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  • Mi día con los tiburones nodriza

    6 de noviembre de 2024

    Mi primer día en Fulidhoo empezó a las seis y media de la mañana, después de 8 horas de sueño, que para mí, el jetlag lo tengo al revés y cuando vengo a Asia me ajusto inmediatamente y el regreso es una pesadilla. A las siete y media comenzaba el desayuno y aquello estaba lleno. Yo estoy en media pensión y por la noche para cenar éramos cuatro gatos, pero está claro que hay mucha más gente para los desayunos. Después de la pitanza me acerqué al Club de buceo, que está básicamente al lado de la pensión y me dieron las cosa que necesitaba para bucear y me metieron en el barco y salimos. Esta gente hacen dos inmersiones por la mañana, a veces sin volver al Puerto y una por la tarde. Para la primera estuvimos navegando alrededor de media hora para llegar a un lugar llamado Reethi Kandu, una pared vertical. Había bastante corriente pero básicamente nos arrastraba y sólo teníamos que dejarnos llevar, con lo que es bastante relajada ya que haces muy poco esfuerzo y simplemente te limitas a disfrutar.

    Nada más descender, en un hueco en la pared, vimos un tiburón nodriza bastante grande, con lo que es el sexto tipo de tiburón que veo desde que llegué, aunque estoy convencido que por la noche mientras cenaba mirando al mar ya vi un par de ellos en la playa que tenemos delante. Siguiendo con la inmersión, vimos una morena honeycomb, que no recuerdo como se llaman en español y paso de buscarlo, después vimos varias morenas negras, los peces payaso de las Maldivas, que siempre están en sus anémonas, varios tiburones de punta de aleta blanca y en un sitio de la pared vimos un camarón pequeño muy espectacular, pro no tengo ni idea de qué tipo era.

    Cuando salimos aproveché para tomar el sol en la cubierta superior del barco y de paso, calentarme, que yo no soy mórbido como otros y otras que no voy a mentar y claro, con tan poca grasa te da frío al momento. Regresamos al Puerto porque había gente que solo hacía una inmersión y otra gente que entraba para la segunda.

    Había un montón de españoles y con niños, que yo pensaba que en España la gente no se puede ir de vacaciones en período escolar, pero parece que gracias a podemitas, truscolanes y suciolistas, como ahora son los padres los que deciden si sus hijos pasan de curso, ya no importa si no van a clase. La segunda inmersión era en un lugar cercano llamado la esquina de Fulidhoo, también una pared y ahí la corriente era más fuerte que en la primera. Nos dividieron en tres grupos, los avanzados, los que se quedaban a veinte  metros y los niños que se quedaban en doce metros.

    La inmersión fue larguísima, en distancia, porque la corriente era tan fuerte que hicimos un par de kilómetros mientras avanzábamos. En el camino vimos dos tiburones grises grandes, dos mantas nos pasaron por encima, un águila marina estuvo cerca, vimos primero un pez Napoleón grandísimo y después otro algo más lejos, atunes y algún tiburón de punta de aleta blanca. Al salir tuvimos que esperar un rato en el agua porque el barco estaba recogiendo gente como a un kilómetro de nosotros, ya que según las profundidad, unos hicimos tramos más largos que los otros. En ese momento comenzó a diluviar y con la lluvia regresamos a puerto, para un descanso de dos horas antes de comenzar la tercera inmersión del día.

    La tercera inmersión la llamaban El lugar de los tiburones y yo pensaba que iríamos a algún sitio con una pared, corrientes y los tiburones de siempre, pero me equivoqué completamente. Fuimos junto a Dhiggiri, una de las inmersiones más famosas del universo. Es un sitio con poca profundidad, unos doce metros y en el que hay una población residente de tiburones nodriza. Desde Guraidhoo, la excursión es con gafas y tubo y vale una pasta que no veas y esta era buceando. Este es uno de esos lugares que tenía en mi lista de sitios que quería visitar. Ya antes de entrar, según oyeron llegar el barco, los tiburones subieron a la superficie y al saltar al agua tenías que tener cuidado de no tirarte sobre uno de ellos. Aquello fue el acabose, decenas de tiburones nodriza nadando a tu alrededor, posados en el fondo, siguiéndote, tocándote, mirándote, tú los mirabas o los seguías o los tocabas, fueron cincuenta minutos muy intensos en los que no dejé de alucinar. Me tuve que controlar porque podría haber grabado los cincuenta minutos de un tirón pero sé de uno que no me lo perdonaría en la vida, que lo puedo hacer episodios de tres minutos y tener para un mes de contenido tres veces a la semana de un más de lo mismo brutal. 

    Al salir del agua y comenzar el regreso, apareció un grupo gigantesco de delfines que empezaron a hacer piruetas, saltos y demás delante del barco y no hay mejor broche para un día alucinante. Fue la guinda que coronó la jornada, o eso pensaba yo en ese momento. Al volver a Fulidhoo, me di un paseo por la playa e hice fotos de la puesta de sol y cuando bajé a cenar y me volví a sentar en la mesa mirando la playita, vi que en el agua, que no es muy profunda, habían tres tiburones nodriza. Me acerqué a verlos y otra gente me siguió. En eso que uno de los trabajadores de la pensión trajo algo de pescado desmenuzado y les empezó a poner y vinieron como quince tiburones nodriza delante mío y con una profundidad de veinte centímetros, como mucho. Otro momentazo épico y legendario. Después de la cena me piré a mi habitación que mi jornada volvía a comenzar pronto. Este fue un día fabuloso.

  • Entre un montón de tiburones, rayas y mantas

    5 de noviembre de 2024

    Nos quedamos por la mañana del domingo en el aeropuerto de Malé. Lo primero que hice fue comprarme una tarjeta prepago telelefónica para tener datos y después de eso, saqué moneda local en un cajero del barrio y pillé un taxi y me fui a un club de buceo local con el que había apalabrado al menos una inmersión. Resultó que tenían a una pava de Taiwán y nos apuntamos para dos inmersiones. Dejé mi bolsa en el club de buceo y salimos para el muelle de Huluhmale, básicamente es la isla artificial en la que está el aeropuerto de Malé. Llegamos al muelle y allí nos subimos en un barco bastante grande y salimos. La primera inmersión era en la boca del Muelle y al sitio lo llaman Madimiyava Kanmathi que se puede traducir por truscoluña no es nación o la pecera de los tiburones. Allí llevan diez años tirando los restos del pescado que se prepara en la lonja de la isla y por eso, hay una cantidad ingente de tiburones que vienen a comer gratis. Esto hay que vivirlo para creerlo, aunque el Ancestral se jartará a ver vídeos alucinantes. Había decenas y decenas de tiburones de cinco tipos, entre ellos tiburones tigre gigantescos, tiburones guitarra, que era la primera vez que los veía, tiburones spinner, que ni sé como se llaman en español y que también era mi primera vez y un par de tiburones martillos gigantescos y otros tiburones de los que me dijeron el nombre y ya se me olvidó. Además de eso, había probablemente más de cien rayas y todos los animales en el mismo sitio a tu alrededor. Fue una de las inmersiones más espectaculares que he hecho en mi corta vida. Pienso volver a ese lugar.

    Desde allí nos llevaron a otro sitio llamado Lankan Manta Point, en otro atolón como a media hora de distancia y en donde el dive master nos garantizada que veríamos mantas. Bajamos y vimos dos y yo alucinando pero es que después en otro sitio se pusieron tres a bailar alrededor de nosotros y pasándonos muy cerca y aquello fue otra experiencia mágica y alucinante, fue una auténtica pasada. Tengo también vídeo tras vídeo de las mantas revoloteando sobre nosotros o sobre mí. Salí del agua alucinando y flipando. Al volver al centro de buceo, ya quedé con ellos para regresar en seis días y desde allí cogí la guagua al aeropuerto, lugar en el que me tenían que recoger para llevarme a mi primer destino, el islote de Fulidhoo. El que me tenía que recoger tardó y ya estaba pensando que me habían dejado tirado cuando el chamo dio señales de vida. El barco, una falua de esas rápidas, iba petardo de locales y desde Malé hasta Fulidhoo tomó como setenta minutos, con la falua a todo meter y a base de golpes, todos nos amodorramos y nos medio dormimos. Al llegar a Fulidhoo me estaban esperando los del lugar en el que me quedo y me llevaron a mi habitación, que está muy bien. Ya llevaba más de veinticuatro horas fuera de mi keli, así que me di una ducha, salí a comprar agua de beber y después a las siete de la tarde me dieron la cena, que en este sitio estoy a media pensión y para cuando me puse a escribir las anotaciones, ya estoy cansadisimo, así que aquí lo dejamos.

  • Desde mi keli hasta Malé

    4 de noviembre de 2024

    Para todo gran viaje hay un gran salto que tenemos que dar y el de esta ocasión ha sido grandísimo y complicado que no veas. Todo comenzó el viernes por la noche cuando ya preparé mi bolsa de viaje con casi todo y menos de seis kilos. El sábado me levanté muy temprano y después del jiñote y la ducha, me hice un chocolate con churros porque no hay mejor manera de comenzar una cosa así. Había comprado mi billete de tren para ir al aeropuerto de Düsseldorf un mes antes y cuando lo miré un día antes, me habían cambiado la ruta y añadido algún tren alemán más. Salí de mi keli con tiempo y fui andando a la estación de mi barrio y desde allí pillé el primer tren, en dirección a la estación de Utrecht Centraal. Allí esperé cuatro minutos hasta que llegó el tren de alta velocidad que se supone que me iba a llevar a Düsseldorf y que ahora iba por otra ruta, pasando junto a mi chamba y largándome en una ciudad Alemana de nombre rarísimo. El tren se petó de gente en Utrecht y me busqué un asiento con la lucecita del semáforo en verde porque pasé de pagar para reservar asiento. Llegó un panoli y me dice que ese asiento es suyo y le señaló la luz y le digo que ya se puede ir a tomar por Jauer. Además, era Jalal y malcriado y otra gente con los que lo intentó le dijo lo mismo. Al parecer él entró el último y pretendía echar a gente de un grupo de asientos para sentarse con la pelandusca que empala, el totorota del hijo, un amigo y él, pero acabaron sentados en dos zonas distintas y él comenzó a captar que por más que la chusma y gentuza de la izquierda les de carta blanca para abusar, el resto no tragamos ruedas de molinos.

    Al cruzar el tren la frontera con Alemania, se subieron un montón de picoletos alemanes y fueron directivos a por el panoli gilipollas y los suyos, a pedirles pasaportes y preguntarles qué coño hacían allí. Resultó que están  6 semanas de vacaciones por Europa y son sirios, claro, es que al donar todo el mundo tanta guita para esos países, allí cuando se van de vacaciones, menos de seis semanas les parecen mal. La mujer del chamo tenía un pasaporte de otro país y a los polis esos los mosque un montón. Por culpa del panoli, nuestro tren comenzó a acumular retraso y cada vez se veía más improbable mi conexión en Mönchengladbach Hbf, que mira como se la gastan los alemanes con los nombres. Tuve suerte y el otro tren venía con retraso, había un montón de gente, llega el tren y no se sube nadie. Me subo yo, mirando fijamente al panel en el andén y de repente lo cambian y dicen que ese es otro tren y tuve que salir por patas para que no me metieran en una ruta equivocada. Ese tercer tren, cuando llegó, era uno regional y con él llegué hasta la estación central de Düsseldorf. Allí salí por patas para llegar a tiempo al tren que me llevaba al aeropuerto que ahora era uno de alta velocidad en dirección a Berlín. Nos subimos todos al tren y el chófer como que no tenía ganas de arrancar o algo y al final salió de la estación con diez minutos de retraso, el cual por supuesto no lo explicaron. Finalmente llegué al aeropuerto de salida, algo más de tres horas después de salir de mi keli, pero con tiempo para pillar el avión.

    Los controles de inseguridad alemanes están en otro nivel, te gritan todo el tiempo y te dicen que no cruces las rayas que han puesto en el suelo y así es casi que imposible. Lo mejor es que me seleccionaron para revisión aleatoria y la pava me gritaba, yo me acercaba y se ponía como una energúmeno y me decía que no cruzara la línea. Cuando acabó con el numerito y me dice que recoja mis cosas, le digo que ha sido muy clara con lo de la distancia y la línea, así que moralmente no puedo a menos que ella se aleje y se vaya, por ejemplo, al coño de su puta madre y hasta que no se alejó dos metros de mis cajas, me negué a recogerlas.

    Dentro de la zona segura, me senté a esperar la salida del vuelo. En ese aeropuerto no hay un solo lugar para cargar dispositivos electrónicos, veías a la gente como perros de presa pero sin suerte. Por supuesto no me dieron asiento de ventana y además me asignaron el último grupo para entrar en el avión y los alemanes no son como otros, cuando te intentas colar, la máquina se niega a aceptar tu tarjeta de embarque y te humillan públicamente y te hacen esperar. El avión era un Embraer, solo con cuatro asientos por fila, así que tenía pasillo. Despegamos en hora y al rato pasaron  por cabina vendiendo comida que nadie compró, después nos dieron a todos medio vaso de agua y un bombón y volvieron a intentar vender comida y ya comenzó el aterrizaje en Viena. Hasta ese momento nadie me había mirado mi carné o pasaporte, con lo que se puede cruzar tres países Europedos sin que nadie te controle. En Viena por fin pasé un control de pasaportes y fui a las puertas Gé de truscoluña no es nación. Tenía unas dos horas y media hasta el gran vuelo. En este segundo avión, como Virtuditas no quiso pagar los leuros, me pusieron en pasillo de nuevo y me asignaron al último grupo de embarque, con lo que para cuando yo entré, cerraron la puerta, quitaron el freno de mano y nos piramos. El avión era un Boeing 777 e iba petadísimo. El piloto nos dijo que daríamos un rodeo por culpa de los joputas-terroristas-y-asesinos-musulmanes, ya que hay una purriada de países sobre los que ya lo mejorcito es no pasar por encima. Todos esperamos que nos echaran el rancho y cuando cenamos, apagaron las luces y a dormitar o dormir, que se hace muy malamente. Nos despertaron cuatro horas más tarde, cuando quedaban dos para aterrizar para darnos el desayuno. El avión consiguió aterrizar en hora, pasé el control de pasaporte sin incidencias y nos quedamos en la mañana del domingo, en Malé, capital de las Maldivas.

  • Beyond, Ode to the Earth

    3 de noviembre de 2024

    Si tengo que elegir la película más rara que vi en el cine en el 2024, esta gana por goleada porque no es una película y aunque nos lo venden como un documental, tampoco es un documental y hasta los chamos se tienen que haber dado cuenta porque al iniciar hay un vídeo del André Kuipers, que es quien la dirige, diciendo que esto no es más que música de Vangelis mezclada con vídeos hechos por él en las dos veces que subió al espacio como astronauta. La película se titula Beyond, Ode to the Earth y por ahora, solo se ha estrenado muy limitadamente en los Países Bajos y hasta las plataformas digital y tal y tal le tienen miedo porque no atraerá espectadores. En España la están promocionando con el fastuoso título de truscoluña no es nación.

    Un julay nos toca mogollón los mondongos sin chimpún.

    Esto no tiene trama alguna. Son imágenes hechas con una cámara de fotos (que también graba vídeo) por un astronauta que subió a la Estación Espacial Internacional y como el chamo está obsesionado con Vangelis, apalabró con el chamo antes de que la diñara usar su música, consiguió su permiso y pone música de Vangelis con sus vídeos y nadita más.

    Como experimento es curioso y hay que verlo en un cine con un buen sonido porque de eso se trata, de escuchar la música, que las imágenes, la cámara no era la más mejor y a veces las imágenes se ven cutres, o las hacía desde una ventana de la Estación Internacional en el espacio y esos no pagan porque les limpien las ventanas y a veces estaban hediondas que no veas. No hay diálogos, no hay trama, no hay guion y definitivamente, eso puede ser muy aburrido. El apabullamiento de la música desaparece tras quince minutos, resulta que si escuchas setenta y siete minutos de música de Vangelis, al final el chamo se repite más que una garbanzada.

    Como experimento está curioso, pero vamos, que los miembros del Clan de los Orcos arrasarían el cine en el que la vean y yo la vi en una sala llena de sub-intelectuales con GafaPasta y allí había mucho murmullo, con lo que no terminó de cuajar y hasta vi alguno al que le dio un jamacullo y se quedó dormido.

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