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  • Turismo por Phnom Penh

    10 de junio de 2010

    El relato de este viaje comenzó en El comienzo de otro gran viaje

    La noche anterior apalabré en la recepción un tuk-tuk para que me llevara por la ciudad durante el día y como quería comenzar pronto para evitar la caló, estaba desayunando en la terraza al lado de la piscina a las siete y media de la mañana y a las ocho menos cuarto ya íbamos camino de Toul Sleng, el museo del genocidio. Este edificio era inicialmente el instituto Toul Svay per entre 1975 y 1979 fue una prisión de los Jemeres Rojos conocida como S-21. Por aquí pasaron entre trece mil y 20 mil personas en el nefasto periodo de Pol Pot y fueron torturadas y enviadas a matar a los Campos de la muerte (The Killing Fields). La gente que pasaba por este lugar eran profesores, médicos, personal militar y gente con educación. A todos los mataban. En el interior de los cuatro edificios se pueden ver las celdas minúsculas en las que los retenían así como los instrumentos de tortura. Los Jemeres Rojos lo documentaban todo y a todos les hacían fotos. Hay una exposición fotográfica en la que se ven algunas de estas fotos que pone los pelos de punta, con las caras aterradas de la gente que traían. El sitio es deprimente y nos recuerda que los regímenes comunistas son miserables, asquerosos y más propensos a matar a sus propios ciudadanos que otro tipo de regímenes. Estos hijos de puta comunistas de mierda mataron en cuatro años a entre dos y tres millones de personas, asolaron su país y lo devolvieron a la Edad Media.

    Según salimos de allí salimos hacia Choeung Ek, el campo de The Killing Fields y el lugar al que se mandaba a la gente desde este campo de interrogación para que los mataran. La carretera para llegar es dantesca. Hubo momentos en que pensé que no lo contaba. Aquí no se respeta ninguna regla de conducción y el tipo que llevaba el tuk-tuk iba con la misma alegría por el carril adecuado que en dirección contraria pitando y con los coches que venían de frente apartándose. En un punto determinado hay un cruce que aún no sé como lo pasamos pero os garantizo que los güevos se me pusieron a la altura de las amígdalas.

    Por la carretera pasamos por sitios en los que hay un hedor insoportable y se ve miseria pero como nunca antes había visto. Finalmente llegamos a Choeung Ek y compré mi entrada. El campo es un sitio idílico, precioso, lleno de verde, con árboles y muy agradable. En el centro hay una estupa que contiene los restos de 8985 cuerpos exhumados en 1980 y se cree que hay más de 17000 más enterrados en fosas que aún no se han abierto. En el interior de este memorial están las pilas de cráneos, huesos y ropas, organizadas por edad y sexo. Dan ganas de llorar en aquel sitio. A su alrededor hay carteles que explican los edificios que tenían en aquel lugar y datos que asustan. Hay un árbol que era en el que mataban a los niños y a las mujeres, otro en el que colgaban altavoces para que la gente no supiera lo que pasaba allí y las fosas abiertas tienen carteles señalando el número de cuerpos que se encontraron en las mismas. Hay una cerrada que por culpa de las temporadas de lluvia tiene los huesos aflorando a la superficie. Lo dicho, todo por obra y gracia de un régimen comunista.

    Dejé el lugar al borde de las lágrimas pero me tuve que recuperar pronto porque la carretera de vuelta pasaba por el mismo cruce y de nuevo fue una experiencia terrorífica. Después saltándonos semáforos y violando todas y cada una de las normas del código de circulación llegamos hasta el Museo Nacional, un edificio rojo precioso en el que tienen una gran colección de esculturas, reliquias y artefactos que cubren casi toda la historia de Camboya. La visita es muy agradable y supuso un cambio radical de temática después de las dos primeras paradas de ese día. Al terminar fuimos a Wat Phnom en el noreste de la ciudad, una especie de colina pequeña convertida en mega-rotonda de tráfico que le da nombre a la ciudad. La colina tiene 27 metros de altura y en la parte superior hay un templo budista. En este lugar aconsejaban en la guía que al quitarte los zapatos para entrar al templo te los llevaras para evitar que te los afanen y de hecho había un colega en la puerta que yo creo que estaba mirando hasta si mi talla era la correcta y se llevó un disgusto de cojones cuando me vio sacar dos bolsas de supermercado, meter los zapatos dentro y ponerlos en mi mega mochila fotográfica.

    Al bajar pasé junto a Sam Bo, un elefante de cuarenta y pico años que lleva allí desde siempre y al que la gente le da de comer y que por 5 dólares te da un paseo alrededor de la colina.

    Después volvimos al hotel y me pasé la tarde en la piscina igualando mi color de piel por ambos lados. A la hora de cenar fui hasta la avenida que está junto al río pero no me gustó nada y busqué un restaurante en el que la Chinita me había dicho que se come muy bien pero estaba cerrado así que opté por volver al hotel y comer de nuevo allí ya que no tenía mi guía y no quería arriesgar.

    Así acabó mi segundo y último día en Phnom Penh.

    El relato continúa en Tránsito de Phnom Penh a Kampot

  • Puerto y centro comercial Maremagnum en el club de las 500

    10 de junio de 2010
    Puerto y centro comercial Maremagnum

    Puerto y centro comercial Maremagnum, originally uploaded by sulaco_rm.

    En febrero del año 2007 estuve en Barcelona visitando la ciudad con mis padres y en mayo de ese año vimos por primera vez esta foto del Puerto y centro comercial Maremagnum tomada desde el teleférico que te lleva hasta el puerto. Volví a la ciudad en el año 2009 para ir a un concierto pero curiosamente en esa visita no llevé la cámara y me limité a hacer fotos con mi teléfono (y creo que es el único viaje que he hecho en los últimos diez años en el que no llevo la cámara). Volviendo al tema, hoy recibimos a esta imagen en el Club de las 500.

  • Reflexiones en el epílogo de mis vacaciones

    9 de junio de 2010

    Nunca he podido comprender como hay gente a la que le supone un trauma el cambiar el chip una vez terminadas las vacaciones y reintegrados al trabajo. En mi caso esas transiciones son bruscas y sin problemas. Salgo de la oficina, voy a mi casa, cojo la maleta y me voy al aeropuerto y ya estoy de vacaciones y de la misma manera regreso, me doy una ducha en mi casa y salgo para el trabajo y al llegar al mismo estoy totalmente concienciado que estoy allí para currar.

    El lunes hice exactamente eso. Quince horas antes estaba en el aeropuerto de Hong Kong esperando a tomar un avión que me trajera de vuelta a Europa y pasado ese tiempo comprobaba que durante las tres semanas y media de ausencia mi correo electrónico había recibido más de mil mensajes. Me creé un par de reglas facilonas para descartar los que no me interesaban y me quedé con unos cuatrocientos cincuenta correos que he tardado dos días en procesar mientras hacia otras tareas. Tampoco el jetlag ha sido tan malo como esperaba. El lunes dormí como un bellaco y ayer ya estaba casi adaptado al horario europeo.

    Aunque las vacaciones han sido fantásticas, llega un momento en el que echas de menos el poder cocinar y no hacer nada en casa si eso es lo que te apetece. Creo que mi límite de vacaciones ronda los veinticinco días seguidos.

    Algunos números de este periodo de mi vida: 25 días de vacaciones, 4 países, 8 hoteles y pensiones, una mezcla de medios de transporte que incluye, autobús, mini-bus, taxi, avión, tren, tranvía, tuk-tuk, funicular, furgoneta, camión, teleférico, globo, jet-foil, barco, barquillo, motocicleta, metro y monorraíl, 25837 kilómetros en avión, 42 Gigas de fotografías que comprenden 2805 fotos, el uso y conversión entre euros, dólares de Hong Kong, dólares americanos, Ringitt malayos y Riels de Camboya. Entre 80 y 100 litros de agua, 18 pastillas contra la malaria, 40 pastillas de complejo de vitaminas B, 64 pastillas de betacaroteno para el bronceado, 4 pastillas de melatonina para el viaje de vuelta, 5 audiobooks, 20 episodios de series, 1,5 euros de llamadas con VoipCheap y un peso final al volver de 64,1 kilos.

    Retomo este último dato. Hay que regresar a finales de los ochenta para poder ver una versión mía con 64 kilos. He perdido la barriga cervecera y como efecto colateral, se me caen todos los pantalones. Parezco un machango con los calzoncillos medio fuera.

    En estas vacaciones he conocido un montón de gente fantástica, he comido un montón de platos exóticos, me han hecho regalos, he aprendido un montón de cosas nuevas, he visto puestas de sol increíbles, he caminado por la jungla evitando que se me peguen sanguijuelas, he subido a árboles, navegado por meandros, caminado junto a campos que aún tienen minas, he escalado templos de más de mil años y entrado en cuevas con decenas de miles de años. Me he bañado en el mar de la China Meridional y he visitado 5 islas. He estado en templos budistas, hindúes, taoístas, musulmanes y cristianos. He escrito todo el relato del viaje el mismo día en el que lo vivía. Estuve una sola vez en todo ese tiempo en el cine lo cual lo convierte en el periodo más largo de tiempo sin ir al cine de los últimos 10 años.

    Todo este baile de cifras y datos se concreta en un único pensamiento: Me lo he pasado genial y el año que viene repito con otro país o conjunto de países.

    … y como siempre, se puede leer el relato completo del viaje en estas mismas tierras y para encontrar el principio, solo hay que saltar a El comienzo de otro gran viaje

  • Dunas con Faro al fondo en el club de las 500

    9 de junio de 2010
    Dunas con Faro al fondo

    Dunas con Faro al fondo, originally uploaded by sulaco_rm.

    Tenemos que viajar hasta agosto del año 2006 para encontrar en los archivos de esta bitácoara la anotación Dunas con Faro al fondo. Es una imagen que he visto miles de veces ya que durante años fui a la playa por esa zona y disfrutaba enormemente caminando entre las dunas. Hoy le damos la bienvenida a esta foto al Club de las 500.

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