Caminando por calles perdidas en la zona de los templos me encontré con algún edificio curioso como el de la foto. Lo he comentado en alguna otra imagen, Yangón, Rangón o como la queráis llamar es una ciudad maravillosa para perderte sin rumbo fijo, la gente era muy amable y por todos los rincones habían cosas curiosas que ver. El arquitecto de esta especie de mansión no creía en el concepto de las escaleras interiores y las plantó por fuera del edificio, o igual lo heredaron varios hermanos y al igual que sucede en países latinos con mucha frecuencia, acabaron a la gresca y con sus escaleras separadas.
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Sillones del amor en un cine en Bangkok
En el cine de Bangkok al que fui en un par de ocasiones tenían sillones del amor, unas butacas especiales que costaban más caras y que estaban situadas en la parte posterior de la sala. Como se puede ver en la imagen, están configuradas como un sofá en el que te apalancas con la pava y a poco que se apaguen las luces se la endiñas hasta los pelos de los güevos, se la metes en el buche hasta rasparle las amígdalas o le miras a la pava el nivel de aceite con un par de dedos mientras ella practica con la zambomba para ser la sensación con la familia las próximas navidades. Los sillones esos son bastante populares y en las dos sesiones de cine a las que acudí se llenaron todos. Curiosamente, los tailandeses son extremadamente opuestos a mostrar algún tipo de gesto amoroso en público e imagino que cuando único hacen algo es cuando comienza la película y la gente se distrae. El mismo recatamiento lo tienen con los bañadores de las hembras, las cuales se han de poner una camiseta encima del bikini o bañador, algo que presencié de corpore insepulto en las cataratas de Chiang Mai, en las del Parque Erawan y en el río Kwai, en donde les decían a las guiris que por respeto a la cultura del país se pusieran una camiseta por encima del bañador. Con los machos no había ningún problema, nosotros podíamos lucir los pezones al sol sin que a nadie se le cayeran los anillos. En las islas y playas del sur, al ser puramente turísticas, no había problema, aunque allí raramente veías a un tailandés, salvo que trabajara en algún bar o restaurante o estuviera caminando por la playa vendiendo productos.
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La Dolorsi en el club de las 500
La mejor bitácora sin premios en castellano ha tenido de siempre una serie de protagonistas que aparecen regularmente en mis aventuras, como el Rubio, el Turco o La Dolorsi. Desde que entró en mi particular universo en diciembre del año 2006 ha formado parte de muchas aventuras y ha sido un personaje principal en la bitácora. El año pasado, en noviembre, una tarde en la que fui al centro de Utrecht a hacer compras navideñas después de regresar de Hilversum la dejé aparcada en la calle como hago siempre. Al día siguiente, cuando fui a recogerla había desaparecido. En esa época estaba liado contando los relatos de un par de viajes turísticos y se me pasó totalmente el dejar registrado en el blog dicho suceso, el cual es conocido por amigos y amigotes ya que hubo una campaña para conseguir una cutre-bicicleta para reemplazarla en Hilversum dado que con mi empresa mudándose a otra ubicación, no quería una bici plegable.
Al final mi solución al problema fue desplazar La Cholina a Hilversum y usar La Lapoya para ir a la estación en Utrecht, solución temporal que acaba exáctamente mañana, día en el que La Cholina regresa a Utrecht porque desde el lunes estamos en una nueva oficina, mucho más cerca de la estación y usaré una nueva bicicleta cutre-cutrísima que me apropié por no tener dueño conocido y estar abandonada en el aparcamiento de mi compañía y a la que no le he dado nombre porque no creo que sobreviva mucho tiempo y cuando deje de funcionar la abandonaré.
Así que aprovecho esta anotación para que sirva de obituario y de esquela de La Dolorsi, la bicicleta más querida en ésta bitácora y que seguro que allá en donde está será muy feliz. Hoy le damos la bienvenida a esta foto al Club de las 500.
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Buda sentado en la Nga Htat Gyi Paya
Ayer veíamos la entrada a la Nga Htat Gyi Paya y hoy tenemos el pedazo de Buda que hay sentado en la pagoda. La imagen original, montada en el lugar en el 1558 era más pequeña y en 1900 montaron la actual, de unos catorce metros de alto. Este pedazo de Buda está vestido de reinona del carnaval. Por supuesto, ademas del Buda tumbado gigantesco y de este tenían unos cientos de Budas más en tamaños más portátiles por aquello de que la cantidad compensa la falta de calidad de esa religión (o de cualquier otra). Estos dos budas le dan un repaso del copón a los de Bangkok, que parecen de pura risa cuando has visitado Birmania.




