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  • Encierro

    12 de julio de 2014

    Esta mañana me pasé por la filmoteca para hacerme una sesión doble y una de las películas era un documental. Normalmente no suelo ir a este tipo de cine porque me pasa como con los canales temáticos de documentales, me quedo tieso al momento y termino durmiendo, ya que la manera de contar la historia es muy distinta a la del cine normal y no sé por qué pero me puede. En esta ocasión, el trailer atraía y era en las mágicas tres dimensiones, con lo que le di una oportunidad y fui a ver Encierro, película española que se estrenó hace cosa de un año y que ahora llega a la cartelera holandesa, seguramente porque el director es de esta tierra.

    Pon un toro en la calle y la gente corre como mariconas viejas

    Los encierros de San Fermín son famosos en todo el planeta. En este documental vemos a gente que habitualmente corre en los mismos hablando de su experiencia, de sus miedos, de su técnica, de sus recuerdos y finalmente vemos las distintas zonas de la ciudad por las que transcurre el encierro y lo que sucede en las mismas. Todo eso, en TresDé.

    Curiosamente y aunque te venden la tercera y mágica dimensión como lo más de lo más, los mejores planos en la susodicha son aquellos de fotos a las que se les ha dado profundidad de campo. Las fotos de esa manera están fabulosas pero lo que es la tercera dimensión, no sirve para nada y no aporta detalle alguno a la historia. La película no llega a la hora y media y por eso no se hace pesada, tenemos unos pocos julays que cuentan sus movidas y finalmente vemos los encierros, con la tropa corriendo por las calles y los toros siguiéndolos. Me llamó la atención que no hay pavas ni chochas, son todo machos, al menos en la película. Las historias personales son entretenidas y al no ser demasiado largas no aburren. Las escenas de los encierros y las diferentes partes del trazado son fabulosas y la cámara aérea increíble. Hay un montón de momentos en los que tienes que dejar de mirar a la pantalla porque los pitones de los toros están tan cerca del julay de turno que impresiona. Toda la parte de los encierros es con música a todo meter para darle fanfarria y grandiosidad, que aunque funciona, me pregunto si no habría sido más increíble el poner solo los sonidos de la calle, de la gente corriendo, gritando y demás.

    Es cine de filmoteca así que dudo que los miembros del Clan de los Orcos fueran a verlo. Puede interesar a los sub-intelectuales de GafaPasta e incluso a la gente como yo, sin ningún tipo de atracción por los toros pero que pueden tener algo de curiosidad por todos esos chiflados que se ponen delante de unos animales de seiscientos kilos y que te pueden matar en cualquier instante.

  • The Rover

    12 de julio de 2014

    Hace ya casi un mes fui a la filmoteca a ver una extraña película que parecía mezclar drama con un futuro de la humanidad patético tirando a truscolán, un mundo empobrecido y violento como sería truscoluña de ser nación. No me esperaba demasiado de la cosa pero me enganchó como una perra en celo y al final me lo pasé muy bien en el cine con esta película. Se trata de The Rover y por descontado, no tiene fecha de estreno en España y es muy probable que nunca lo haga, ya que no se han hecho los productos de calidad para la boca de los Orcos.

    Un julay que sale de casa a tomar un trago acaba persiguiendo a una banda de orcos para que le devuelvan su carro

    En un mundo en decadencia que al parecer se colapsó una década atrás por una de esas crisis económicas a las que estamos acostumbrados, la gente malvive como puede y un chamo se acerca a algo que parece una especie de bar a tomar un vaso de agua. Mientras está dentro unos chamos delincuentes le roban su coche y el tipo se rebota todo y comienza a seguirlos. Más tarde, captura al hermano de uno de los ladrones y entre ambos se crea una extraña relación que no lleva a ponerle la pierna encima al otro pero que no se comprende. Los dos irán en un viaje largo y complicado por lo que queda de Australia buscando a los ladrones y en ese camino se toparán con todo tipo de seres extraños.

    Lo dicho, me esperaba muy poco de esta película y resultó que es un drama intenso con violencia, crimen, castigo y todo lo demás. Además, aliñada con el maravilloso y dulce acento australiano que se perderá en los doblajes. La historia es prácticamente monolítica y no pierden tiempo explicándonos como llegó el mundo a esa situación o con absurdas y tediosas tramas secundarias para que veamos como se desarrollan los personajes secundarios. Aquí solo existe el mundo de los dos protagonistas, lo cual ayuda a meterte en su mundo y disfrutar con la historia. Guy Pearce hace un excelente trabajo como el hombre al que le roban el coche y que quiere recuperarlo, no se sabe si con o sin venganza pero se le ve capaz de elegir ambos caminos y Robert Pattinson resulta que puede actuar muy bien y aquí es un joven delincuente dejado atrás por su hermano y compinches que parece cambiar de bando y agruparse con la víctima, que es quien lo rescató y mantiene con vida. Entre ambos hay un montón de química y tienen varias escenas sin diálogos abundantes pero con acción y planos fabulosos, todo aumentado por la espectacularidad de los escenarios australianos. La película no tiene demasiadas concesiones con los espectadores, es turbia y dañina, lo cual en este caso es fantástico. No parece haber nada positivo en este mundo de supervivientes, todo es malo o malísimo o incluso peor y aún así, parece que en el mismo también te puedes encontrar con gente buena. Con un buen guión, un director que supo manejar la historia y un par de excelentes actores, es una pequeña joya a descubrir.

    No apta para miembros del Clan de los Orcos ya que colapsaría sus dos neuronas. Perfecta para sub-intelectuales de GafaPasta hambrientos de buen cine y para aquellos que disfruten con productos de calidad.

  • El día del desarrejuntamiento

    11 de julio de 2014

    Por alguna combinación mística y asombrosa, hasta el día de hoy, ninguno de mis amigos y conocidos que han firmado contrato de usufructo de hembra o de macho han roto dicho contrato. Es decir, todos los que se casaron, tanto por lo civil como por la rama de los presuntos tocamientos de niños con edificios que quedan bonitos en los vídeos de los bodorrios, todos seguían con sus contratos. He oído de gente que conozco que se separa, se divorcia o ambas cosas pero podía decir que en mi mundillo eso no pasaba. Hasta hoy.

    Desde hace unas semanas he convivido con la madre de todos los secretos, aunque se lo he contado a todo quisqui en mis círculos de confianza ya que era uno con un alcance muy limitado. Allá por noviembre del año pasado mi amigo el Turco me decía que creía que botaba a su hembra (o ella lo botaba a él, ya que en estas historias siempre hay dos lados más el mío, que es tangencial y helicoidal a la vez que elipsoidal). Después la cosa parece que se calmó y hasta los visité este año en abril, momento en el que yo me barruntaba que el desenlace estaba cercano, aunque ellos se daban arrumacos de esos más falsos que candidato socialista al control del mangoneo del partido. Cuando nos vimos en el aeropuerto en Estambul la cosa ya era irreversible y era cuestión de tiempo. El hecho de ser amigos sin un círculo de chusma y gentuza común le permitía desahogarse sin miedo a que se enteren los otros, que aquí hasta los mudos son como víboras que te clavan el puñal a la primera y de siempre se dijo que un secreto deja de serlo cuando lo saben dos. Como yo soy práctico y eficaz, encontré una web que hacen camisetas y creé un diseño con el texto «Equipo del TURCO», como hacían las pibas en la época de las películas de la Saga Crepúsculo, que o eran del perro sarnoso o del vampiro acarajotado. Cuando le mandé el enlace para desbolicharme de mi amigo le dije que se lo pasara a su madre, que así podíamos montar el club. Ahí fue cuando me enteré que ni ella, ni su padre o su hermana sabían lo que venía por delante y el hombre estaba tratando de encontrar la manera más eficiente de distribuir la noticia, sobre todo porque llega dos meses después de que su hermana se divorciara del pringado con el que se casó.

    Mi maldita costumbre de resolverlo todo sirvió para darle una solución. Le expliqué que la mejor manera de venderle el mochuelo a su madre es diciéndole:

    – Amá, tenías toda la razón del mundo y te debía haber hecho caso. La pelleja con la que me casé no sirve pa’ná y por eso la voy a botar – Por supuesto yo desvariaba pero el hombre me dijo que igual era una buena manera, ya que al principio hubo pelea de gatas y así endulzaba este caramelo agrio.

    Yo también sabía que hoy era el día en el que se firmaban los papeles, ya que una de las cosillas de Turquía es que los divorcios son rápidos y al mediodía le mandé un mensaje diciéndole que si necesitaba apoyo emocional, que yo se lo daba a un buen precio y con grandes descuentos. El hombre me responde dándome las gracias, confirmándome que ya han firmado la ruptura del contrato de derecho de pernada y que justo en ese momento estaba almorzando con la madre de su Unidad Pequeña número 1, a la cual anteriormente conocíamos como la mujer del Turco y que ahora podemos calificar como esa pelleja.

    Por supuesto que le mandé un mensaje felicitándole por lo moderno y civilizado que es, pagándole una comida después de largarla. En España lo más habitual es perserguirla con un rifle o un hacha, según el tipo de deporte que te guste más.

  • Niños budistas

    11 de julio de 2014
    Niños budistas

    Niños budistas, originally uploaded by sulaco_rm.

    En Birmania lo de hacerte monje budista es como en España convertirte en político o sindicalista, la vida perfecta sin dar un puto palo al agua y mangoneando todo lo que puedes y más. En el caso de los monjes, la gente les trae la comida a los monasterios o ellos van casa por casa recogiéndola y así los puedes ver encochinados mientras que en la puerta del monasterio hay gente raquítica pidiendo comida sin recibir nada de nadie, ya que al no ser representantes de un Dios, que les den por saco y que se mueran pronto. Ya puestos a vivir del cuento, los padres meten a los hijos a entrenarse para ser monjes desde pequeños y así se los quitan de encima y es una boca menos que hay que alimentar, además del prestigio social. En uno de los monasterios de Mandalay que visité me crucé con los de la foto de hoy. Las bandas de colores que llevan dos de ellos deben ser como lo de los cinturones de judo.

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