Seguimos un día más en la azotea del duomo di Milano y allí, en un pilar nos encontramos con el julay de la foto de hoy, con un tanga y por aquello de mantener la gran tradición de los tocamientos, con un niño a sus pies al que si le hubieran leído los pozos del café, le habrían dicho que se la iban a meter sin doblar allí mismo. Imagino que en la secta a la que pertenecemos tienen la suficiente inteligencia para saber que todos los siglos que han tenido de arte tan explícito se concentran en una verdad tan clara como que cuando el río suena …
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Ay que penita me dáis …
Por circunstancias de la vida que vienen a este cuento, desde hace dos semanas me han dado en el trabajo para que lo pruebe un dispositivo que corre con el sistema operativo AndroiTOTOROTA. Hasta que me lo dieron, yo he vivido feliz y contento sabiendo que las yemas de mis dedos jamás se habían posado sobre la pantalla de cristal de un artilugio electrónico con el software de GooglEVIL, la corporación diabólica que busca la forma de saberlo todo de ti para empetártela hasta las raíces de los pelos de los güevos sin vaselina ni nada. No vamos a comentar nada del dispositivo y nos centraremos en mi pesadilla de experiencia con ese trasto. Después de años copiando y plagiando la perfección tan absoluta que produce la empresa de la manzana mordida, uno se espera que a estas alturas lo que usan los pobres y los facinerosos tenga un poquitito de calidad, no mucha pero una pizca. No es así. Lo primero que me abrumó y me dejó noqueado fue la cantidad infinita de niveles de menús de configuración. Yo quería quitar una de las funciones y lo tuve que hacer hasta en cuatro lugares distintos ya que no parece haber consistencia alguna. Cuando crees que le tienes cogido el punto, resulta que lo que buscas no está en donde crees sino en otro sitio totalmente distinto y no le ves la lógica por ninguna parte. Después tuve el problema del botonerismo, tanto botón que hace cosas distintas dependiendo del programa y la sensación constante de que la interfaz VA LENTA, nada parece suceder instantáneamente, siempre hay un retardo que no sé si es por falta de potencia o por alguna otra razón. Finalmente, he optado por no usarlo nunca, NUNCA, nunca para navegar por Internet porque el navegador apesta y por alguna razón desconocida que seguramente está en una opción rescondida en algún recóndito nivel de configuración que jamás encontraré, nunca me detectan como un visitante desde un dispositivo minúsculo y me ponen unas páginas impracticables, minúsculas y tan cargadas de contenido que se vuelven inútiles.
En fin, que en lo que a mi respecta, yo no me alejaré de la sombra de la manzana mordida en muchísimo tiempo.
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Vista desde la torre de la catedral en el Club de las 500
Ésta si que no me la esperaba. De todas las fotos de Valencia, las populares siempre han sido la vista de la Albufera desde el avión y las del complejo artístico diseñado por cierto arquitecto famosete que no gana para demandas. Parece que a lo zorrudo, esta vista de Valencia desde la torre de la catedral ha ido acumulando poco a poco sus visitas. De Valencia tengo un recuerdo mixto, no me pareció que hubiese demasiado que ver en la ciudad pero la comida era de fábula y eso lo compensaba todo. Este año estuve tratando de convencer a mi amigo el Rubio para pasar un fin de semana de encochinamiento paellero allí pero no hubo manera. La foto la vimos por primera vez en marzo del año 2006 en la anotación Vista desde la torre de la catedral y hoy le damos la bienvenida al Club de las 500.
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La soberbia azotea del duomo di Milano
Lo repito por si a alguien no le queda claro. Hay que subir a la azotea del duomo di Milano, si eres dinámico por las escaleras y si eres gandul usando el ascensor. El lugar es un festival arquitectónico fabuloso, no hay rincón feo en ese lugar que no se construyó pensando que la gente subiría hasta allí a verlo. En el punto más alto está la Madonnina, una estatua que desde que la pusieron en el lugar más alto en 1774 se convirtió en el símbolo de la ciudad. En Milán se respeta que ningún edificio de Milán puede estar más alto que la Madonnina, la cual está a ciento ocho metros de altura, aunque esto dejó de ser cierto a finales de los cincuenta y para compensarlo, en el edificio que hicieron pusieron una réplica y en el que hoy en día ostenta el récord de altura de la ciudad, tamién tienen una réplica de la Madonnina en lo alto, con lo que técnicamente, la Madonnina sigue estando en el punto más alto de la ciudad.



