Cruzando a Perhentian Besar (la isla Grande) con un barco estuve en una pequeña cala preciosa e idílica en la que estábamos solos en la playa. La vegetación llegaba prácticamente a la orilla y dentro de la jungla se podía escuchar todo tipo de gritos de los animales que allí habitan. En la arena, en un rincón, restos de un nido de tortuga y ese agua turquesa que enamora inmediatamente. Estuvimos allí un par de horas, tomando el sol, bañándonos y saltando por las piedras esas enormes que se ven en la imagen y en las que mostraré otra foto otro día con unas francesas que posaban para hacerse mil fotos con las que dar envidia a los conocidos al volver a su casa.
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Lagarto geco
El mejor amigo de los viajeros por Asia es el lagarto geco. Están por todos lados y entran en las casas para convivir con los humanos. Ellos se encargan de comerse los mosquitos y así puedes dormir tranquilo. Lo mejor que te puede pasar es tener uno o dos en tu habitación, apatrullándola por el techo y vigilando mientras duermes. Lo único malo es que los más pequeños pegan unos berridos tremendos y te dan unos sustos de muerte. El de la imagen es un ejemplar bastante joven.
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Barca en la playa
Solo hay una forma de llegar a las islas Perhentian y es por barco. El viaje desde Kuala Besut toma alrededor de media hora en una de las lanchas que se ven en la foto en el agua y puede ser bastante movidito y húmedo si el mar no está tranquilo. Aunque en ambos lados de la isla hay embarcadero no lo usan y para arañar un poco de dinero más de los turistas te traen en el barco grande (aunque no es mucha la diferencia) y con el cuento de que estos no se pueden acercar a la orilla, tienes que hacer transbordo a una barca como la de la imagen y pagar un par de ringitts para llegar a la costa. Más que la molestia de pagar jode lo de saltar en alta mar de una barca a la otra mientras llevas bolsos, mochila, cámara y demás. Aún así, se supone que este un lugar para hacer un turismo más aventurero que el de los que eligen ir a la costa y meterse en una torre de apartamentos y si lo miramos desde ese punto de vista, al final todo es más exótico.
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Bicicleta escoñada
Cuando alguien abandona una bicicleta en los Países Bajos, o desaparece rápidamente porque otra persona se la lleva para intentar repararla y utilizarla, o la empiezan a despiezar y van desapareciendo partes hasta que no la vemos más. Esta estaba junto a una parada de autobuses en la ciudad de Utrecht y recuerdo verla con la rueda trasera aunque sin el sillín (igual era una bicicleta de esas Divinas que usan las monjas para comunicarse mejor con el Altísimo). Estuve tentado de llevarme el guardabarros delantero para una de mis cutre-bicis pero al final mi vecino me la apañó y la reparó.
En el Álbum de fotos de bicicletas encontrarás un montón de bicis que he ido fotografiando a lo largo de los años




