Por culpa de vivir en Utrecht, no le presto demasiada atención y ya no me molesto ni en salir de cacería con la cámara, aunque hay rincones y rincones increíbles, sitios fabulosos, bellezas escondidas en el centro de la ciudad y un montón de cosas que la podrían convertir en una ciudad muy turística si hubiera algún interés. Por el momento, parece que los ciudadanos están contentos con el turismo nacional y no quieren tener que huir de la ciudad como ha pasado en Amsterdam, que ha terminado por convertirse en una especie de parque temático con canales en el que no hay holandeses y en donde todo hijo de mongólico y que tiene el gen muy pronunciado alquila una bicicleta sin tener ni puta idea de como moverse con la misma por la ciudad y se dedica a hacer el payaso. Esta misma semana hemos visto una imagen tomada desde lo alto del Domtoren y ahí ya comenté que un huracán separó el campanario de la catedral. Hoy tenemos una pareja romanticona que pasa por debajo del campanario, con uno de ellos en bicicleta. Cuando yo llegué a Holanda, por ese lugar pasaban coches y guaguas hasta que se prohibió el tráfico en esa zona. La foto la hice en septiembre del año 2005 y la vimos por primera vez en febrero del 2006 en la anotación Amor y bicicleta bajo el Domtoren y hoy le damos la bienvenida al Club de las 500.
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Atardecer bajo el puente U Bein
Más o menos a la mitad del puente de U Bein hay un pequeño islote en el que están los barqueros que te pasean por el lugar. Desde allí, cuando el sol ya se retiraba, había una bonita vista del puente en la hora dulce en la que la luz se vuelve mágica. En este tramo hay barandillas, algo que no sucede en todo el puente. Al final del puente hay varios monasterios budistas y un pequeño pueblo.
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La cosecha de manzanas
Uno de los cambios que he ido haciendo poco a poco en mi jardín es el substituir plantas que solo sirven de adorno por otras que producen algo que se pueda comer. Ya que tengo que pasar un tiempo prácticamente semanal en el mantenimiento, al menos espero que sean agradecidas y me ofrezcan algo a cambio. Por ejemplo, la batalla constante con las zarzamoras es muy fructífera y en el 2014 he recogido kilos y kilos de moras que he transformado en mermelada, las he comido con nata e incluso a pelo cuando paseo por el jardín. Merece la pena contener la invasión del jardín por parte de esas zarzas. Mis fresales también generan fresas durante meses, sin parar y si consigo controlar y eliminar a las babosas, me las puedo comer todas. Por el jardín hay también algunas plantas que valen para condimentar platos, como albahaca, menta, cebollino, orégano, tomillo o romero. Las grandes decepciones me han venido siempre de tres árboles, dos manzaneros y un cerezo que se niegan a dar frutos. A los manzaneros les di hasta este año para retratarse y les expliqué que de no cubrir mis expectativas, los arranco y planto algo más. Uno de ellos tiene excusa porque lo transplanté pero el otro estaba en la cuerda floja y sintienedo la presión del machete y ha decidido tranquilizarme con una producción de manzanas escandalosa, tantas como DOS, las cuales podemos ver en la foto:
Mañana recogeré la mitad de la cosecha y si la que me como está rica, el sábado caerá la otra mitad. El cerezo tiene hasta el verano del año que viene para presentar resultados o tendrá que dejar el lugar que ocupa para algún otro árbol. Las dos parras que tengo son demasiado jóvenes y no han tenido uvas, una lástima porque la vieja que murió el invierno pasado dio en su último año una purriada de kilos de uvas que usé para hacer mermelada ya que eran demasiado agrias.
Aquí arriba, desde hace cuatro días, hemos entrado oficialmente en el otoño y como esta semana por suerte no llueve y hace calor, estamos de veranillo, aunque sin santo asociado ya que lo tenemos a primeros de septiembre.
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El AMSTERDAM en el Club de las 500
Si caminas cerca de la estación central de Amsterdam en dirección al NEMO, el museo de las ciencias que tiene una terraza en la parte superior de acceso gratuito y con unas vistas muy buenas de la ciudad, por esa zona verás el AMSTERDAM, una réplica de un viejo barco que se construyó hace ya bastantes años en una época de crisis y empleando a parados que cobraban subsidio. Muchos de los paseos en barco por los canales de Amsterdam lo visitan, con lo que es probable que aquellos que han venido a la ciudad lo hayan visto, al menos desde fuera. La foto es de las más antiguas que tengo en formato digital ya que la hice en junio del año 2002, hace más de doce años, aunque la vimos por primera vez en agosto del 2007 en la anotación El AMSTERDAM y hoy le damos la bienvenida al Club de las 500.




