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  • Volviendo a ver las mismas estrellas

    16 de julio de 2014

    Ayer fui al cine a ver por segunda vez Bajo la misma estrella – The Fault in Our Stars. Con todo lo que me gusta el cine y sabiendo que ésta es la mejor película del 2014 para mí (hasta el día de hoy), he retrasado la visita al cine en multitud de ocasiones. Reservo la entrada y siempre encontraba buenas excusas para evitar el ir de nuevo. La razón es el dramote de la película, preciosa pero de esas que te revientan emocionalmente y te tienen llorando mucho tiempo. También he mantenido un perfil bajísimo con amigos y conocidos y hasta que no la quiten de la cartelera no diré nada y así evitaré que me chantajeen para que la vaya a ver con ellos. Ayer, un martes por la tarde, esperaba que el cine estuviese vacío y cuando vi la tropa, flipé en blanco y negro y colores brillantes. Todo la juventud de la ciudad está yendo a ver esta película, en enormes manadas con hembras y machos, lo cual me fascina aún más porque no estamos hablando de una película de acción o de una comedia sino de un drama, drama, sin prácticamente efectos especiales. Me alucinó aún más que muchísimos se habían leído el libro, una sencilla historia de amor entre dos jóvenes con los que se ha ensañado el destino. Yo arranqué con el pañuelito en el bolsillo para no mojarme todo cuando empieza la llorera.

    Ver una película varias veces te permite apreciar cosas que la primera vez se te escaparon, detalles que estaban ahí y contribuyeron al conjunto pero que no supiste separar. Entre esos detalles, me gustó la banda sonora. Tienen una selección de canciones tristes y suaves fabulosa. Hay un par de canciones en el segmento que transcurre en Amsterdam geniales. También vi que su paso por la ciudad fue en otoño, justo en el momento perfecto, cuando las hojas de los árboles cambian de color antes de caer. Esa es mi época favorita en los Países Bajos. Estamos rodeados de verde, verde y más verde y un día los árboles deciden que ha llegado el momento y durante las siguientes dos semanas tenemos una explosión increíble de colores, muchas veces irreales. Ayuda la arquitectura floral urbanística, la exquisita selección de árboles que reparten por bosques y ciudades para conseguir el efecto ya que no es aleatorio, es algo querido. En esos días, en Holanda pasean por los bosques hasta los que odian la naturaleza ya que todos sabemos que a esa explosión fabulosa de color seguirán casi seis meses sin hojas y sin colores. En los momentos de la película en los que están en las calles de Amsterdam, la luz del otoño y los colores cálidos crean escenarios preciosos, que aprecio aún más porque camino por esas mismas calles y juraría que me he sentado hasta en el mismo banco.

    Otro de los detalles que aprecié aún con más intensidad es lo buen actor que es Ansel Elgort. Creo que ya soy fans y se ha ganado que vaya a ver películas únicamente por su presencia, salvo que las dirija el capullo del Peter Jackson, que caga los masques con una frecuencia anual. Hay un instante en el que Ansel Elgort tumba todas mis barreras y sucede en el avión. Está mirando la película Aliens, mi película favorita desde siempre, LA película, la mejor obra de ciencia ficción hecha en la historia del cine. En la película, ponen el momento en el que Sigourney Weaver le dice a la rata alienígena Get Away From Her You Bitch, frase que en la versión doblada al español quedaba como truscoluña no es nación o algo parecido. Gran parte de los efectos especiales de la película los lleva este chaval, ya que aparece con una pierna amputada en varias escenas.

    Otro de los actores que en el segundo pase pude apreciar mucho más es Willem Dafoe que se lo curra que no veas para que lo odiemos. Desde el primer segundo que aparece en pantalla destila un aura de mala persona que le garantiza el pasaporte truscolán y lo curioso es que cuando en un momento determinado parece tratar de redimirse y sacar su lado más humano, su sombra es tan grande y densa que no se lo permite. No hay muchos actores que puedan hacer algo así de una manera creíble.

    Por último, esta película nos recuerda que la historia, el relato que nos quieren contar, es lo más importante a la hora de hacer buen cine. Te puedes gastar fortunas en efectos especiales, en pagar salarios de actores, en meter la mejor música pero si la historia no vale, el resultado será mediocre. En este caso todo gira en torno a una trama sencilla, el primer amor y a la fatalidad e injusticia del cáncer. No hay treinta y cinco tramas secundarias, no hay flashbacks, no hay nada. Hay un pequeño infinito que nos lleva por un corto periodo de tiempo y nos recuerda que hay que saber apreciar cada momento ya que incluso nuestras vidas infinitas tendrán un final.

  • Puesta de sol en la colina de Mandalay

    16 de julio de 2014
    Puesta de sol en la colina de Mandalay

    Puesta de sol en la colina de Mandalay, originally uploaded by sulaco_rm.

    Uno sube a la colina en Mandalay para ver la puesta de sol, espectáculo mistificado por canciones y cultura y realmente bastante normal o quizás sea que yo he visto auténticas maravillas de puestas de sol en varios lugares del mundo y la de Mandalay me pareció ordinaria. Por casualidad, el día que fui a verla compartí el espectáculo con el presidente de Vietnam, el cual visitaba al país y pasaba por allí por ser un sitio muy importante para los budistas. En lo alto de la colina hay también un templo budista muy pachanguero y lleno de colorines, que parecía sacado de una película Disney.

  • No me cuentes

    15 de julio de 2014

    Una de las cosas que no me canso de repetir a todo el que quiera o no quiera oírme es que a mí no se me cuentan secretos. Si tienes un secreto, te lo guardas para ti y me dejas en paz porque si hay algo cierto en este mundo, yo tan pronto como me lo cuentes, se lo cuento a todo quisqui. Si fuéramos a hacer una película contando los orígenes de esto, habría que remontarse a mi infancia en la Isleta, en donde semanalmente pasábamos un examen de verdulería. Por ejemplo, si un amigote me cuenta que defrauda en la declaración de la renta, yo al día siguiente estoy llamando al organismo competente y preguntándoles si les parece bien que esa persona, a la que identificaré por su DNI para que no haya duda, se la esté metiendo sin doblar. Si algún conocido me cuenta que se la ha pegado a su mujer y me pide por el Dios de los presuntos tocadores de niños que no diga nada, yo la llamo por teléfono al momento y en lugar de usar su nombre, la re-bautizo como Vitorina. Está en mi sangre y no se puede hacer nada. No conozco ningún secreto de mi más-mejor amigo y cuando ha intentado contármelos, lo corto en seco. En el lugar en el que me prostituyo por una nómina ocho horas al día de lunes a viernes, de siempre se lo he dicho y eso no quitaba que todos y cada uno de los rumores de la compañía y muchos de los secretos me hayan sido confiados y yo los he distribuido adecuadamente. Ahora con el nuevo sistema este de granja de gallinas en el que estamos todos apretaditos, la cosa se ha ido de mano y parece que tengo una consulta porque no para de venir gente a abrir el baúl de sus miserias y contármelas. Es una cosa horrenda y no hemos pasado en la prisión ni tres semanas y ya no me quito los auriculares Bluetooth modelo Princesa Leiah que me compré para el trabajo ni para ir a mear, porque la gente está saturando la única neurona que dedico al asunto con tantos secretos que no doy abasto a reproducir.

    Aparte de los secretos, estoy amargando a dos con mentiras, que no son más que verdades de universos paralelos, como todos los que disfrutamos con la ciencia ficción sabemos. En cada una de las plantas del nuevo y patético edificio, se da una proporción de treinta y siete a treinta y ocho pollas por dos chochos. Es lo que se llama la igualdad de sexos. Lo injusto es que hay dos letrinas para machos y dos letrinas para hembras con lo que tenemos que diecinueve rabos han de mear por fuera un retrete mientras que los otros prácticamente tocan a un potorro por letrina. Esto es injusto y no puede ser así y para amargarle el día a las pavas y puesto que soy el guardián de los retretes ya que mi sitio está al lado de la puerta de los baños, les he contado que sé de machos que van a su baño porque el otro les da asco y el suyo está más limpio y que esos machos también mean por fuera, ya que todos y cada uno de nosotros hemos visto los suficientes documentales en el canal ese que solo pone los susodichos para saber que un macho ha de marcar su territorio meando y que por eso jamás echamos toda la orina en la taza y regamos el retrete para dejar nuestra esencia, algo que hacemos de manera instintiva nada más nacer. Además, les he dicho que cuando alguno tiene la sensación de que va a soltar una jiñada épica, se va al baño de los chichis porque siempre está vacío y así pares con tranquilidad, que el otro parece la puerta de la oficina del paro de toda la gente que pasa por allí, ya que en una empresa con una edad media por encima de los cincuenta y cinco, los abuelitos mean como fuentes en Roma.

    Las pavas están traumatizadas y quieren mandar un correo al director de Recursos inHumanos, algo inútil porque el hombre ha hecho de la ignorancia y el desprecio de los empleados el principal valor de su vida. Por si acaso, les he dicho que yo distribuiré rumores por la máquina de café que las dos están desquiciadas por el reglote, que la sangría regular las tiene desbaratadas y al estar en un entorno nuevo, ven orina donde no la hay. Las dos han terminado por mirarme como si yo fuera la mismísima reencarnación de un presidente truscolán, un ser de naturaleza infinitamente despreciable.

    En fin, que así son las cosas que suceden en verano.

  • Vista desde lo alto de la colina en Mandalay

    15 de julio de 2014
    Vista desde lo alto de la colina en Mandalay

    Vista desde lo alto de la colina en Mandalay, originally uploaded by sulaco_rm.

    Mandalay es famosa por su colina, aunque en realidad la cosa le viene de más atrás. La colina en sí tiene unos doscientos cincuenta metros y es una especie de enorme parque temático y santuario del budismo. Para subir, si eres una maricona vieja vas por una carretera y al final tomas un ascensor y si eres un ser inhumano, te quitas los zapatos en la punta de abajo y te pegas un subidón en el que se te cae el alma con la caló y toda la chusma y gentuza que pasas, como hice yo. En ese recorrido entre mendigos y vendedores pasas varios altares y en uno de ellos tienen la friolera de tres huesos de Buda, hombre increíble si tenemos en cuenta que un ser humano tiene doscientos y pico huesos y él se las apañó para tener unos cientos de miles y así poder repartir entre templos. Esta colina a la que hemos subido cuatro julays entre los que me incluyo es muy popular entre el artisteo y no hay creador de farándula que no la nombre en alguna de sus obras, moda que comenzó Rudyard Kipling (autor que asumo que todos hemos leído) con un poema que forjó la frase en la carretera a Mandalay de la que deriva truscoluña no es nación. George Orwell estuvo en el lugar, la ELO tiene una canción sobre el lugar y hasta los Beatles nombran el sitio, por no mencionar a Robbie Williams e incluso la reinona máxima, Elton John.

    Todo eso está muy bien pero aún más importante es que según cuentan, el mismísimo Buda pasó por el lugar y predijo la creación de una gran ciudad en el mismo unos miles de años más tarde y el rey del barrio, para no hacerle un feo, la creó en el siglo XIX (equis-palito-equis), que es cuando según Buda debía aparecer de la nada. La vista, como se puede ver en esta foto y también en la de mañana, es mediocre y poco significativa, pero eso no quita que todos subamos para ver la puesta de sol. Las estructuras que se ven a la izquierda son los templos y el camino por el que vas subiendo, el cual es como una gigantesca serpiente que rodea la colina.

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