Desde que estuve laburando desde Gran Canaria durante cuatro semanas entre diciembre y enero, hubo un problema en mi keli neerlandesa que no tenía explicación aparente. Unas dos semanas después de migrar hacia África, mi vecino me manda un mensaje informando que mi luz del jardín no se había encendido la noche anterior y fue a mirar y descubrió que mi casa no tenía electricidad porque había saltado la palanca, expresión que hasta donde yo sé, es muy Canaria y se refiere a la terrorífica y estremecedora circunstancia de la vida en la que el diferencia de tu keli la desconecta de la red eléctrica. Mi vecino dedujo que el problema era del temporizador mecánico que yo uso para apagar y encender la luz del jardín durante mis ausencias prolongadas y procedió a cambiarlo, poner uno suyo y subió la palanca, otra expresión que se escuchaba muy mucho en la Isleta, república independiente cuando vivía allí.
Después de esta crisis, una semana más tarde vuelve a contactar conmigo y me informa que ha vuelto a saltar la palanca y que tras un estudio intensivo y exhaustivo a la par que primitivo, había deducido que el problema estaba en la lámpara que hay en el interior del cuarto del jardín, ese que los neerlandeses llaman schuur y que la traducción literal sería granero, pero en el mío no hay grano, así que yo prefiero llamarlo la keli de las bicis. El hombre desmontó la luz del interior y según él, había cables pelados y probablemente se produjo allí un cortocircuito, aunque esa luz estaba apagada y la lámpara bien cerrada, pero bueno, él desmontó la lámpara y puso en su lugar un portabombilla. Eso solución la segunda gran crisis de la energía eléctrica en mi keli y que, sabiendo que tengo el congelador petado, pudo haber sido un drama total. Desde ese día añadieron a sus rutinas de jubilados el pasar diariamente por mi keli para comprobar que seguía corriendo la corriente, otra expresión mágica y entrañable que me devuelve a mi infancia.
Yo regresé en enero y hablamos de hacer un estudio completo de la instalación eléctrica de la mentada keli de las bicis, o schuur (que se pronuncia como ES CUUUUUUUUUUURRR), pero hacía frío y mucha oscuridad y decidimos dejarlo para la primavera o así. Desde entonces y durante tres meses, no hubo incidentes, lo cual me intrigaba bastante porque sucedió cuando yo no estaba en mi keli y ahora que estoy, es como si hubiese un fantasma viviendo allí y que no quiere molestarme o enfrentarse con mi Ángel de la Guarda, que seguro que le da dos hostias y lo pone en su sitio. Todo eso cambió este domingo pasado.
Acababa de anochecer, la luz del jardín ya estaba encendida y yo estaba viendo algún episodio de alguna serie en mi salón mientras jugaba en la tableta y puedo confirmar y confirmo que los únicos aparatos eléctricos en activo en ese momento eran el router, la tele, la luz del salón y la luz del jardín porque ni la nevera estaba en ese momento enfriando y saltó la palanca, conmigo en mi keli. Fui al armario en el que está el contador, que es ese mágico aparato que calcula mi consumo de electricidad, o de luz, que es la forma en la que yo lo diría y digo, miré y aunque tengo cinco grupos independientes y el jardín cuelga del cuarto grupo, saltó la palanca del grupo principal, que incluye a los otros cinco. Subí la susodicha palanca y la luz regresó a mi keli.
El miércoles, aprovechando que laburaba desde mi keli, vi a mi vecino en el jardín y le informé que había saltado la palanca el domingo por la noche y que en ese preciso momento y en los momentos previos, estaba lloviendo. Le pregunté si ese mismo escenario se había producido en las dos ocasiones anteriores pero no se acordaban. Desatornillé la fastuosa lámpara del jardín, con su bombillo de bajísimo consumo y que además puedo programar como me salga de los mondongos porque tiene hasta güifi y al quitar la lámpara de la pared exterior de la keli de las bicis vi que tiene una abertura por la parte superior por la que estaba entrando el agua y los cables estaban muy pelados y cerca de la pared y probablemente el agua y esos cables pelados fueron la causa del cortocircuito. Esa lámpara está ahí probablemente desde 1984, el año en el que mi keli fue habitada por un ser humano o inhumano por primera vez, así que la quité y la tiré a la basura, cortamos el cable, lo ajustamos, lo preparamos y cambié la lámpara que estaba sobre la puerta de la cocina a ese lugar, con lo que igual, el gran misterio del salto de la palanca en mi keli ya está solucionado. La energía que llega a esa lámpara siempre ha pasado por un temporizador, aunque yo todavía sigo sin entender como, en un país en el que llueve (o llovía) con mucha frecuencia, esto no pasaba con más frecuentemente. Como no sea eso, me temo que voy a tener que contactar con una pitonisa para que investigue los espíritus que vivan por allí y encuentre la causa del problema.

En la imagen vemos la lámpara que se ha convertido en el faro que ilumina mi jardín por las noches y en mi lista de cosas para comprar he añadido una nueva lámpara para la puerta de la cocina, solo que la quiero con sensor de movimiento para que se encienda únicamente cuando me acerco a la misma. La lámpara de la foto tiene el bombillo super-hiper-mega inteligente que se puede programar para que se apague y se encienda cuando te sale de la pipa y hasta cambiar la intensidad de la luz e incluso su color.
