Coron al infierno de Manila.
De aquel día solo hay una foto, la que está sobre este texto y que es estremecedora y espeluznante. El aeropuerto de Coron es minúsculo y una vez pasas el cutre-control de seguridad, esta es la sala, con menos capacidad que los dos o tres aviones que despegan con lo que media hora después de la foto ya no había ni un asiento libre, el calor era como en las calderas del infierno y los vuelos se retrasaban con alegría y fantasía.
Por lo demás, un poco más abajo tenemos un vídeo increíble que comienza con el despegue, justo después de un chaparrón y podréis ver las gotas en la ventanilla del ATR-72. Vivimos el despegue y vemos el centro de la isla desde lo alto y después prestad atención sobre el minuto dos (II-palito-palito para aquellos de vosotros más intelectualizados). ¿Qué es eso que se ve bajo la nube? ¿Un espermatozoide? ¿Un truscolán? No, es la ISLA DE CORREGIDOR que casualmente hemos estado viendo en fotos en las últimas dos o tres semanas. Después vemos diferentes partes de Manila desde el aire y gracias a que este tipo de turbohélice no va muy rápido ni vuela muy alto, nos acercamos más a la ciudad y tenemos un fabuloso y fantástico aterrizaje. En esta ocasión la fabulosa y fantástica canción es el Pitch Perfect Titanium Remix (500miles) con el que tanto disfrutamos en el peliculón de Dando la nota – Pitch Perfect. El vídeo, si no aparece debajo del texto, está aquí:
El siguiente cpítulo lo tenemos en En la bahía de Manila por la noche
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Álbum de fotos de Manila
Todas las fotos anteriores y unas cuantas más acabaron en un pequeño vídeo que viene a continuación. En esta ocasión el llutuve bloquea la canción que elegí en varios países, incluyendo los Países Bajos así que lo he puesto en el MeMeo. La canción es la curiosa Unsquare Dance de Dave Brubeck feat. Eugene Wright, Joe Morello, Paul Desmond y que yo descubrí en la maravillosa película Baby Driver que por supuesto todos hemos visto varias veces. Si el vídeo no está debajo del texto, lo tenéis AQUÍ:
Manila from Weyland Yutani on Vimeo.
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Una traca de pinchazos
Todos los años en septiembre y octubre me pasa lo mismo solo que en este dos mil diecisiete parece que el ciclo viene mucho más cargado de mala baba que anteriormente. Este es un drama cíclico y que yo creo y estoy convencido que es provocado. Yo uso todos los días la bici. Con ella voy al trabajo, al super, al cine, a la estación o a cualquier lado. Forma una parte integral de mi igual que algunos comentaristas ya tienen el culo con la forma del asiento del coche, que no los nombraremos porque sabemos que esa forma del trasero parece que tambiénl os vuelve muy sensibles. Uso dos bicicletas, una en Hilversum y otra en Utrecht y tengo una tercera en casa. Desde noviembre al mes de agosto, ninguna de las dos tiene problemas y que conste que yo les pongo su aceite cuando las noto sedientas y controlo la presión del aire de las ruedas. Todo va bien hasta que llega septiembre y empieza a llover, como la semana pasada en la que se hicieron grandes ensayos en Holanda para el diluvio universal y nos cayeron baldazos de agua con saña y rabia. El jueves caía agua de las nubes, porque aquello no era lluvia, era como una inmensa catarata. Salí de la oficina con el condón puesto, tanto el pantalón como el chubasquero, fui hasta la estación de tren en la bici de Hilversum y la dejé allí para pillar el tren. Al otro lado del transporte público, en Utrecht, caía aún más agua y salí del aparcamiento de la estación y pedaleaba como en una inmensa ducha. El suelo ya no tenía capacidad de absorber el agua y avanzaba como por la orilla de la playa. A un kilómetro y medio de mi casa me maravillé por lo mucho que he evolucionado y la grandísima sensibilidad que he desarrollado en mi trasero ya que podía sentir hasta los granos de arena en el suelo. Resultó que no, que la rueda trasera de la bici tenía un pinchazo. Comenzó a perder aire a velocidades espeluznantes y tuve que seguir el trayecto final hasta mi casa andando con la bici mientras caía lo que no estaba ni escrito. Al llegar, metí la bicicleta en su keli del jardín, cogí el kit para reparar pinchazos, separé la cubierta de la llanta, saqué por el hueco la cámara y aprovechando que tenía un balde lleno de agua de lluvia, lo usé para encontrar el pinchazo. Una vez lo vi, limpié la zona, corté un parche, le puse pegamento, apreté un minuto para que se secara, volví a meter la cámara en la cubierta, colocé la cubierta de nuevo en su posición en la llanta, le puse aire al neumático y ya está. En quince minutos había superado la crisis, o eso pensaba yo.
Cené y una hora más tarde me lanzaba a la carretera para ir al cine. Llovía, aunque no tanto. Todo fue bien en los primeros dos kilómetros y ahí fue cuando noté un meneo trasero como de reggaeton. Se me movía el culillo sin querer como a las pellejas esas que salen en los vídeos de este género musical agitando la caja de la mierda como si estuvieran ya en la fase de centrifugado. Miré y descubrí que la cubierta se había salido un poco de la llanta en uno de los lados, seguramente porque no la puse bien o porque no la revisé cuando la puse. En ese momento decidí que no era motivo de alerta y seguí con el plan original, una decisión que fue tremendamente errónea. Tres kilómetros más adelante el meneo es brutal y tengo que parar. Estoy a cinco kilómetros de casa y no puedo volver en bici. No hay ninguna tienda de reparación de bicis en la zona y vuelve a diluviar. Me tomó tres cuartos de hora regresar andando a casa mientras caía un muro de agua del cielo. Entré en la keli de las bicis, quité el resto del aire a la rueda, volví a meter la cubierta bien en la llanta, le puse el aire y todo quedó bien. Después me cambié los zapatos y la ropa porque pese al condón, con el diluvio que estaba cayendo el agua me caló hasta el tuétano. Al día siguiente me fui a trabajar con la bici y ya no tuve problemas.
Hasta ayer. Salí del trabajo, llegué a Utrecht, no llovía, fui en bici a mi casa y dejé la bici en el jardín porque por la noche iba al cine. Me fui a correr los seis kilómetros esos que clavo cada setenta y dos horas, cené unos calamares en su tinta épicos y legendarios, hice magdalenas y un gazpacho blanco y hasta charlé con la vecina. A las ocho y cinco salí al jardín, ya era de noche, cogí la bici, salí de mi propiedad, me subo, comienzo a pedalear y hay algo chunguísimo. Pensé que el pinchazo de la semana anterior se había escoñado pero el problema era en la rueda delantera. La meto en su keli, saco la cubierta de la llanta, saco la cámara, le pongo aire y descubro el pinchazo. Limpio, parcheo, espero, lo vuelvo a montar todo, le pongo aire y a las ocho y veinte estaba lista. Ya no llegaba a tiempo al cine así que por segunda vez en cinco días, un pinchazo me jodió mi principal vicio. Esta mañana camino de la estación iba con tensión pensando que igual se producía el segundo fenómeno pero no fue así.
Al menos hay una cosa clara. La primera vez que reparé un pinchazo me tomó más de una hora y unos sudores similares a los de un mártir. Ahora y gracias a mi nacionalidad neerlandesa, reparo un pinchazo en un rato.






































