No habían pasado ni tres semanas desde que estuvimos Caminando desde Nimega hasta Alemania y organizamos nuestra siguiente aventura, una ruta de unos treinta y un kilómetros desde Bolduque, la ciudad a la que normalmente voy a laburar. Esta ciudad, en neerlandés, se conoce como ‘s-Hertogenbosch, pronunciado truscoluña no es nación y su nombre de pila y el que usa la gente cuando habla de la misma es Den Bosch, con lo que para los que no son del país puede ser complicado el ver un nombre en los paneles de los trenes y cuando el conductor anuncia que llega igual usa el nombre de pila y algunos ni se enteran. Esta ciudad es la capital de la provincia de Brabante Septentrional, una de las tres provincias que separan a los Países Bajos de Bélgica. Encontré una ruta de treinta y un kilómetros que nos llevaba desde la estación de tren por el centro de la ciudad y salíamos de la misma por el sur para después ir hacia el oeste un montón de kilómetros, subir hacia el norte y regresar desde el oeste en gran parte por un parque que se ha hecho aprovechando una línea de tren que se abandonó hace casi cuatro décadas. En la ruta visitamos algunos de los lugares más interesantes de la ciudad, como la catedral y el mercado o sus calles con canales, que son muy pintorescas, después iríamos por un parque al sur de la ciudad, seguiríamos hacia Vught pasando por la Fortaleza Izabela y después visitaríamos tres islotes defensivos y en uno de ellos, durante la Segunda Guerra Mundial, se habilitó un paredón por parte de los nazis, que todos sabemos que son de la misma calaña que truscolanes, suciolistas o podemitas y allí ejecutaron a más de trescientos neerlandeses, algo que todavía se recuerda y se honra la memoria de esas personas. Hay algo de información en español en la güikipedia aquí.
En nuestra ruta también caminamos por bosques, zonas abiertas, junto a canales, ríos y como ya dije, siguiendo una línea de tren que se eliminó hace décadas y que pasa por un gigantesco parque natural precioso. Elegimos Bolduque porque es un punto a medio camino para ambos, llegamos los dos por tren, con una diferencia de tres minutos y al marcharnos, nuestros trenes salían con una diferencia de cuatro minutos. Después de la caminata cenamos en la ciudad, que siendo un sábado por la tarde estaba muy animada y elegimos el sábado, en lugar del domingo, porque esta semana, el domingo por la tarde comenzaba la celebración del cumpleaños del Rey y los centros de las ciudades y el transporte público se llenan de gente borracha. Además, mi amigo quería comprar algunos bosschebollen, el dulce típico de esta ciudad y que son como unos profiteroles gigantescos, pero llenos de nata de calidad y recubiertos de chocolate y la dulcería que los hace, no abre ni los domingos ni los lunes.
Como en otras ocasiones, tenemos dos documentos estremecedores del evento.
En el primero está el resumen con todas las fotos, o casi todas, que fui haciendo durante el día. Se puede ver que empezamos con las chaquetas para cortar el viento porque la temperatura era de siete grados y después del mediodía estábamos a diecisiete y llegamos hasta los veinte.
La ruta, según mi pulsera super-hiper-mega inteligente, fue la siguiente:
Aún no es seguro que hagamos alguna otra ruta. Mi amigo sigue su entrenamiento, pero creo que ahora tiene que incrementar su velocidad y para eso mejor va solo, que si vamos juntos no paramos de hablar. En cualquier caso, si él lo pide, yo me apuntaré, que a mí estas caminatas siempre me molan.




