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  • Capitán América: Civil War – Captain America: Civil War

    21 de mayo de 2016

    Ya sé que está mal que lo diga pero ya empiezo a cansarme de tanta película de superhéroes y sus dramotes. Es siempre más de lo mismo con broncas y movidas entre chusma y gentuza que le fascina la lycra y los colores brillantes y que al final de la historia tienen una mega-pelea que por supuesto no tiene un final claro para que haya otra película después. Pese a esto, como voy a verlo todo, encadeno y completo la trilogía que comenzó con la patética Capitán América: El primer vengador – Captain America: The First Avenger y continuó con la muy entretenida Capitán América: El soldado de invierno – Captain America: The Winter Soldier, aunque en esta tercera parte las movidas están muy relacionadas con lo que sucedió en Vengadores: La era de Ultrón – Avengers: Age of Ultron, aquel tostón que era la continuación de una más mierdosa Los Vengadores – The Avengers. Hoy llegamos a Captain America: Civil War que en España se estrenó con el título de Capitán América: Civil War, aberración suprema ya que traducen antes de los dos puntos y no traducen las dos últimas palabras, que todos sabemos que literalmente significan truscoluña no es nación.

    Un julay comemielda se junta con sus mieldosos amigos y venga a revolver mielda sin razón aparente

    Al parecer la chusma y la gentuza de la Tierra está un poco hasta los güevos de tanto superhéroe vestido como maricona en la gala de Drag-Queens del carnaval de las Palmas y quieren controlarlos con la ONU, organismo que todos sabemos que se autoalimenta de corrupción. Un grupo de los supuestos héroes no está de acuerdo y se acaba montando una bronca entre ellos, con un bando liderado por el Rey de la Lycra, el Capitán America y el otro bando por Mister hierro, el Ironman ese que tiene pinta de jacoso. Se pasarán la película buscándose unos a otros y dándose unas tundas que no veas.

    Esto en realidad eran ocho o nueve películas que concentraron en una. Hay tantas historias secundarias que se te olvida la principal. Todo el mundo tiene su trama super-hiper-mega importante y al saltar continuamente de una a otra, llega un momento en el que ya no estás seguro si el Hawkeye salió del armario o si el Ironman cobra la paga de subnormal porque el colega es que lo es. Para rematarlo y hacerlo más difícil, aparece Spider-man, que se ha hecho un tratamiento en las clínicas de la Corporación DermoPatética y ahora es más joven y estúpido que antes. La película tiene acción creada única y exclusivamente sobre efectos especiales y después tenemos los interludios del tedio, en los que todo el mundo habla, se mueven y parece que estás viendo una película pero al tener tantas historias separadas, nunca llegas a estar seguro de si es el resumen de la decimonovena temporada de Juego de Monos u otra cosa. No resulta muy difícil parecer estúpido con una lycra y en esta peli tenemos abundantes ejemplos que confirman la teoría. Si hay que señalar a un actor por lo mal que lo hace, ese es sin lugar a ninguna duda Robert Downey Jr., que estaba muy necesitado de fumarse algún porro o hacerse un par de rallitas para creerse las estupideces que le hacen decir. Al final de la peli ni siquiera me quedó claro si es hetero o está enrollado con el negro ese que se pone un traje como el de él. No vale la pena profundizar en esta tontería.

    Una historia tonta para los miembros del Clan de los Orcos que se quedarán afónicos de los gritos que darán en los cines aunque dudo que lleguen a comprender lo que están viendo. Una película que puede provocar daños cerebrales permanentes a los sub-intelectuales con GafaPasta. Mediocre.

  • Mi día en la isla desierta de Guyam

    20 de mayo de 2016

    El relato comenzó en Cruzando China camino de Manila

    Como nadie en el complejo había planeado alguna excursión, apalabré que me llevaran a la isla de Guyam, que está a poco más de cinco minutos del complejo y me dejaran allí medio día. Por la mañana, a las siete, salía a desayunar y me tuve que sentar en la mesa de los filipinos, que ya me consideran parte del clan. Las danesas, cuando lo vieron siguieron alucinando en colores y los empleados del complejo, ahora que han visto que no soy como ellas, me tratan como a un príncipe. Tenía el iPad conmigo y les estuve enseñando las fotos que he ido cogiendo de la cámara y poniendo en el iPad. Después de desayunar me fui a la playa a bañarme con ellos mientras esperaba el barco, que vendría sobre las díez.  El resto es simple y directo. Fui hasta la isla de Guyam, puse mi toballa por allí, la cámara, la botella de agua  y el teléfono a la sombra y lo primero fue una ronda de fotografía alrededor del islote, después una de vídeos desde el agua y después me centré en la rutina de tomar el sol, bañarme y volver a comenzar. De rato en rato llegaba un barco con algunos turistas, se bajaban, hacían fotos, se bañaban y en un cuarto de hora o media hora como mucho se iban. Había momentos en los que el guardián del islote y yo estábamos completamente solos allí. Fueron cuatro horas para relajarme, tomar un montón de sol y bañarme. Sobre las dos y media me vinieron a recoger y regresé a Siargao. Me di una vuelta andando por la playa para hacer fotos y un par de cientos de metros pasado el Resort, me encontré con un cementerio que dan directamente a la playa, con palmeras, arena de playa y un montón de tumbas, la mayoría de cemento y algunas simplemente como si hubieran enterrado al muerto en la arena y en esas, había una pila de arena adicional sobre el muerto que no sé si la ponen por seguridad o es que el ataúd va subiendo a la superficie. Regresé al complejo, me fui a la piscina a seguir bañándome y tomando el sol y al rato aparecen los filipinos y todos vienen a saludarme y me invitan a postre, ya que acababan de hacer su segundo y último almuerzo antes de la primera merienda. Me comí una especie de ensaimada muy rica y cuando les dije lo del cementerio, resultó que al lado, en una choza, vive uno de los surferos más famosos filipinos y que casualmente lo conocen y querían ir a verlo así que fui con ellos pero el chamo no estaba y realmente, su choza linda con las tumbas. 

    Por la noche me fui a un restaurante español que hay en General Luna y tras cenar arreglé cuentas con los del complejo, ya que a la mañana siguiente salía bien temprano para regresar a Manila 

    El relato continua en Regresando a Manila

  • Piazza dell’Anfiteatro

    20 de mayo de 2016
    Piazza dell'Anfiteatro

    Escondida en Lucca está la Piazza dell’Anfiteatro, la cual se construyó sobre las ruinas del anfiteatro romano del siglo II (palito-palito). Tiene forma elíptica y entre los edificios que la rodean completamente hay cuatro entradas de acceso a la plaza. En el siglo XIX (equis-palito-equis) quitaron los edificios que había en la plaza y la dejaron con el aspecto actual. En algunos de los edificios, incrustados en sus paredes, se pueden ver restos de las estructuras de la época romana, lo cual nos da una idea de la calidad de las construcciones en aquella época. La foto es una panorámica y se pueden ver tres de las cuatro puertas de acceso.

  • Saltando entre islas cerca de Siargao

    19 de mayo de 2016

    El relato comenzó en Cruzando China camino de Manila

    Mi tercera aventura en Siargao era una excursión en barco para visitar tres islas. El mismo día, las danesas lo hacían por un lado y una familia filipina por otro. Elegí ir con estos últimos porque ya me conozco el perfil de las otras. Ellas se fueron primero, justo cuando llovía, un pequeño gran chaparrón mañanero. La de la recepción me dio la hora de partida mal y cuando vino a buscarme estaba confirmando mis reservas, contratando seguro de viaje para mí último vuelo con Cebu Pacific y haciendo mis ejercicios de Duolingo. Me dijo que los filipinos estaban en la playa esperando por mi, voy a salir pitando y al momento viene y me dice que tengo cinco o diez minutos porque el barquero aún no ha llegado. Aproveché para afeitarme y le di gracias a Dios porque el jiñote lo eché por la mañana a las seis y éste ha sido el que más cerca se ha quedado de tupir el retrete. El grupo de los filipinos lo componía una vieja o eso que ahora llaman chama ya mayor, que era la madre de dos pavas que viven en el valle del Silicio, cerca de San Francisco y también la vieja era la madre de un chamo, que vive en Manila y al que acompañaba su hijo, que dada mi incapacidad para determinar las edades por aquí, es probable que ronde los dieciocho años. A la vieja la tenían en silla de ruedas y yo me preguntaba cómo coño la iban a subir al barco. También me preguntaba cómo coño iban a subir una bolsa de esas de las azules de Iquea llena de calderos, platos y comida y bebida. Cuando llegó el barco, pusieron una silla de plástico junto al mismo, empujaron a la vieja para arriba y la sentaron por allí. Era como doña Rogelia, pero en delgada. Nos subimos todos y arrancamos. En menos de diez minutos llegamos a la isla de Guyam, pequeñita, totalmente rodeada por plata de arena blanca y con palmeras en el centro. Sencillamente, bellísima. Un lugar encantador. Allí paramos para bañarnos y vimos a las danesas, retozando como cachalotes en la arena y en el caso de una que tenía doscientos volcanes graníticos en la cara, estaba a punto de que estallaran cinco o seis de ellos y contaminar el islote. Decidimos no parar mucho por allí para poder llegar antes de la marea baja a la isla desnuda, aunque yo la llamaría la isla pelá, que se ajusta mejor al Naked Island que usan los locales porque es solo una franja de arena de unos cien metros o menos en el mar. El sitio es precioso y coincidió que éramos los únicos visitantes con lo que teníamos el islote para nosotros solos. Lo pateé, hice fotos, vídeo y nos bañamos. Estuvimos allí alrededor de una hora. Después seguimos a la isla de Daco, la más grande de las tres y la única habitada, ya que en ella viven unos ochenta julays, pescadores y sus familias. Han hecho unas cuantas Cabañas por si alguien quiere quedarse a dormir allí y vivir sin electricidad ni ningún otro tipo de lujos. La playa es fabulosa. En ese sitio también han hecho unos pequeños reservados que la gente alquila para montar tu jaima y comer. Por supuesto los filipinos pillaron uno, aunque primero vino la ceremonia del desembarco de la vieja ancestral. Se la pasaban unos a otros hasta que al final la pusieron en el agua, la enchufaron a un Powerbank de esos como los que la gente usa para darles algo más de vida a sus móviles y consiguieron que andará hasta el reservado. Allí, abrieron la bolsa de Iquea y comenzaron a sacar, que si arroz con ajo filipino, que si arroz dulce, que si pinchitos de pollo, con la peculiaridad que el pollo vivió hasta el alba, momentos antes de que lo mataran para hacer los pinchitos. También había fideos con verduras, cervezas, refrescos, agua y demás. Tenían comida como para diez personas pero decidieron que no era suficiente y hablaron con los pescadores y estos prepararon tres platos locales, un salpicón de pulpo con gengibre que picaba que no veas pero que estaba delicioso, un pulpo cocinado con verduras y papas y una especie de ensalada o salpicón pero no picante de algo que o eran ostras o almejas dopadas como  los ciclistas que corren el tour de Francia. Fuera como fuera, estaban del quince y me encochiné a conciencia. Me contaron su vida y milagros y nos reímos todo lo que quisimos y más. Esta gente son de aquí, del mismísimo General Luna, que es el poblacho en el que me estoy quedando y salieron de la isla primero para trabajar en Manila y después engancharon maridos gringos y siquieron para los Estados Unidos de América. La viejilla ha vivido en Hawai, en California y hasta ha estado en Europa pero ahora se queda en Manila con su hijo y su familia. En el pueblo en el que está el complejo todo el mundo las conoce y me dijeron que la mitad son primos de ellas, por eso les preparan la comida  para llevársela de excursión, tuvieron dos desayunos entre las seis y las nueve de la mañana y por la tarde tenían dos almuerzos, una cena y una sesión de karaoke. Como me era el noventa cumpleaños de la vieja ancestral, tenían el día ido. Estábamos reposando la comida en el agua cuando a la viejilla se le puso cuerpo de chapuzón, o quizás necesitaba mear, que es más bien mi teoría. El hijo la ayudó a bajar hasta la orilla y se metió en el agua, aunque como no sabe nadar, daba unos grítitos como los de Chiquito de la Calzada o algo así, que ya se me ha olvidado el nombre de aquel humorista. Estuvimos en la isla más de tres horas y debo ser noticia de portada en el CaraCuloLibro al que están tan enganchados Virtuditas y Genín porque no dejaban de hacer fotos y publicarlas.  La excursión era de medio día y cuando se pasó el tiempo, maniobras espectaculares para subir a la pleistocénica al barco y después salimos de vuelta a General Luna. Se me ha olvidado comentar que entre la primera y la segunda isla, pasamos junto a una construcción de madera en el medio del mar. Al parecer es un templo budista, ya que los cristianos o más bien católicos, les han dicho a los budistas que como intenten poner su mierda de templo en tierra firme, se lo queman con ellos dentro. 

    Cuando regresábamos, íbamos con la tertulia en el barco y me despisté y se cayó al agua mi cutre mochila plegable de dos leuros del Dekatlon. Cuando la compré, leí que era a prueba de agua pero vamos, por dos leuros supuse que sería a prueba de dos gotas o quizás tres. Se cayó y el barco tiene muy poca capacidad de girar así que nos tomó como un minuto o un poco más volver a ella. En su interior solo tenía las gafas y el tubo, la camiseta, el dinero en una bolsa con doble cierre y las llaves de la habitación y del candado de la mochila. Esto último era lo único que me jodería perder porque para abrir el candado seguramente hay que destrozar la cremallera. La bolsa se quedó flotando en el agua mientras dábamos la vuelta enorme y cuando la recogí, en su interior no había entrado una sola gota de agua. Ha resultado cierto que era a prueba de agua. Desde allí seguimos hacia el complejo.  La marea ya estaba bastante baja y el barco no podía llegar hasta la playa delante del complejo, así que nos dejó a unos veinte metros y tuvieron que ponerle las pilas alcalinas a la vieja para que fuera andando desde el mar a tierra, aparte que para descolgarla se implicaron los cinco filipinos y el hombre que llevaba el barco. Ellos se fueron a prepararse para el primer almuerzo que tenían y yo me piré a la piscina. Después salían de uno en uno y venían a hablar conmigo y las danesas con los ojos como güevos fritos del impacto tan grande de ver a seres humanos siendo sociables. Cuando una de las gringas se hizo selfis de esos conmigo para ponerlos en su CaraCuloLibro, pensé que a la granosa se le explotaban todos aquellos granos dantescos allí mismo y nos mataba del asco y el veneno que debe acumular en la cara. Me quedé en la piscina hasta las cinco de la tare y cuando los filipinos se fueron, otro festival de gritos en la piscina. Después de ducharme, fui a cenar al restaurante que según tripadvisor es el mejor de la isla y no me pareció gran cosa, está claro que cuando los que votan son surferos, sus niveles de calidad no son similares a los del resto de los seres humanos. Y así acabé el día  

    El relato continúa en Mi día en la isla desierta de Guyam

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