El interior del BMW Welt es aún más espectacular que por fuera. Exponen algunos vehículos de lujo de la marca, tienen un centro de entrega de nuevos coches (lo podéis ver a la derecha en la parte alta) y hay también algunos coches antiguos, sobre todo uno pequeñito en el que pasean a los niños. Es como un parque temático de coches. Fascinante y entretenidísimo. Todo en un edificio al que los tonos grises, fríos y metálicos le dan un toque futurista. En el edificio también hay una tienda con precios de rescándalo de productos con la marca BMW y Mini. El Rubio le compró una camiseta a su hijo con el dinero que pago yo en Malasia por un ajúar con veintinco o veintiseis idénticas.
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Pateando por Bolonia
Aunque procuro espaciar las escapadas no sé como me las apaño pero al final acaban todas sucediendo en un corto periodo de tiempo. Por eso, en dos fines de semana consecutivos, estuve primero en Riga y después salté a Boloña, del norte de Europa al sur, llegando el lunes del norte y saliendo el jueves para el sur. La culpa de este segundo viaje la tuvo Transavia con una oferta tan escandalosa que no puede rechazarla. Por motivos de temporada han añadido Bolonia o Boloña, solo que los vuelos salen desde Eindhoven y solo suceden ciertos días a la semana. Cuando lo comenté en mi clase de italiano se apuntaron tres colegas y planeamos ir a Bolonia y regresar por Verona, suceso este debido a que el vuelo de regreso desde Bolonia toca tierra en Holanda a una hora en la que no es posible usar transporte público para regresar a casa.
La semana fue prieta y agobiante ya que en tres días comprimí un montón de actividades, incluyendo la generación de todo el contenido de la mejor bitácora sin premios en castellano, la cual siguió a su ritmo habitual. El jueves, me levantaba media hora antes de lo habitual y llegaba al trabajo a las siete y veinte de la mañana, prácticamente encendiendo las luces en la oficina. A las doce regresaba a mi casa y continuaba trabajando desde la misma, ya que me venía mejor para ir al aeropuerto y además me permitía dejar el portátil en ella y lo iba a necesitar el lunes. Como estaba en mi casa, tuve una cena tempranera o un almuerzo tardío y a las cuatro de la tarde me ponía en ruta hacia el aeropuerto con la mochila de treinta litros llena con las cosillas habituales. La única innovación fue el llevarme polos que quería desechar para ir vaciando la mochila según pasaban los días y así poder volver con un par de kilos de harina y algo de queso Parmesano, al cual soy adicto.
Me encontré con los colegas en el aeropuerto, aunque por comodidad y porque me sale de los mondongos, la narración no los tendrá en cuenta. En ese aeropuerto ya me conocen a fuerza de verme cada semana. Pasé el control de seguridad y en los tres cuartos de hora que tenía que esperar hasta el embarque aproveché la hora gratuita de Wifi que te dan en los aeropuertos holandeses, sumada a la Wifi gratuita en el tren y la Wifi gratuita en las estaciones de tren de Eindhoven y Utrecht Centraal. A la hora del embarque terminaba un chaparrón brutal que pilló a los pasajeros de otros vuelos que corrían por la pista como mariconas desbaratadas, con sus trolleys tratando de entrar en sus aviones. Mi asiento era en la parte trasera del avión y como por alguna extraña razón a todo el mundo le gusta entrar por la puerta delantera, mientras allí había una cola del copón, yo pasé sin problemas y ocupé mi asiento.
El vuelo salió en hora y transcurrió sin incidencias. Cuando pasábamos por encima de los Alpes hice una fotillo con las montañas nevadas y me acordé del Marco aquel que iba de los Alpeninos a los Alpens o algo parecido, que la geografía nunca ha sido mi fuerte 😉
En Bolonia fui en la guagua a la ciudad. Los italianos son la pera y han descubierto el negocio de ordeñar a los turistas y te levantan seis leuros por un viaje en guagua de unos pocos kilómetros y en el que una vez la guagua sale del aeropuerto, los cristianos de la zona se suben por cuatro perras gordas. El hotel estaba cerca de la estación de tren y para aquellos que lo han de saber todo, es el Hotel Il Guercino. Como la llegada fue por la noche, ese día no sucedió nada.
A la mañana siguiente, la rutina habitual con desayuno antes de las ocho de la mañana para aprovechar el día. Me encochiné a conciencia, con tres platos de comida que me dejaron preocupado porque ya conocéis la ley esa que dice que lo que se come se caga y si calculamos cantidades, la jiñada que se avecinaba iba a ser de cuidado.
La zona turística estaba justo al otro lado de la estación con lo que deshice el camino andado la noche anterior y continué adelante. Pasé junto al Giardino della Montagnola, el cual es muy especial porque en el mismo había un palacio construido para alojar al Papa y a su corte, pero el populacho en Bolonia se emputó con el Papa y sus conjuras y lo destruyeron. Por lo que me contaron más tarde, lo bombardearon con mierda o eso que los más finos llaman caca o heces hasta echar la infestación de curas que tenían y después no dejaron piedra sobre piedra, convirtiéndolo en parque. Solo por eso los boloñeses se merecen nuestro respeto y admiración eternos.
Como me pillaba en la ruta entré a ver la Cattedrale di San Pietro, la cual tenía hasta sus pedigüeños habituales en la puerta, los cuales usan un vaso de plástico que te agitan para que les eches monedas. Por desgracia, la versión de mi persona que habita en este universo ni ha soltado ni soltará jamás una moneda a esa gente, sobre todo a las mafias que controlan los lugares turísticos. La Catedral no es la iglesia principal de la ciudad y de hecho ni está marcada como algo significativo que hay que ver en el mapa turístico. Todo tiene que ver con la movida por la que bombardearon con truscos a los curas. En la Piazza Maggiore había un podio y autoridades y ahí fue donde caí en la cuenta que el 25 de abril es festivo en Italia, celebran la Liberación en la Segunda Guerra Mundial. Por la plaza había mucho chiquillo y abuelo uniformado.
En la oficina de información turística me dieron mapas, me compré la tarjeta de la ciudad y me apunté para una visita guiada a las dos de la tarde.
Mientras llegaba esa hora, fui a ver Le due Torri, dos torres medievales que están más cambadas que un presupuesto truscolán y subí a ver el universo desde la Torre Asinelli, que es la más alta de las dos. La otra, llamada Carisenda, la conocemos todos porque la menciona Dante en su obra.
No veas tú la de escaleras que hay que subir evitando gordas que atoran el pequeño espacio para llegar arriba. Pese a esto mereció la pena y en la vista anterior hasta se puede ver la Piazza Maggiore y otras partes de la ciudad. Después de hacer una multitud de fotos, regresé al nivel del suelo. Al lado de las torres está el precioso Palazzo della Mercanzia, al cual no se puede entrar y me acerqué a ver la Basilica di Santo Stefano, un complejo de edificios que se comenzaron a levantar en el siglo V (uve) sobre un templo de la diosa Isis, la cual cayó en desgracia con el advenimiento de la secta de los presuntos tocadores de niños a la que pertenecemos todos. La iglesia la mandó construir San Petronio, el cual al parecer era muy virtuoso y que quería tener en su ciudad una iglesia similar a la del Santo Sepulcro de Jerusalén. El complejo de edificios es espectacular, muy interesante y encima gratis total.
Al salir de allí pasé por San Giovanni in Monte, iglesia cercana que de monte no tiene nada, está a cinco metros más alta que la otra y después fui por la via Farini pasando por la Piazza Minghetti y la Piazza Cavour hasta llegar a la Basilica di San Domenico. No sé como se las han apañado los italianos para que cuatro de cada dos iglesias sean basílicas. Al parecer esta es la sede principal de la Orden Dominicana y hasta tienen trozos de Santo Domingo, siguiendo esa fabulosa tradición de despiezar a los santos y repartir sus restos por las barriadas periféricas. Merece la pena recordar que este santo era español, con lo que no solo exportamos hambre, miseria y gentuza truscolana, también tenemos otros productos de calidad como presuntos tocadores …. En la misma zona está la Collezioni Comunali D’Arte, o sea, un museo en el edificio que creo que es del ayuntamiento y en el que ese día alguien se casaba por lo civil. Lo mejor es el edificio, pero bueno, el museo se pasa rápido porque no es muy grande.
Me acerqué a ver la Basilica di San Francesco por aquello de seguir viendo iglesias medievales pero estaba cerrada, al parecer ese día no abrían. Por suerte en la plaza de delante había celebración folclórica de la liberación y aproveché para hacer el pequeño vídeo anterior que nos recuerda que en todos lados el populacho es igual de friki. Si no puedes ver el vídeo, prueba aquí. Algunos parecían sacados de una organización revolucionara comunista del estilo de las que han asolado Cuba o Venezuela. Después fui a comerme un helado en la Sorbetteria Castiglione, muy recomendada en el tripadvisor y entre pitos y flautas se acercaba la hora de la visita guiada, así que le di un vistazo rápido al mercado (el cual estaba cerrado ese día) y fui a mi visita guiada.
Si tienes problemas para ver el vídeo, prueba aquí. En el paseo nos contaron lo de la movida de la batalla de la mierda con la iglesia católica, apostólica y presunta tocadórica de niños romana. Entre las movidas que tenían está que los boloñeses comenzaron a construir la Basilica di San Petronio en la plaza mayor. En el momento en el que la planearon, iba a ser un pedazo de iglesia de que te cagas, una de las más grandes de la cristiandad y de hecho, hoy en día es la decimoquinta iglesia más grande del universo mundial, con ciento treinta y dos metros de largo y sesenta y seis de ancho. La iglesia pertenecía al pueblo y la santa madre iglesia se emputó y para evitar que la construyeran, le levantaron el edificio de la universidad a la izquierda del edificio, impidiendo que montaran las alas laterales. También pusieron todo tipo de pegas y de hecho, no se consagró como iglesia hasta mediados del siglo XX (equis-equis), lo cual nos sirve para confirmar que por más que prediquen sobre la bondad y bla, bla, bla, no son más que un atajo de hijos de la gran puta truscolana y se merecen una rebanada de cuello ya que no son dignos ni de desperdiciar una bala, aunque bien mirado, sí que se podrían usar con ellos minas personales.
En la misma Piazza Maggiore hay otros edificios interesantes y la Fontana del Nettuno, una fuente espectacular en la que los más observadores ya habrán notado algo peculiar que veremos en una anotación específica y con foto propia. En el paseo guiado regresé a las dos torres y también fuimos junto al Archiginnasio di Bologna, parte de la universidad y edificio espectacular que fue el construido para evitar que culminaran la basílica. Se pueden ver los arcos cortados en seco de la misma. Hasta ahora creo que no lo he comentado pero una cosa fabulosa que tiene Boloña son las aceras cubiertas por los edificios, los cuales crean kilómetros y kilómetros de pasos con arcos. Según nos contaron, la cosa surgió por culpa de la universidad, la más antigua de Europa os digan lo que os digan los mentirosos hipócritas y repelentes truscolanes de mierda, que ni en esa época ni en ninguna otra fueron país. La universidad incrementó la población de la ciudad tanto que se produjo una escasez de habitaciones para los estudiantes y el PoZero no estaba muy interesado en construir en Italia esas urbanizaciones gigantescas que hizo en España, por lo que se permitió que las casas se aumentaran sobre las aceras en las plantas superiores para así crear habitaciones que se puedan alquilar.
Cuando acabamos con la visita guiada regresamos al Archiginnasio di Bologna para verlo por dentro, ya que en la visita guiada se limitaban a contarte las cosas desde la parte gratuita del mismo. La parte más espectacular es el teatro anatómico de esos como los que se ven en las películas viejas, con un escenario para poner el cadáver y todos los estudiantes alrededor observando el trabajo del carnicero de turno. Muy espectacular, todo en madera, pero no sé, a mí no me pareció gran cosa, aunque debo ser el único porque todo el mundo estaba emocionado hasta las lágrimas.
Desde allí fuimos hacia la via Zamboni y entramos a ver la Basilica di San Giacomo Maggiore, otra iglesia que sirve para reconfirmar que el poder absoluto trae corrupción absoluta. Cruzamos por el distrito universitario y llegamos a la Pinacoteca Nazionale, ya que por más que sea un cacho de carne con ojos, yo me paseo por todos los museos del mundo procurando que me resbalen y me la suden todas las obras que albergan, pero que no se diga que no sudé en el lugar.
Seguimos pasando por delante del teatro delle Moline y nos paramos para hacer fosot en la ventana que hay sobre el canal en la via Piella. Básicamente es eso, una ventana en la calle que al abrirla te permite ver el canal debajo y que como se puede ver en la foto, no ofrece nada bonito, pero es el tipo de cosas que nos hacen hacer a los turistas.
En nuestro callejeo buscamos la Torre Prendiparte, otra preciosa estructura que ha sobrevivido desde la edad media y que en la actualidad se puede alquilar, con una jartada de pisos en los que te pasarás el día subiendo y bajando escaleras, creo que en total tiene once plantas, con lo que como duermas en la décima y el baño esté en la primera, ya puedes planificar con tiempo la visita o si te da un apretón no llegas ni de coña. Como aún quedaba tiempo, fui al museo arqueológico y al museo Medieval, el cual es el más caótico que he visto en mi vida y ni los empleados se aclaraban con la ruta más optima para hacer la visita. De regreso al hotel callejeé disfrutando con los arcos y las pequeñas callejuelas. Esa noche cenamos en el Papa Re, un restaurante cercano al hotel y aunque de siempre se dijo que yo tengo pilas alcalinas, ese día les di un queme que no veas. A la mañana siguiente había que madrugar muy mucho porque el día comenzaría yendo a Rávena y acabaría llegando a Verona.
El relato continúa en Andando por Rávena y viaje a Verona
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BMW Welt
Mi amigo el Rubio tiene una tolerancia muy baja a las iglesias y como en la visita a Munich le di una sobredosis del copón, para compensarlo nos fuimos a las afueras de la ciudad a visitar el Mundo BMW, en el que hay un museo y un edificio espectacular además de unos coches épicos. Nada más salir de la estación de metro te topas con un edificio increíble y a partir de ahí te sacan de dentro el niño que llevas y comienzas a flipar en colores y hasta en blanco y negro. El edificio es precioso y su contenido interesantísimo. En lo que queda de semana seguiremos viendo más imágenes de este lugar, el cual está junto al Parque Olímpico. El edificio se acabó de construir en el año 2007 y en el tejado que no se ve tienen una pequeña central de energía solar que genera 800 kW.
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Moka express de Bialetti
Hace casi dos semanas que se produjo un cambio substancial en mi rutina diaria. Como sucede con estas cosas, llegué al mismo por caminos tortuosos. Yo tengo una cafetera Senseo de Philips, básicamente de primera generación ya que la compré en el año 2005 y ahí sigue. El café que produce es de ese que se puede catalogar como agua chirria, suave y en cantidades industriales. No la uso mucho ya que de siempre he preferido el calentar un vaso de leche y echarle una cucharadita de café soluble por las mañanas. Cuando decidí que igual iba siendo hora de cambiarla comencé un proyecto de investigación masivo con todas las alternativas existentes. Miré todas las máquinas, las cuales ahora vienen con sus cartuchos incompatibles y que tras cinco años de protección por diseño pasan al dominio público y aparecen cafés de otras compañías, lo cual abarata el producto. Aún así, algo que parecían tener todas en común es que por menos de veinte céntimos no te tomas un café en tu casa.
Comencé descartando las máquinas que muelen el café y te lo preparan. Son aparatosas y me conozco lo suficiente para saber que después de un tiempo me cansaré y no la usaré. Después fui descartando los formatos propietarios, uno a uno. Todo parecía indicar que me terminaría comprando una Nespresso, aunque era una opción que no me acababa de convencer porque hasta el día de hoy, todos los cafés de esa máquina que he probado me han dejado totalmente indiferente. Encontré un modelo que tenía un cacharro adosado con el que hacía su versión del capuchino e incluso descubrí que la podía comprar por ciento cincuenta leuros y me regalaban cien leuros en café, con lo que tendría una cantidad brutal del mismo.
Con los deberes hechos, una tarde me acordé de la Bialetti, la clásica, única y ampliamente copiada cafetera italiana o cafetera moka, el sistema con el que crecí y el café que de siempre me pareció más rico, hasta que llegaron todos los inventos posteriores. Descubrí que siguen siendo populares y que hay un culto específico de las mismas. En ese mismo instante, mi intención de comprar una Nespresso estalló en mil millones de pedazos y comencé a buscar una tienda en la que vendan la Moka Express de Bialetti en el tamaño de una taza, perfecto para mí. Aluciné en colores cuando la tienda más barata en todos los Países Bajos que vende esta cafetera resultó una tienda de cocina que hay en el centro de Hilversum y que tiene fama de carera. Fui a comprarla allí y de paso me agencié un Frabosk Cappuccino, un vaso con un dispositivo manual para montar la leche y crear la espuma.
Después me pasé por un supermercado, compré un buen café molido y ese mismo día entré en una nueva dimensión. Ya se me había olvidado lo rico que huele una cocina cuando se prepara café con la cafetera moka. Poniendo el fuego al mínimo, la mía tarda siete minutos y el resultado es increíble. Monto la leche, la caliento hasta la temperatura perfecta, se la añado al café, le pongo un poco de cacao en polvo por encima y tengo unos desayunos épicos. En lugar de los ciento cincuenta leuros acabé con la solución perfecta por treinta leuros.
La cafetera Senseo se quedará en mi casa para las visitas, ya que no creo que a la gente le mole lo de ir esperando tanto tiempo para un café y con la otra, puedo preparar dos en paralelo por minuto. Mi amigo el Rubio pensaba que hacer el café así afectaría a mi rutina mañanera y en realidad lo ha hecho al incrementar la calidad del café, pero no alargándola ya que de siempre me ha gustado disfrutar de un desayuno relajado y en el tiempo en el que recojo un poco, caliento las cosillas que tengo para desayunar y que normalmente están congeladas, saco la comida del congelador y preparo la mochila, el café está listo.










