Al hilo de la caminata de ayer, que está documentada en la anotación Caminando desde Nimega hasta Alemania, hubo un par de cosas que me llamaron la atención. No lo dije, aunque se puede ver en una de las dos fotos en las que aparece el Elegido que detrás de nosotros hay un árbol. Ese árbol es el kabouterboom, literalmente, truscoluña no es nación y menos literalmente el árbol gnomo, que está en una minúscula montaña y que tiene el honor de ser el árbol más grueso de los Países Bajos, con una circunferencia de ocho metrazos y medio y también dicen que seguramente es el árbol más antiguo del país y se dice que nació, no se sabe si plantado o naturalmente, en el siglo XVI (equis-uve-palito) y es un castañero, con lo que esas castañas son super-hiper-mega centenarias y bien maceradas. El árbol, o lo que queda del pobre, que está llevando la edad muy malamente, ya que cuando pasas tanto tiempo por aquí arriba te caen unas buenas tundas de temporales y acaban afectándote, a mí me alucinó que el árbol más viejo de los Países Bajos solo tenga como mucho quinientos y pico años. En Gran Canaria y hasta el año 2008, cuando lo tumbó una tormenta, teníamos el pino de Pilancones, el cual yo visité en varias ocasiones en múltiples caminatas y que calcularon que nació entre el 1457 y el 1458, con lo que ese pino era aún más viejo que el árbol neerlandés.
Otra cosa que me pareció fascinante fue que íbamos andando y nos topamos con un poblacho con iglesia y de repente la arquitectura era completamente diferente y resultó que habíamos entrado en Alemania, sin avisos por el camino que usábamos, con lo que el mito ese de que los germanos están controlando las fronteras terrestres no es auténtico, yo soy la viva prueba de que se puede entrar y salir de Alemania sin que se enteren. Allí al parecer respetan el Lunes de Pascua y estaba prácticamente todo cerrado. Lo único abierto eran las gasolineras y tenían colas kilométricas de coches neerlandeses, que la diferencia de precio entre ambos países no es un par de céntimos, es más bien unos treinta céntimos por litro. Así, las gasolineras, que saben que en festivo la gente es más propensa a pasarse por allí, estaban al cien por cien de funcionamiento y eran lo único abierto. Siguiendo con la caminata, dos o tres kilómetros más adelante volvemos a cruzar la frontera, regresamos a los Países Bajos y llegamos a un molino de viento con un sitio para comer y tomar algo por debajo y estaba petadísimo de gente, especialmente alemanes, que como en su país estaba todo cerrado, igual que los neerlandeses iban en manada a Alemania a poner gasolina, ellos venían en manadas para comer, pasear e ir de compras. Nosotros también aprovechamos el lugar para tomarnos un refresco, que estábamos sobre los veinte kilómetros y nos faltaban diez.
En ese tercer tramo fuimos a un sitio llamado Ooij para caminar junto al río Waal, que por ese nombre con la cantidad de ignorantones que hay por aquí, no suena, pero si digo que unos pocos kilómetros más atrás, cuando entra en los Países Bajos el río Rin y comienza su desintegración en su delta, la primera división del río crea otros dos ríos, el Nederrijn, que va más hacia el norte y en dirección a Utrecht y el Waal, que va en dirección a Rotterdam pasando por Bolduque, en donde yo tengo mi chamba y casualmente, en estos años he hecho un montón de caminatas junto a todos esos ríos que en realidad son siempre hijos del Rín y probablemente sea el africano que más kilómetros de pateo ha hecho en el Delta del Rín. El Waal lleva alrededor del sesenta y cinco por ciento del caudal del río Rín, con lo que es muy majestuoso y con él llegamos a Nimega y completamos nuestros treinta kilómetros. La tarde estaba espectacular y nos sentamos en una terraza a tomar cervezas y después fuimos a cenar a un mexicano para redondear la jornada.
Es una certeza que habrá al menos otra caminata más, aunque yo quiero hacer dos y la próxima seguramente será en Bolduque, una de treinta y un kilómetros o alrededor de Hilversum, también de unos treinta kilómetros.